El altruismo científico de Guillermo Soberón | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: El Colegio Nacional

El altruismo científico de Guillermo Soberón

Como impulsor de la Fundación Mexicana para la Salud, la Comisión Nacional de Bioética y el Consejo Consultivo de Ciencias, entre otras muchas cosas, Guillermo Soberón trascendió en beneficio de la sociedad en que vivió.

La verdadera generosidad hacia el futuro es dárselo todo al presente.
Albert Camus

 

A Guillermo, mi maestro y amigo, se le puede definir con una sola palabra: generosidad. Esa rara cualidad que presupone grandeza de alma, olvido de sí mismo; ocuparse de los otros, sin preocuparse del interés personal.

Hace ya muchos años, al contestar mi discurso de ingreso al Colegio Nacional, el doctor Soberón dijo: “Mucho habríamos de ganar todos si entendiéramos cabalmente el cometido que nos corresponde, en el tiempo que nos toca actuar y en el determinado ámbito en el que nos movemos. Esta reflexión nos tiene que llevar a tratar de trascender en beneficio de la sociedad a la que servimos”. ¡Y vaya que él logró trascender en nuestro país!

Ante su ausencia, nunca suficientemente lamentada, habrá muchos amigos y discípulos que describan sus contribuciones al mejoramiento de la educación superior, en su papel de rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Habrá también quienes destaquen los innegables avances en favor del bienestar del país, cuando encabezó la Secretaría de Salud. Pero a todo ello hay que sumar, cuando menos, otras tres trascendentes actividades suyas.

En 1985, reunió a un grupo de cien empresarios para establecer la Fundación Mexicana para la Salud. Los notables estudios sobre la economía y las políticas de la salud sirvieron de inspiración, en administraciones anteriores, para la puesta en marcha de políticas de avanzada en la materia, como las Cuentas Nacionales de Salud que estimaban por primera vez cuánto costaba la atención de la salud en México, y el absurdamente destruido Seguro Popular. Hoy, la institución goza de buena salud, como aliada estratégica en la reconversión hospitalaria para la atención de pacientes de covid-19.

Con Soberón se formaron especialistas que destacaron en el ámbito de la salud, tanto en la academia como en la administración pública, como Julio Frenk, Rafael Lozano, Octavio Gómez Dantés y Adolfo Martínez Valle.  

A partir de 2004, Guillermo Soberón dio nueva vida y alcances internacionales a la Comisión Nacional de Bioética, órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud, donde promovió la creación de las comisiones estatales de bioética, los comités hospitalarios de bioética y los comités de ética en investigación en instituciones científicas. Después, la Comisión ha tenido una actuación discreta. Hoy en día, un legado sólido es su moderno edificio, construido por el doctor Soberón.

En 1994 fue nombrado coordinador del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República. Durante años, sobre todo cuando Soberón estaba a cargo, el Consejo fue el órgano asesor para aspectos relativos a la planeación nacional y a la formulación de políticas y programas para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. El Consejo, integrado por el centenar de premios nacionales de ciencias que participaban a título honorífico, realizó importantes estudios de prospectiva y fungió como un órgano de la voz de los investigadores, independendiente de las veleidades políticas. Entre las actividades del Consejo Consultivo de Ciencias estaba la coordinación del premio de ciencia y tecnología más importante del área iberoamericana y del Caribe: el Premio México de Ciencia y Tecnología de la Presidencia. El Consejo fue minimizado por la administración anterior, y hoy en día es sólo un patético apéndice del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Al final de la respuesta que el doctor Soberón dio a mi conferencia de ingreso al Colegio Nacional, recordó a Cervantes: “El camino es siempre mejor que la posada”. A lo largo de su camino, Guillermo fue construyendo instituciones, siempre para bien de los demás.