Caricaturas | Letras Libres
artículo no publicado

Caricaturas

Sr. Director:
Quien parte de falsas premisas es mal consejero. Robert Wright (en Letras Libres 40, "Conozcan a Darwin") aconseja a las feministas que se acerquen a Darwin, pero asume falsamente que hay consenso entre los darwinistas contemporáneos en torno a los logros de la psicología evolucionista. Lo contrario es verdad. Si acaso existe algo que podamos llamar "la comprensión darwiniana de la mente humana", no es en esta corriente marginal (por abusiva) donde la encontraremos. ¿No conocer la historia nos condena a repetirla? Herederos de la descarrilada sociobiología de los ochentas, los psicólogos evolucionistas han avanzado muy poco desde entonces, y casi nadie entre los darwinistas se adhiere a ella. En aquella década, y montados sobre indudables avances en la explicación del origen de la conducta social de hormigas, avispas y algunos mamíferos, los sociobiólogos presentaron floridas hipótesis sobre múltiples conductas humanas (xenofobia, abuso infantil, celos, machismo...) sólo para enfrentarse con la dura realidad de que el nivel de prueba científica que había que obtener estaba fuera de alcance (demostrar la acción de la selección natural, aun en casos mucho más simples, es siempre un reto exigente). Una serie de cuidadosas y desprejuiciadas críticas desde la biología y la filosofía mostraron los severos límites que la explicación sociobiológica tenía, y el carácter metafórico y a ratos falaz de sus llamativos estudios. Poco se avanzaba, se concluyó, en el conocimiento de las sociedades humanas echando a volar con tan poquito vuelo. La sociobiología se fue a la banca, aunque unos cuantos siguen convencidos de que sus  planteamientos simplistas son prometedores. Vale. Pero están lejos, repito, de haber producido resultados demasiado convincentes. Es curiosa la descalificación que hace Wright de la Paglia por usar un darwinismo de caricatura, cuando lo que él pretende hacer pasar por la versión oficial es exactamente eso, una cruda caricatura. Todo el resto de sus consejos a las feministas se contagian así de esa crudeza.