Notas de un enfermero: Otras voces | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Castelan Cruz Ricardo/Abaca via ZUMA Press

Notas de un enfermero: Otras voces

Los testimonios de algunas enfermeras describen sus miedos, motivos de orgullo y esperanzas frente a la pandemia.

El hospital donde trabajo se ha mantenido relativamente a salvo dentro de la pandemia. Hemos recibido pacientes graves con covid-19, que entran para que se les practique un cateterismo cardiaco o algún otro procedimiento, pero después de su intervención vuelven al hospital donde están recibiendo atención.

Pero, como se sabe, la situación no es la misma en otros hospitales. Por eso, hice algunas entrevistas a compañeras enfermeras de otras unidades.

Una de ellas, a la que identificaré como Karen, dice que su experiencia al atender pacientes con covid-19 es de miedo, porque “el equipo de protección personal te quema y asfixia, además de que no puedes oír bien y que con el tiempo vas perdiendo visibilidad cuando se empañan los gogles. Trabajar bajo ese riesgo de puncionarte o caerte, de hacer algo mal que perjudique tanto al paciente como a ti, es horrible”. Otra de ellas, a la que llamaré Carmen, describe que “ha sido muy triste ver cómo los pacientes están sufriendo, el darse cuenta que a pesar de la ayuda, el cuidado y la atención, no es suficiente para salvar su vida. Dar todo para que ellos estén bien y darse cuenta que horas más tarde ya no están con nosotros”. Paloma, otra de las compañeras a las que entrevisté, me cuenta que “algunos pacientes presienten ese momento, y el miedo a morir les genera mucha angustia. Muchas veces se han ido tan rápida o repentinamente que ni nosotros hemos podido estar ahí para acompañarlos en el último momento de su vida; sus familias se quedan sin ser capaces de cerrar ese ciclo, sin despedirse. Realmente no sé cómo procesar toda esta situación”.

Para Sonia, “en un inicio era complejo porque todo era desconocido de esta enfermedad”, pero “con el tiempo y la práctica de estar frente a la covid una toma fuerza, conocimiento y conoce hasta dónde puedes llegar a resistir el temor”.

Karen dice que lo más difícil de atender a los pacientes de covid es “la falta de material idóneo para atenderlos, que provoca que algunos de los procedimientos no se realicen como debe de ser”. En eso concuerda Ofelia, que me dice que “lo más triste es que no puedes ofrecer mucho a tus pacientes, pues en mi unidad no hay medicamentos y menos insumos” y señala el problema que representa “la falta de empatía por parte de las autoridades hacia el personal de salud”.

Además del agotamiento físico, estar en la línea de frente tiene saldos emocionales. Carmen cuenta que “en mi trayectoria como enfermera nunca pensé enfrentarme a esta situación, el ver morir tanta gente sin más ni más, el que ellos estén conscientes y vivan su agonía, solos, sin su familia, solo con el acompañamiento de nosotros, el personal de salud. Eso me derrumba”. Sonia dice que “hay agotamiento acumulado en un entorno de muchas emociones fuertes”, y Karina admite que a menudo le dan ganas de llorar por el cansancio, el miedo y la angustia. Paloma concuerda: “me he vuelto más lábil a algunas situaciones, lloro con más facilidad, me enojo muy rápido, me da insomnio ocasionalmente”, y considera que “sería importante canalizar estas emociones”. Ofelia, por su parte, dice no sentir miedo, pues el miedo “te paraliza”, pero “sí respeto a contagiarme, porque la vida es tan frágil que se puede ir en un abrir y cerrar de ojos”.

La batalla no se da solo en el hospital: al llegar a casa comienza otra lucha, la de las secuelas emocionales, que se da en soledad, en la intimidad de cada uno, en la regadera, en la almohada.

Si para todas mis compañeras la mayor alegría es llegar a casa, también coinciden en que su mayor temor es contagiarse y contagiar a sus seres queridos. Por eso, hay un mensaje para la sociedad que repiten enfáticamente: “que se cuiden, que valoren lo que tienen”, dice Karina. Por su parte, Sonia es más severa: “les diría que cada uno contribuyera de la mejor manera posible por un bienestar personal y social, que seamos más conscientes y menos egoístas, ya que no todos tenemos el mismo acceso a un sistema de salud”. Aunque, como agrega Carmen, “creo que no me hacen caso”. Ofelia añade unas palabras de optimismo: “las tormentas no duran para siempre, existirá un mejor mañana donde habrá una vacuna para controlar este virus”.

El esfuerzo que el personal de enfermería está haciendo en hospitales en todo México es vital. Y lo hacen con orgullo. Paloma dice que le da alegría “ser parte importante de este proceso, la satisfacción que me da saber que desde mi trinchera estoy haciendo las cosas con todo el corazón, que estoy trabajando hombro a hombro con mis colegas para que los pacientes sobrevivan”.

Es el cuidado de las enfermeras el que sustenta la recuperación de los pacientes, son las manos en que se deposita este cuidado que se da desde el nacimiento de una persona, hasta el último día de su muerte. Sin este cuidado, sin un trabajo en equipo, el trabajo del médico pierde sentido. Pienso que es muy importante que quede registro de estas experiencias, de estas memorias que fundarán una nueva forma de ver el cuidado y que aportarán conocimientos que ayudarán a que esta profesión sea más valorada en este presente.