Chris Marker, héroe desconocido | Letras Libres
artículo no publicado

Chris Marker, héroe desconocido

Para el espectador cinematográfico casual, es probable que el nombre de Chris Marker no resulte familiar. No es habitualmente reconocido como otros directores superstars –Tarantino, Almodóvar– por su estilo personal; tampoco tiene algún taquillazo protagonizado por héroes de acción o figurones de turno que lo avale –si bien sus tenues lazos con la estrambótica 12 monos, de Terry Gilliam, con Bruce Willis y Brad Pitt, sirvieron para acercarlo a una generación a mediados de los años noventa– ante un público masivo. Tanto el cineasta como su obra son una especie de enigma; placer subrepticio para cinéfilos de gustos muy particulares que lo pasan de mano en mano, lo atesoran y comparten casi en secreto, como un ritual.

Algunos directores, como Polanski, Visconti o el mismo Hitchcock, pueden clasificarse como novelistas –más allá del origen de su guion–: utilizan la imagen para plasmar con ella sus fines narrativos (véanse cintas tan diversas en tono, ritmo, atmósfera y desarrollo como El bebé de Rosemary, El gatopardo o Rebeca como ejemplo de esto). En el caso de Marker, puede decirse, sin que sea hipérbole, que al igual que Leni Riefenstahl en el grueso de su canon, es un hábil y conspicuo ensayista cuya capacidad de análisis visual y creación de un lenguaje mediante imágenes (sin importar que sean estáticas o en movimiento) se pone por completo al servicio de sus filmes; ensayista, título que él mismo asumió y abrazó con fervor y disciplina detrás de la cámara.

Es a partir de esta premisa que el festival Ambulante, junto con la Cineteca Nacional y la embajada de Francia, coedita el volumen Chris Marker inmemoria, una selección de ensayos profusamente ilustrada, que descorre el velo sobre el autor para explorar diversas facetas de su obra, su personalidad, ideología y cómo hacía para imprimirlas en su proceso creativo, y no solo como cineasta: también como escritor, editor, poeta, fotógrafo, caricaturista, intérprete, viajero y activista.

En su labor como editoras, Mara Fortes y Lorena Gómez Mostajo recurren a un amplio espectro de autores –entre los que se cuentan Carlos Bonfil, Murray Pomerance, Jean-Michel Frodon, Nora Alter, Mark Cousins, David Čeněk, Guillermo G. Peydró, Patricio Guzmán, Bill Horrigan, Eric Le Roy, José Carlos Avellar, Catherine Russell y Viva Paci, todos ellos “habitantes” de una zona markeriana, tal como señalan en su presentación– que en sus respectivos textos buscan descubrir al lector diversas claves para entender las aristas que comprenden a Marker y sus filmes, que en su temática, contenido y técnica trascienden el hipnótico precedente de sus dos trabajos más conocidos: el influyente e inquietante corto La jetée (1962) y la reflexión sobre la memoria, su contexto y erosión inevitable en el largometraje Sans soleil (1983).

El libro es un esfuerzo polifónico y de diferentes texturas que se suceden; el extenso texto que abre el volumen es precisamente uno que firma Marker en 1967: “Soy México”. En él describe con tal detalle, que borda en lo hipnótico, el rodaje de un documental (¿imaginario?, ¿real? No lo sabemos y tampoco importa) realizado por dos cineastas estadounidenses, Nagel y Moore, que recorren el país cámara en mano, de Xochimilco a Acapulco, y exploran sus múltiples identidades, en una descripción de rodaje que incluye cameos de Diego Rivera, Hernán Cortés, la Malinche y Carlota, Sergéi Eisenstein, José Guadalupe Posada y las momias de Guanajuato as themselves. A partir de este texto críptico que habla de los muchos Méxicos en México, filtrados por su mirada, se establece la dinámica y tono del libro: muñecas rusas que tienen algo más por dentro, la sustancia oculta del enigma.

Es así que Nora Alter hace una detallada –y cálida– radiografía de la vida y obra de Christian François Bouche-Villeneuve, nuestro elusivo monsieur Marker, revelándolo ante los lectores no solo como poseedor de una inteligencia brillante, sino también como un hombre de sensibilidad insólita. En su texto “El largo verano rojo de la revolución mundial”, Carlos Bonfil habla de la correlación entre su estética y su ideología política como cronista de las revoluciones en China y Cuba o la guerra de Vietnam; esto matizado por su eventual desencanto después del sueño febril de 1968, tal como se advierte en el documental Le fond de l’air est rouge (1977) en el que Marker examina sus inquietudes políticas con coherencia, sin transigir en su visión artística.

Estos temas resurgen en el texto de Kristian Feigelson, que compara el ciclo retrospectivo ofrecido por Ambulante a manera de homenaje póstumo con un cuaderno de viaje, sin dejar de señalar sus influencias cinematográficas, principalmente rusas (Eisenstein y Medvedkin); por otra parte, en sus textos, Richard Peña y Murray Pomerance abordan lo que por décadas ha sido considerado el ejemplo más claro del cine como ensayo: Sans soleil, probablemente el trabajo más universal de Marker: combinación de la imagen, el color, el sonido, ya sea en escenarios naturales de Tokio, París o Helsinki, como elemento inextricable de la memoria y sus circuitos. Lo mismo da que el vaso comunicante sea un aparentemente banal juego de Pac-Man (mucho más revelador de lo que se podría intimar), o la estremecedora y violenta muerte de una jirafa percibida en la lejanía. Cinema en estado puro como emisario del pasado, de un presente que urge, de un porvenir que tal vez nunca suceda.

Quizá la pieza más curiosa dentro de esta caja china de enfoques sobre un mismo hombre-orquesta sea la aparición a mitad del libro de Las variaciones Marker, guion completamente idiosincrásico de Isaki Lacuesta al que el propio Marker dio su bendición, aduciendo que él mismo practicaba suficiente piratería como para no disfrutar del hecho de ser pirateado (esto es el epígrafe del guion). Las variaciones Marker rompe las reglas y pinta de cuerpo entero al artista que influiría en generaciones de cineastas como Louis Malle, Agnès Varda o, más recientemente, Sofia Coppola. Al terminar la lectura, el espectador encontrará la necesidad de releer los textos que más le intrigan, sumergirse en la filmografía de un cineasta que tal vez no conoce.

Que este libro consiga esto, no es raya en el agua. ~