La última carcajada de Cuarón | Letras Libres
artículo no publicado

La última carcajada de Cuarón

Cero y van dos. Primero el mundo se nos mostraba tan diverso como para tener a Woody Allen declarando que Amores perros le parecía una "obra maestra", y a un reputado crítico mexicano lamentándose por su falta de ritmo. Ahora, cuando en contra de las probabilidades Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, sigue los pasos de ésta en cuanto a internacionalización se refiere, la película se perfila como nueva bestia negra de la opinión especializada en México.
     Un paréntesis para diferenciar los casos: la primera exhibición nacional de la cinta de González Iñárritu ya estaba legitimada por el Gran Premio de la Semana de la Crítica en Cannes. Más allá de que ésta tuviera virtudes, no era extraño que la crítica mexicana, salvo excepciones, comulgara con los criterios del jurado francés. Cuando Y tu mamá también, por el contrario, partió de México sin más mérito que registrarse como la película nacional más taquillera de la historia —su primer pecado—, las plumas de nuestros críticos ya se habían entregado a plasmar lo que sus fieros empuñadores pensaban. Y lo que pensaban, más o menos, era que se trataba de una historieta infantil y vergonzante, protagonizada por adolescentes imbéciles y patológicamente lascivos, desfasada de la realidad nacional y moralina hasta sacar ronchas. Porky's a la mexicana, patrocinada en secreto por Bimbo.
     Algunos meses después, revistas y diarios extranjeros opusieron a estos términos otros un tanto distintos. La clásica The New Yorker, la canónica Sight and Sound (con un primer plano de Gael García en portada) y otras como Rolling Stone y Esquire, calificaron a Y tu mamá también como una de las películas más brillantes, introspectivas y artísticamente logradas del 2001. Elvis Mitchell, del periódico The New York Times, concluía su nota asegurando que el público abandonaría la sala habiendo visto algo inolvidable. Para Anthony Lane, veterano de The New Yorker y punzante hasta la crueldad, el tramo de adolescencia reconstruido por Cuarón contenía todos los elementos presentes en la vida humana. En prácticamente todas las reseñas, los protagonistas eran descritos como entrañables y dramáticamente vivos.
     Que la confianza en la apreciación doméstica se haya visto resquebrajada no es algo que en este país se tenga por una decepción. Tampoco los entusiasmos foráneos nacidos de una visión folclórica. Lo interesante, quizá, es que entre "adolescentes subnormales" y "personajes emblemáticos" hay una brecha de perspectiva que a) denota ceguera o corrupción en una de las partes, b) hace pensar que Cuarón distribuyó copias distintas o c) sugiere que el problema no empieza ni termina con la cinta, sino con los parámetros del análisis.
     La opción "a" es descartable porque los críticos que aquí se aluden, de uno y otro lado, ostentan prestigios de carrera larga. La "b" es un chiste malo en su nivel literal, aunque en el metafórico tiene algo de verdad. El punto "c" esclarece esta verdad: quizá los críticos ven cosas diferentes, porque los extranjeros se enfrentan a una película como cualquier otra, y los mexicanos, a una película mexicana. Y esto último, lo sabemos, lleva consigo fatigosas tareas, como especular si es subsidiada o no, averiguar si el director es discípulo de una vaca sagrada, o predecir  si el crítico del bando contrario va a escribir a favor o en contra.
     Esto nunca se expresa así, sino que toma la forma de agudos juicios cinematográficos. Tanto detractores como entusiastas de Y tu mamá también discuten sobre los mismos puntos: la procacidad del lenguaje —si es necesaria o efectista—, la celebración de la libertad sexual —si es honesta o contradictoria— y el tangencial tratamiento sociopolítico —si es superficial o fiel a una realidad donde los estratos coexisten sin tocarse.
     Para rebatirlos desde la misma lógica y señalar la fragilidad de los ataques, ayuda la observación que hace el crítico Paul Julian Smith, de la revista británica Sight and Sound: acusar a Y tu mamá también de crudeza o inmadurez, dice, es confundir el punto de vista de los personajes con los de la película misma. Siguiendo la premisa de Smith, creer que la cinta es adolescente porque los dos protagonistas son dibujados con los rasgos de la pubertad —la sobrecarga de testosterona y el lenguaje escatológico— equivale a pensar que Taxi Driver es una película condenable porque propone salir a limpiar la calle de indigentes y yonquis.
     Y no es que se necesite el argumento de un güero para aprender a pensar: tan primitivo es sentirse legitimado por los ojos de fuera, como rechazar sistemáticamente un tipo de cine mexicano que no se pretenda trascendente.
     Quienes hemos defendido la película desde un principio, lanzamos esta piedra sin culpa: si cada vez más la tarea del director mexicano será dar la espalda a los pretextos que le da México para hacer una cinta que explote la identidad, el crítico tendría que hacer lo propio y dejar de ver en cada cinta una metáfora fallida o lograda del país en transición, un modelo inspiracional para mejorar el léxico de nuestros adolescentes, y de especular sobre si el regreso al terruño de un director emigrado a Hollywood vuelve su película malinchista o patriotera o todo lo contrario.
     Cuando, hace algunas semanas, la radio bbc de Londres incluyó en su programación la entrevista telefónica con críticos mexicanos, para opinar sobre las producciones del país con criterios distintos a los anglosajones, el motivo de su decisión resonó por su sabiduría críptica, que no deja el beneficio de la duda sobre al final quién tenía razón. "Queremos críticos mexicanos", dijo la jefa de programación, "porque a la luz de su cinematografía reciente nos queda claro que saben de qué hablan". Solicitaba, sobra decirlo, una reseña esclarecedora de la película Y tu mamá también. -