[REC], encuentro de horrores | Letras Libres
artículo no publicado

[REC], encuentro de horrores

 

Entre el plagio y el homenaje yacen las películas meets (término que podría traducirse como “conoce a” o “se topa con”, si esto no sonara a que las películas salen por ahí a pasear). Su identidad es confusa y prestada; puede aburrir a muerte o ser un engendro raro y andar por el mundo enfrentando opiniones. Como Tropa de élite, de José Padilha, historias de sanguinarios pero incorruptibles policías brasileños, que ganó el Oso en Berlín pero fue llamada fascista en Brasil: Rambo se topa con Ciudad de Dios. La norma es ordinaria: la vida de las películas meets dura lo que se tarda en llegar la nostalgia por aquellas otras películas que, si no eran obras maestras, nos lo empiezan a parecer.

Este podría ser el caso de la película [REC] (como en record: grabar) de los españoles Jaume Balagueró y Paco Plaza: Tesis se topa con La noche de los muertos vivientes se topa con 28 días después se topa con El proyecto de la bruja de Blair. No mucho más que decir si no fuera porque el cine español ha demostrado una habilidad continua para reinventar el género de horror. [REC], en su contexto, es una mala excepción.

La cinta es el testimonio grabado de una historia que ya ocurrió. Desde su primera toma –el encuadre de una cámara de video– sigue a una pizpireta conductora de televisión que, junto con su camarógrafo, realiza un reportaje sobre un turno de noche en una estación de bomberos. Cuando estos, por fin, reciben una orden de salida, la conductora y su cámara se desplazan con ellos hacia el edificio donde ha sido reportada una situación extraña: los gritos de una vecina encerrada en su departamento. Lo que encuentran cuando derriban la puerta roza lo sobrenatural: una anciana semiencuerada y greñuda lanza mordidas a quien se le acerque, con la fuerza de un animal. Uno de los bomberos es herido de muerte y requiere ser trasladado. Demasiado tarde: la policía ha cercado el edificio e impide la salida de todo el que se encuentre dentro. Más adelante les dirá por qué: puede que sean portadores de un virus (el mismo que atacó a la anciana) que tarda distintos tiempos en manifestarse en cada organismo. Todos los mordidos acabarán por morder. Ante el horror progresivo, la conductora le pide a su cámara que no deje de grabar.

Entre histéricos y reflexivos, los personajes insisten en que “todo lo que pasa es muy raro” y en que “no se entiende nada de lo que pasa ahí”. Un par de pistas sobre los elementos que, además de los seres rabiosos, son vehículo de confusión:

1. El punto de vista de la bruja de Blair. No tanto por ser idéntico como por ser inútil (a menos de que su utilidad sea copiar, y entonces es muy efectivo). Usado con un propósito, libraba a los directores de aquel fenómeno/película de cumplir con las exigencias de un relato en tercera persona. En [REC], por el contrario, el personaje del camarógrafo es invisible e irrelevante para el espectador: daría lo mismo que fuera el operador de cámara de la película real. Esto dirige la atención hacia el encierro forzado dentro del edificio, y al hecho rarísimo de que se intuya que afuera existe un operativo de seguridad que ya envidiaría el Pentágono, pero montado minutos después de que llegara el carro de bomberos. Eso sí, planeado desde un día antes, cuando un veterinario reportó el “comportamiento extraño” de un perrito infectado proveniente de esa dirección.

2. El zombi del nuevo milenio. Sin dejar de reconocer la audacia que requiere fusionar el formato reality con uno de los motivos clásicos de la mitología de horror, [REC] también toma prestado de dos películas que trazan la evolución del género –La noche de los muertos vivientes (1968) y 28 días después (2002)– sin reparar en sus símbolos y perdiendo en comparación. El clásico de George A. Romero lo fue en función de un contexto: la imagen de una niña devorando a sus padres era más una postal de su época que una escena de terror. La segunda película, del inglés Danny Boyle, dedica menos tiempo a la aparición de seres rabiosos (en el sentido de furia: lo que han contraído es rage) que a exponer las circunstancias en las que podría surgir, a estas alturas de la ciencia –y de la ciencia ficción–, una epidemia de zombis y a describir las secuelas del contagio y la erradicación. El horror no lo generan los monstruos, sino el abandono y la desolación.

El pretexto que da [REC] para el brote del virus se revela en las últimas secuencias de la película, las únicas que ofrecen algo distinto que ver. ¿El verdadero espanto? Recién se filmó Quarantine, el remake estadounidense de [REC].~