También en México debemos preocuparnos por el estado de los bosques | Letras Libres
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También en México debemos preocuparnos por el estado de los bosques

Si bien los incendios que desde hace semanas devastan la selva del Amazonas son preocupantes por su dimensión y por la cascada de efectos que pueden tener a nivel global, perder ecosistemas en cualquier otro lugar también intensifica la crisis climática que estamos viviendo. La situación en México no da espacio para la tranquilidad.

Los desastres ambientales son noticia desde hace décadas. Ciclones, sequías, inundaciones, deshielo, incendios y deforestación afectan la estabilidad del planeta como lo conocemos. En las últimas semanas, personas de todo el mundo han visto con especial preocupación los incendios forestales que consumen la selva del Amazonas, una catástrofe que tiene consecuencias imponderables a escala global. Además de la pérdida de más de un millón de especies, la quema del Amazonas tendría graves efectos en los patrones de clima globales, por ejemplo, la intensificación del efecto invernadero, que causaría un mayor aumento en la temperatura, o la alteración del ciclo del agua, que reduce el suministro del líquido en los ríos de los Andes y en los glaciares del polo sur. Estas consecuencias serían, a su vez, la causa de otros desastres. Ninguna catástrofe está confinada al lugar donde ocurre, ningún lugar del mundo está exento de sus efectos. La muerte del glaciar en Islandia, las sequías en India, la deforestación en Tailandia son parte de los procesos de la crisis climática que enfrentamos.

México se encuentra entre los cinco países con mayor diversidad de especies y de ecosistemas. Tenemos alrededor de treinta mil especies de plantas y de cuatrocientas mil de insectos; en conjunto, las especies de animales, hongos, y plantas de México representan 12% del total de especies del mundo. La gran diversidad de ecosistemas es producto de la variedad de paisajes, ambientes y procesos biológicos y culturales de cada región. En México existen diez tipos de vegetación principales. Los bosques templados, localizados en las montañas, ocupan la mayor parte del territorio nacional, mientras que el bosque de niebla cubre solo el 1%, pero alberga el 12% de las especies de plantas del país. Otros son los bosques secos estacionales cercanos a la costa, los matorrales del norte, las selvas húmedas en el sur, entre otros. La enorme biodiversidad de nuestro país es un privilegio, pero también un reto para la conservación. Debido a la heterogeneidad cultural, social y ecológica de nuestro país, son necesarias estrategias complejas de manejo y protección.

El modelo convencional de conservación en México consiste en decretar áreas naturales protegidas (ANP). Los bosques en estado relativamente conservado cubren alrededor de 34 millones de hectáreas, de las cuales sólo el 12% se encuentran protegidas. Es difícil conocer con certeza la condición de los bosques en esas áreas. Se estima que se pierden miles de hectáreas de bosques dentro de ANP, y que casi el 100% de las ANP municipales están deterioradas, mientras que las que están bajo jurisdicción federal y estatal suelen ser más efectivas. En otras palabras, los bosques, protegidos o no, se encuentran en diversos estados de deforestación, deterioro, fragmentación o cambio de uso de suelo. El gobierno debe reforzar las medidas de protección. Lejos de esto, en 2013, por mencionar un ejemplo, se cambió la categoría de protección del Nevado de Toluca, lo que implicó reglas más permisivas sobre el uso de los recursos forestales en detrimento de la conservación del ecosistema y el bienestar social. En 2019 se recortaron los recursos económicos para las brigadas contra incendios, aun cuando en México se registran 7 mil incendios al año. Incrementar recursos económicos para programas de inventario, monitoreo, restauración y mitigación de riesgos es fundamental para la conservación de los ecosistemas.

Las comunidades y territorios indígenas son indispensables para la conservación de la biodiversidad y el aporte de servicios ambientales en todo el país. Más del 80% de los ecosistemas del país pertenece a comunidades indígenas. En territorios indígenas se capta el 22% de toda el agua del país, y se encuentran la mitad de las selvas húmedas y de los bosques de niebla y la cuarta parte de los bosques templados. La estrecha relación entre los pueblos originarios y la biodiversidad requiere estrategias compatibles con el aprovechamiento de los recursos forestales para bienestar de sus pobladores y la conservación del patrimonio natural y de servicios ambientales. En Oaxaca se ha logrado crear diversas áreas protegidas comunitarias en las que se realizan actividades productivas al mismo tiempo que se mantienen los bosques. La mayoría de los pueblos originarios resguardan sus ecosistemas e incluso algunos de ellos han muerto defendiéndolos. Y aun cuando las comunidades indígenas hacen uso de los recursos forestales, nunca lo han hecho con la intensidad a los que nos enfrentamos actualmente. Ignorar esta estrategia y marginar a los pueblos originarios propicia la pérdida o deterioro de los recursos naturales.

El mayor riesgo que enfrentan los ecosistemas del mundo es el modelo extractivista. El cambio de uso de suelo para ganadería y agricultura es la principal causa de deforestación mundial. Otras causas son la fragmentación, la sobreexplotación de recursos forestales, la tala ilegal, los cultivos ilegales, la concesión de la tierra para construir hidroeléctricas, o para actividades industriales y mineras. Lo anterior, sin dejar de mencionar la presión que el consumo ejerce sobre los recursos naturales, ni sus repercusiones, como la generación de desechos y contaminantes.

México ocupa uno de los primeros lugares en tasas de deforestación en el mundo; cada año perdemos alrededor de un millón de hectáreas de bosques. Aunque prácticamente todos los estados del país presentan cierto grado de deforestación, Chiapas, Durango, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Oaxaca y Veracruz son zonas críticas. La deforestación no significa únicamente perder árboles. Con ella perdemos servicios ambientales esenciales para la vida diaria, como la regulación del ciclo hidrológico. Por ejemplo, en la Zona Metropolitana del Valle de México, la tala en bosques circundantes afecta el suministro de agua en la ciudad, reduciendo las lluvias y aumentando la temperatura. Mientras que en el norte del país se intensifican las sequías, en las zonas montañosas se incrementan los deslaves e inundaciones. La regulación de la temperatura, el mantenimiento de suelos fértiles y el acceso a productos como alimentos, medicinas y madera son otros de los servicios que brindan los bosques.

El caso del Amazonas es especialmente preocupante por su dimensión. Sin embargo, perder ecosistemas en México, o en cualquier otro lugar, intensifica la crisis climática que estamos viviendo. Es necesario que todos hagamos cambios hacia prácticas más sustentables, especialmente en nuestros hábitos de consumo y desecho. Pero las catástrofes de gran escala, requieren mayores acciones. Infórmate sobre la investigación científica en ecosistemas. Apoya organizaciones ambientales que defienden los bosques. Únete a brigadas de reforestación en tu ciudad. Elige representantes con agendas ambientales y exige acciones más concretas y drásticas. La acción conjunta de ciudadanos, académicos, organizaciones, tomadores de decisiones, propietarios de tierras, y gobierno puede tener un efecto positivo significativo en la conservación de los ecosistemas del mundo.  El paradigma de la naturaleza como generadora de riqueza debe cambiar. La conservación de ecosistemas es necesaria para la sobrevivencia y bienestar de la humanidad.