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El internet nacional de Rusia amenaza el internet global

Los esfuerzos de Rusia por crear una red cibernética que pueda aislarse de la red mundial es una prueba de su compromiso con la soberanía tecnológica.

Durante el año pasado el gobierno ruso ha hablado extensamente sobre establecer un internet nacional. De acuerdo con abogados y miembros del Kremlin, la idea es tener una red que se encuentre bajo estricto control del Estado, y que pueda ser completamente desconectada de la red global.

Rusia planeó ejecutar una llamada “prueba de desconexión” en algún momento del mes de octubre, justo antes del 1 de noviembre, fecha en que entró en vigor una nueva ley acerca del internet nacional. En adelante, Rusia planea repetir esta prueba por lo menos una vez al año. Lo que para algunos es una fantasía ahora está más cerca de la realidad, con implicaciones importantes para la seguridad cibernética del mundo y lo que pudiera ocurrir en Rusia como resultado.

A manera de contexto histórico: en febrero pasado se presentó un proyecto de ley en el Parlamento ruso destinado a hacer realidad la idea largamente debatida de un internet nacional. Este proyecto pasó por revisiones subsecuentes, aunque la esencia de la propuesta se ha conservado: conceder al Roskomnadzor, el organismo ruso que regula internet, facultades más amplias y profundas de supervisión regulatoria. (En marzo pasado, Robert Morgus y yo escribimos que esta “RuNet” no era una idea nueva, y que Rusia enfrentará muchos desafíos técnicos y políticos en el futuro.) Antes de la firma de la propuesta había rumores de una “prueba de desconexión” programada para el 1 de abril. Si bien esto no sucedió, el presidente ruso  Vladimir Putin firmó en mayo la ley que entró en vigor el 1 de noviembre. Desde entonces, había habido pocas noticias sobre la RuNet, hasta hace poco, cuando quedó claro que el gobierno ruso ha estado ocupado desde que la ley se aprobó. 

En primer lugar, “se está instalando equipo en las redes de los principales operadores de telecomunicación”, según explicó a los reporteros Alexander Zharov, jefe del Roskomnadzor. Según dijo, las pruebas se llevarán a cabo “con gran cuidado” con el fin de garantizar que no se afecte el flujo de datos y los servidores. Posteriormente se iniciarán pruebas en “modo combate”. No queda claro qué significa “modo combate”, pero se supone que se trata de una estrategia cercana al aislamiento total de la RuNet (por lo menos en la teoría), tal vez en respuesta a una emergencia.

Asimismo, el gobierno ruso supuestamente ha comenzado a efectuar inspecciones profundas de paquetes (dpi, deep packet inspection), una técnica de filtración en Internet más sofisticada que comenzó a ensayar el año pasado. Como ha reportado el canal de noticias independiente ruso Meduza, estas medidas podrían estar relacionadas con los repetidos –y en general infructuosos– que ha hecho el gobierno ruso para impedir el uso de la aplicación de mensajería encriptada Telegram. Las técnicas de filtración que había estado utilizando el gobierno carecían de la precisión suficiente, por lo que, mediante soluciones alternas de la aplicación los usuarios rusos pueden evadir mecanismos de censura.

Pero el despliegue de estrategias de inspección profunda de paquetes tiene propósitos más amplios que simplemente bloquear los servicios de mensajería encriptados. La inspección profunda de paquetes es una poderosa herramienta para filtración de internet en general –por ejemplo, China la utiliza como parte de su Gran Muralla Cortafuegos (Great Firewall). Dado que tener un mayor control del flujo de datos que entran y salen de Rusia por medio de internet es esencial para la estrategia de una red nacional en Rusia, el uso de DPI es importante para la meta de la RuNet.

También se están efectuando otros esfuerzos normativos, como la medida para exigir a Facebook y Twitter que guarden los datos de usuarios rusos dentro de las fronteras rusas para final de año. Esta práctica de almacenar ciertos datos localmente –llamada recopilación local de datos– se puede emplear por una variedad de razones, desde la reducción de costos (resulta menos costoso recopilar ciertos datos en cierto lugar) hasta la protección de la privacidad (interés en mantener los datos alejados de ojos extranjeros). Pero el gobierno ruso se ha centrado particularmente en exigir la localización de datos a empresas extranjeras, supuestamente para tener acceso a las comunicaciones encriptadas. Por ejemplo, el Roskomnadzor ha presionado a Apple para que almacene localmente ciertos tipos de datos, y el gobierno ha aprobado reglas para obligar a las compañías a almacenar los datos de usuarios y claves de encriptación en determinados sitios. Esta medida reciente, impuesta a Facebook y Twitter es una continuación de la batalla que se ha dado durante todo este año.

Con todos estos cambios, y otros aún no reportados que presumiblemente han ocurrido desde mayo, es muy probable que la prueba de desconexión del internet ruso se efectúe en un futuro cercano. Hay varios motivos en juego detrás de esta lucha por un internet nacional, entre los que se encuentran un deseo creciente por parte de muchos gobiernos autoritarios, de ejercer una mayor soberanía sobre el internet dentro de sus fronteras; temores del Kremlin, particularmente por parte de Putin, acerca del flujo libre de información y su potencial para socavar la estabilidad del régimen; reacciones del gobierno ruso ante la estrategia cibernética del Departamento de Defensa de Estados Unidos llamada “defend forward” (defensa anticipada), que implica mayor acción militar por parte del ejército de Estados Unidos para evitar ataques cibernéticos y detenerlos en un punto más cercano a su origen; así como el deseo de justificar las prácticas como la censura, inspección y control más estrictos del internet bajo el argumento de que Rusia enfrenta una embestida constante de información y ataques cibernéticos de potencias extranjeras. Todos estos factores hacen poco probable que Rusia vaya a abandonar su lucha por tener una red nacional en el futuro próximo.

El gobierno ruso, al igual que muchos otros en la actualidad, está cada vez más preocupado por la dependencia en tecnologías de información extranjeras. En este sentido, su lucha por una mayor autonomía en la cadena de suministro podría incluir reducir el uso que hace la sociedad rusa del internet global. Hay en juego conceptos distintos de lo que se entiende por “seguridad de la información”, que en el Occidente significa la protección técnica del código binario, pero que tiene implicaciones culturales mayores en Rusia, si se considera su larga historia de control de los medios, como la televisión y el Internet, por parte del Estado. La retórica de un “internet global y abierto” promovida por muchas democracias liberales se percibe de una manera muy diferente en el gobierno ruso debido a los distintos valores y objetivos estratégicos, pero también a causa de las diferencias culturales. Esto tampoco tiene muchas probabilidades de cambiar en el futuro próximo. 

A medida que se intensifica la confrontación tecnológica entre Estados Unidos y China, es importante no descuidar a otros países –en este caso, Rusia– y la forma en que se integran a la cooperación y competencia global por las tecnologías digitales y su reglamentación. Por ejemplo, el gobierno ruso se encuentra en el proceso de diseño de una estrategia de inteligencia artificial y la cooperación entre China y Rusia continúa profundizándose en los ámbitos económico, militar y tecnológico. Por lo tanto, probar un internet nacional no es solo otro paso hacia una meta práctica –un onternet nacional controlado y con posibilidades de aislarse–, también demuestra el compromiso de Rusia hacia la soberanía tecnológica, especialmente ante el Occidente.

Por todas estas razones, las implicaciones –a diferencia de la RuNet– difícilmente se limitan a las fronteras rusas. Los rusos pueden estar promoviendo una fragmentación de Internet más profunda que nunca, y sus acciones pueden inspirar a otros a seguirles. También se han señalado las implicaciones para los derechos humanos, así como para los negocios interesados en operar en el mercado ruso y que ya están enfrentando desafíos normativos, como el almacenamiento obligatorio de ciertos datos dentro de las fronteras de Rusia.

Sin duda alguna Rusia enfrentará inconvenientes en su lucha para crear un internet nacional. Después de todo, la implementación técnica de un proyecto así presenta dificultades para cualquier país. Sin embargo, a medida que desarrolla su capacidad para una prueba de desconexión de internet, ello podría marcar un momento de gran trascendencia en la historia de la red que una vez llamamos verdaderamente global.

 

Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de SlateNew America, y Arizona State University.

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