Copenhague, la leyenda | Letras Libres
artículo no publicado

Copenhague, la leyenda

En 1941 Dinamarca se hallaba bajo el dominio del Tercer Reich. Un incierto encuentro entre dos hombres y la esposa de uno de ellos en la capital Copenhague influiría profundamente sobre el curso de la guerra; tal vez incluso cambiaría para siempre el destino de toda forma de vida. Werner Heisenberg, una de las mentes más rápidas y concentradas de Occidente, era el jefe del programa nazi para el desarrollo de una bomba atómica. Niels Bohr, su maestro, tenía fama de serlento y difuso, no obstante gozaba de la mayor reputación en la física moderna y sin duda fue una de las figuras que colaboró intensamente a hacer de la física atómica y subatómica, cuántica, la gran aventura del siglo XX.
     La casa de Bohr fue el otro lado del espejo que Alicia siempre había querido mirar. Con un solo truco (la mecánica cuántica), un gato (el de Schrödinger) y un principio (el de incertidumbre ideado por Heisenberg) podía verse, al mismo tiempo, en ambos lados de laescalera del universo, hacia lo infinitamente pequeño y hacia lo astronómicamente grande. Todo lo que conocemos sobre el comportamiento de los ladrillos fundamentales que nos constituyen y articulan lo que hay a nuestro alrededor se gestó alrededor de la figura de Bohr. Dice el mismo Heisenberg en la obra que en estos días se representa con éxito en el Royale Theatre de Broadway: "pero usted, mi querido Niels, es considerado el Papa de la física", a lo que Bohr responde, en boca del espléndido actor Philip Bosco: "Ah, ¿en ese caso Albert es Dios?"
     Si uno visita Copenhague, puede ir al 10 de Gamle (la vieja) Carlsbergvej, donde se levantan los grandes elefantes que soportan el arco de la entrada a la cervecería Carlsberg, cuyo dueño financió la investigación científica de Bohr desde 1932 hasta la muerte del científico, ocurrida en 1962. Esos gigantes de memoria inmensa que alguna vez llevaron al mundo en el lomo simbolizan el espíritu festivo y de arduo trabajo que llevó a estos físicos a desarrollar las ideas más profundas sobre la naturaleza del universo y la materia existentes. En el 15-19 de Blegdamsvej operaba el think thank que impuso una forma de sergenial, creativa, absolutamente fiel a la verdad y apegada a los hechos, en cierta forma difusa, lúdica, como si se tratara de la danza inconexa de varios capítulos que prefiguran un discurso mayor. Eso era el Instituto de Física Teórica de Copenhague, luz que a veces se comporta como ondas, a veces como partículas, relaciones de incertidumbre que arrojaban una precisión abrumadora, átomos cuánticos. En 1932, cuando Heisenberg se adentra en el núcleo y James Chadwick descubre el neutrón, se abren las puertas de una nueva era. Alicia estaba encantada. Dos años más tarde, en Roma, Enrico Fermi realizará finalmente el viejo sueño alquímico de la transmutación. Con sus chicos de la avenida Panisperma, Fermi bombardea uranio con neutrones y produce una substancia radiactiva que no puede identificar. Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, Otto Hahn y Fritz Strassmann encontraron que la substancia producida por Fermi era bario, que tiene la mitad del peso atómico del uranio. Esta historia nos mete en la carrera por la bomba atómica, pasa por el sabotaje a la producción alemana de agua pesada, la puesta en marcha del proyecto Manhattan, la rendición de Alemania y, por tanto, el desmantelamiento de su programa atómico, y desemboca en la destrucción de Hiroshima y Nagasaki. Desde el descubrimiento del electrón, en 1895, el juego se había vuelto tan serio que físicos y matemáticos muy notables sufrieron por distintas razones. Tal fue el caso de Lisa Meitner, Ettore Majorana, losCurie y el mismo Heisenberg. Ahora él regresaba a Dinamarca en condiciones dramáticamente distintas, salpicadas por el fango de la memoria de Verdún y la capitulación. Cada quien debía de hacer lo suyo.
     Este es el asunto de la obra más comentada en Broadway desde su estreno, hace poco más de un año, escrita por el talentoso dramaturgo inglés Michael Frayn. No sólo debido a su enormeesfuerzo por comprender lo incomprensible, también por intentar reconstruir en escena lo que probablemente dijeron (o no dijeron) Bohr y Heisenberg aquel día de 1941 en Copenhague, Frayn merece el público que llena la sala cada noche. Inspirado por el principio de Tucídides, Frayn acepta el reto de revisar la historia. Mientras escribía la crónica de las guerras del Peloponeso, el historiador griego podía imaginar cuanto quisiera en sus narraciones, pero en el momento de intentar reproducir lo que se había dicho antes de tal batalla o al maquinar equis movimiento de tropas, se enfrentó a un dilema: ¿cómo revisar los hechos sin distorsionarlos? Tucídides dice: "Puesto que me es imposible recordar sus palabras exactas, he puesto a hablar a cada orador como lo habría hecho en esas circunstancias, ocupándome sobre todo de no perder su verdadera línea de pensamiento". Pero ¿hasta dónde puede uno conocer la verdadera línea de pensamiento de otros? Incluso con las herramientas modernas de registro de evidencias, la única forma de internarse en la cabeza de otra persona es mediante la imaginación. Aquí es donde comienza la leyenda.
     En 1941 nadie había encontrado la respuesta a la última interrogante antes de poder fabricar una verdadera bomba atómica: ¿cuánto combustible era necesario? La respuesta estaba en el agua, una analogía que el mismo Bohr había sugerido en 1937. A los ojos de la nueva física, una gota de agua siempre se encuentra a punto de reventar debido al peso que lleva en su interior. Este suceso inminente es similar al que experimentan los protones en el núcleo detodos los átomos debido a las fuerzas electromagnéticas existentes entre ellos; se rechazan continuamente generando una gran fuerza eléctrica. Pero las gotas de agua permanecen casi todo el tiempo unidas debido a una enorme tensión superficial a lo largo de su contorno, mayor a la fuerza de repulsión de sus protones, los cuales buscan salirdisparados por tener carga eléctrica delmismo signo. Algo similar pasa en elementos con núcleos pequeños y ligeros, como el carbón y el plomo; la fuerza de cohesión es mayor que la de dispersión y su energía escondida es insignificante. Pero, se preguntaron los físicos, ¿qué pasa cuando se rompe un núcleo gigantesco de un elemento muy pesado,como el del uranio, que contiene más neutrones en su núcleo que muchos otros elementos de la naturaleza? Una de las primeras personas en hallar claves fue la matemática Lisa Meitner. Al aplicar la ecuación más famosa de la historia, E = mc2, es decir, sabiendo que toda la masa y la energía del universo pueden intercambiarse, encontró que se requería muy poca masa de un material pesado, con muchos neutrones en su interior, para volar todo en pedazos. En realidad, 56 kilogramos de uranio 235. Eso pesaban las perlas negrastransportadas por el Enola Gay.
     ¿De qué hablaron Heisenberg y Bohr aquella tarde de 1941? Nadie lo sabe. Y la leyenda continúa. -