El maltrato en las residencias médicas no es normal | Letras Libres
artículo no publicado
Imagen: Escena del documental "Resiste Residente".

El maltrato en las residencias médicas no es normal

El abuso y la explotación contra los residentes médicos son comunes en el sistema de salud mexicano. Un documental reciente arroja luz sobre un problema conocido cuya solución no es obvia.

“¡Pues me meé encima!, ¿qué iba hacer?”. Así era como Manuel, entre carcajadas, solía terminar su anécdota sobre una de las tantas veces en que fue empujado a trabajar al límite durante su residencia médica. Su risa siempre me desconcertaba, y alguna vez en privado me dijo que ese tiempo lo recordaba como su “estancia temporal en el purgatorio”. “Pero así es el sistema”, me decía resignado. Lo único que se puede hacer es romper el círculo que marca que “el que a palo aprende, a palo enseña”.

He pensado mucho en sus palabras a raíz del tráiler de Resiste Residente, un documental que explora la salud mental y el papel de los residentes médicos en el sistema de salud mexicano. Dado que aún no puede verse en ninguna plataforma o sala de cine (porque está haciendo su recorrido por festivales), charlé con Sebastián Prida, Santiago Pérez, Carlos Mendoza y Alonso Rodríguez, que forman el equipo multidisciplinario que integra Medu y que ideó y realizó el documental.

Medu, me cuenta Sebastián, director de la empresa y médico de formación, es una plataforma digital, gratuita, enfocada en la actualización médica continua. Hoy día cuenta con 21,000 suscriptores en toda América Latina y ofrece cursos, cirugías en video y artículos científicos revisados por pares. Pero además busca poner en evidencia temas del sector salud que no pueden seguir soslayándose, como la salud mental de los profesionales de la salud. Así nació Resiste Residente, que pone el dedo en el tema de la salud mental de quienes cursan una residencia médica.

 

En 2018, entrevistas a 143 residentes médicos en el Estado de México arrojaron que:

  • 84% de los residentes habían sufrido maltrato psicológico (humillaciones en el 78%), académico (guardias de castigo en 50% y negación de la enseñanza en 40%) y físico (16% recibieron golpes, 35% fueron privados de alimentación y 21% de ir al baño durante sus guardias).
  • Los maltratos psicológicos y físicos fueron más frecuentes en especialidades quirúrgicas que médicas. Como consecuencia de los maltratos, el 89% de los residentes reportaron burnout; 71% depresión; 78% ansiedad y 58% mala atención a sus pacientes.
  • Los principales responsables de los maltratos fueron residentes de jerarquía superior y médicos de base.

 

Santiago, cineasta y miembro del equipo creativo de Medu, me cuenta que durante las filmaciones de las cirugías –parte de los recursos pedagógicos que ofrece la plataforma– se dieron cuenta muy rápido del tema de las jerarquías y la violencia. Incluso dentro de los quirófanos “no falta el médico que le da un manotazo o un pinzazo a los residentes o a las enfermeras”. “Yo vengo del cine y ahí también hay jerarquías durante las producciones, pero nunca me tocó ver una violencia tan explícita como en la medicina”, agrega.

Pero además de la violencia, interviene Carlos, productor y realizador audiovisual, sorprendió lo normalizadas que están no solo las agresiones, sino las jornadas extenuantes: “vienes de pos-guardia, llevas 36 horas sin dormir y ¡te parece normal!

Esto a pesar de que hay una Norma Oficial Mexicana NOM-001-SSA3-2012 de Educación en salud. Para la organización y funcionamiento de residencias médicas.

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No es normal, y Resiste Residente parte de esa premisa y busca iniciar esa conversación”.

Alonso, parte del equipo creativo de Medu, trae a la charla lo recurrente que es el problema. “Entrevistamos médicos que hicieron su residencia hace años y te cuentan historias similares de abuso. Es un problema circular: eres residente y te acosan, pero cuando a ti te toca tener residentes a tu cargo, repites el patrón”.

El problema es tan obvio, coinciden todos, que uno pensaría que la solución debería ser igualmente obvia. No lo es. Hay muchos actores (autoridades, facultades, escuelas, médicos, residentes) involucrados, y las responsabilidades de cada uno no están del todo claras.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Médicos en Formación 2021, “durante su formación, estos estudiantes de medicina y enfermería adquieren responsabilidades y obligaciones similares a las de un empleado promedio. No obstante, fungiendo como pasantes, en la mayoría de los casos el alumnado enfrenta condiciones precarias en las que desarrollan sus actividades y abusos por parte de autoridades –por ejemplo, guardias superiores a las 8 horas con retribuciones bajas y atrasadas. Esto sucede en parte porque las instituciones universitarias son las responsables de jure, pero las unidades de atención médica son los encargados de facto, dejando en un vacío a estos estudiantes frente a posibles vulneraciones a sus derechos”.

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Al documental invitaron a distintas autoridades del sector salud; muchas declinaron por cuestiones de agenda o geográficas. Pero encontraron un enorme eco entre los residentes y estudiantes de medicina. “Nos dimos cuenta de que es un tema que necesita hablarse. Muchos quieren contar su experiencia y saber cómo pueden ser parte de la solución para los residentes que vienen. Nos pusimos en contacto con los integrantes del Colectivo de Médicos en Formación para explorar cómo mantener viva esta conversación, y desde Medu empezamos a hacer webinars para abordar en detalles algunos aspectos del problema”.

 

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Médicos en Formación 2021, realizada por el Colectivo de Médicos en Formación:

  • 40.2% del alumnado dijo haberse sentido acosado sexualmente durante su formación médica. Del total que reporta acoso, 68% son mujeres y 32% hombres.
    • 40.5% reporta haber sufrido algún tipo de agravio a su persona en la universidad y campo clínico.
  • 54.3% de los encuestados comunican no saber a qué autoridades dirigirse para atender cualquier situación de violencia.
  • Resalta que un 53.8% del estudiantado no conoce si dentro de su universidad existe algún tipo de protocolo para atender el acoso y violencia. Por otro lado, el 26% asegura la existencia de protocolos dentro de su facultad y el 20.2% reporta que no existe algún tipo de mecanismo institucional que atienda esta problemática.

 

En 1978 Stephen Bergman escribió, bajo el pseudónimo de Samuel Shem, La casa de Dios, novela en la que narra, en clave de ficción, su año como residente en el hospital Harvard Beth Israel. El libro muestra un trato deshumanizado a los residentes –y a los pacientes, dicho sea de paso–, y la constante es el estrés acumulado, la fatiga y la impotencia de ser un pasante médico. (También es un libro sumamente sexista y clasista, y su defensa, esgrimida desde la sátira, ha sido largamente discutida: acá, acá y acá. Pero esa discusión da para otro post). Shem ha dicho que La casa de Dios puede ser leída como una “ficción de la resistencia” y que la escribió como una manera de denunciar y resistirse ante las injusticias del sistema de educación médica.

Cuarenta y tres años después la novela se mantiene vigente, quizá no tanto por sus atributos literarios sino porque las terribles condiciones en las que los médicos pasantes deben hacer su trabajo persisten. Le pregunto al equipo de Medu por qué decidieron acercarse a este problema desde la mirada del cine. Todos coinciden en que lo que buscan es generar una nueva sensibilidad respecto al problema de abuso y maltrato de los residentes, generar empatía y buscar conectar a todos los actores involucrados. Estar conectados. ¿No es esa la esencia de la atención médica y la vida?

 

P.d. Manuel murió de cáncer de colón antes de que tuviera la oportunidad de recibir a sus primeros residentes. Me gusta pensar que él hubiera contribuido a romper el ciclo.