Un muro que amenaza a la biodiversidad | Letras Libres
artículo no publicado

Un muro que amenaza a la biodiversidad

La biodiversidad no entiende de divisiones políticas y el daño que provocan los muros y los caminos a las especies de las zonas es enorme. El muro que Donald Trump insiste en construir será aún peor.

La biodiversidad no entiende de divisiones políticas. Y ese es un hecho al que se enfrentan científicos estadounidenses y mexicanos a raíz de la insistencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de continuar con el proyecto de construcción del muro que separa Estados Unidos de México. Se trata de un tramo de 3,200 kilómetros de longitud, de los que ya están construidos 1,050 kilómetros de barreras además de 8,000 kilómetros de caminos.

En octubre de 2018, científicos y científicas unieron sus voces para solicitar al gobierno de Estados Unidos que detenga o modifique su proyecto, mediante el artículo de opinión Naturaleza dividida, científicos unidos: muro Fronterizo entre la Frontera de Estados Unidos y México Amenaza a la Biodiversidad y a la Conservación Binacional, publicado en la revista BioScience por 18 autores científicos de ambos países, entre los que destacan personalidades internacionales como Edward O. Wilson y José K. Sarukhán, y lo respaldan 2556 científicos de todo el mundo.

Los especialistas señalan tres maneras en que la infraestructura del muro y sus operaciones de seguridad amenazan a la biota de la región: 1) el Departamento de Seguridad Nacional de EU puede ignorar leyes ambientales que impiden la construcción del muro; 2) el muro requiere de la modificación y fragmentación del hábitat de flora y fauna silvestres, además de que carece de análisis de impacto ambiental y de estrategias menos dañinas para la biodiversidad; y 3) la inversión en la conservación podría disminuir drásticamente, mientras que las colaboraciones binacionales y la investigación científica en la región se verían dañadas.

De acuerdo con ellos, el muro impactaría de forma negativa en cinco hotspots –sitios con una concentración excepcional de especies endémicas y en riesgo por pérdida de su hábitat–, varias áreas naturales protegidas y seis tipos de ecosistemas. Además, dividiría las poblaciones de 1,506 especies, de las cuales 62 se encuentran en alto riesgo de extinción, de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés). Uno de los efectos más relevantes es que el muro evitaría la conexión entre distintos fragmentos del paisaje natural y dejaría aisladas las poblaciones de las especies terrestres no voladoras y acuáticas ­–más de la cuarta parte de las especies– que habitan en la frontera, como el jaguar (Panthera onca) y el ocelote (Leopardus pardalis), lo que impediría la reproducción entre individuos de ambos lados del muro.

Tres especies en la lista presentada por los autores son el alicoche, el abejorro de Crotch y el berrendo sonorense. Sus casos ilustran la manera en que el muro amenaza su existencia:

Echinocereus chisoensis (alicoche o pitaya de Chisos)

Esta cactácea es endémica de la región del Big Bend, ubicada en el desierto chihuahuense entre los estados de Texas, Chihuahua y Coahuila. En 2011, la zona fue declarada un Área Natural de Interés Binacional, con lo que se fortaleció la relación de México con el estado de Texas y se incrementó la inversión en conservación.

E. chisoensis tiene una distribución muy limitada, es poco abundante y tiene requerimientos ecológicos muy particulares. Por ejemplo, solo habita en lechos secos de ríos, en desiertos y chaparrales. En sus primeros años de vida requiere del abrigo de otras plantas más grandes para sobrevivir. Además, sus flores necesitan de un polinizador muy específico, la abeja solitaria Diadasia rinconis, para producir frutos y semillas.

Debido a que es frecuentemente extraída de su hábitat de forma ilegal, a la fragmentación y modificación de su hábitat y a la presencia de plantas invasoras, esta cactácea se encuentra amenazada o en peligro de extinción. Desde 1988 fue incluida en las listas de las instituciones más importantes de protección de especies en EU. En 2010 se contabilizaron menos de 1,500 individuos y sus amenazas no han cesado.

La apertura de caminos y construcción de senderos que requiere el muro va a disminuir y modificar su hábitat, lo cual podría causar un nuevo declive de las poblaciones de este alicoche y lo pondría más cerca de la extinción.

Bombus crotchii (abejorro de Crotch)

El abejorro Bombus crotchii es una especie con alto riesgo de desaparecer. Está categorizado como ‘En peligro de extinción’ en las listas de la IUCN.  Su distribución está restringida a las zonas de pastizales y matorrales desde el este de California hasta El Progreso, Sierra de Juárez, en Baja California. En particular, su hábitat en la zona aledaña al muro es reconocido como un hotspot de conservación de la biodiversidad.

Una parte importante de su hábitat en ambos lados de la frontera ha sido modificada por la intensificación de la agricultura extensiva y la rápida urbanización. La especie sufre, además, por las consecuencias del cambio climático y el uso exagerado de pesticidas, así como una intensa competencia con la abeja europea, Apis mellifera. En los últimos 20 años, sus poblaciones, ya de por sí pequeñas, se han reducido en 67%.

Estos abejorros son insectos sociales que viven en colonias y construyen nidos subterráneos. Son importantes elementos de los ecosistemas naturales por su función como polinizadores de plantas nativas y de cultivo, tales como la alfalfa y la salvia. Es probable que todas sus amenazas se incrementen con el muro, ya que su hábitat se podría reducir nuevamente y sus poblaciones podrían quedar aún más fragmentadas.

Antilocapra americana sonoriensis (berrendo sonorense)

Esta especie de herbívoro, similar a un ciervo o un antílope, es endémico de Norteamérica. La variedad única Antilocapra americana sonoriensis está conformada por una población menor a los 1,000 individuos que viven aislados en el Gran Desierto de Altar, en la franja fronteriza entre Sonora y Arizona, así como en varios ranchos de Chihuahua. Durante los siglos XIX y XX solía distribuirse ampliamente, pero fue casi eliminada por el incremento de la minería y la agricultura en su hábitat, y debido a la cacería furtiva.

El berrendo sonorense habita en grandes planicies, laderas, mesetas y amplios cauces de ríos. Consume hierbas, arbustos, cactus y pastos. Puede sobrevivir largos periodos bebiendo solo rocío y la humedad de las plantas que consume. Suele ser presa importante de coyotes, pumas, gatos monteses y águilas reales, por lo que es un elemento importante de la cadena trófica. Además, a este pequeño herbívoro se le considera un ‘sembrador’ porque entre sus huellas va dejando las semillas de las plantas que lo alimentaron, junto con abono (excretas y orina). Un tiempo después estas semillas germinan y las hierbas y arbustos vuelven a crecer ahí por donde el berrendo se fue abriendo paso.

La Norma Oficial Mexicana NOM-059-semarnat-2010 y la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), señalan a esta especie como en peligro de extinción. El interés por la conservación de esta especie ha permitido varias colaboraciones entre el gobierno del estado de Sonora, el Departamento de Caza y Pesca de Arizona y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. En 2017, se llevó a cabo una colaboración binacional para el censo aéreo del berrendo sonorense, aunque los resultados todavía no han sido publicados.

Las principales amenazas que enfrenta esta especie son la caza furtiva, las sequías y la depredación. Su vulnerabilidad aumenta con la instalación inadecuada de cercas de púas y alambres en su hábitat, porque reducen su movilidad, velocidad y rutas de escape. Sin duda, la construcción del muro en la zona fronteriza de Sonora con Arizona representa una amenaza seria para la especie ya que divide a las poblaciones que de por sí ya son pequeñas y disminuye sus estrategias de escape de depredadores.

Por una biodiversidad sin muros

Es claro que el muro fronterizo tendría un fuerte impacto negativo en la biota de la región. Los científicos recomiendan que ese proyecto considere las acciones de conservación y mitigación que marcan las leyes ambientales de Estados Unidos; que se realicen tareas de identificación de especies, hábitats y recursos ecológicos amenazados por la infraestructura del muro; y que existan jornadas de entrenamiento de agentes fronterizos para que puedan identificar a los investigadores que trabajan en la región. En su artículo, los autores también señalan que se requiere del reconocimiento y priorización del valor ecológico de la zona por parte del gobierno de Estados Unidos, así como de la conservación del valor económico, político y cultural de esa zona.

Por el momento, el gobierno estadounidense ha evitado la destrucción de dos centros de investigación y educación ambiental, National Butterfly Center y Bentsen State Park, adyacentes a la línea fronteriza, después de que en la versión original del proyecto estaba planeado eliminarlos. Entonces podríamos albergar alguna esperanza de que la naturaleza no sea dividida por este muro. Sin duda, los científicos requieren de todo el apoyo posible, incluyendo el del gobierno mexicano, para que sus argumentos en contra del muro sean finalmente escuchados.