Cabeza fría | Letras Libres
artículo no publicado

Cabeza fría

 

 

La cabeza de Severiano Gonzaga Ramírez, redonda, tiende al ovoide; más bien oblicua, bola elongada hacia la cara –que no rostro– sobre todo cuando las órbitas oculares parecen protuberancias propias de ciertos batracios. Se trata de un cráneo pequeño de acuerdo con la media poblacional, lo cual revela capacidad limitada para la masa encefálica (posible explicación del ligero abultamiento en la frente o tuber frontale) y me atrevo a sugerir que, por lo mismo, la estatura de Severiano Gonzaga Ramírez es más bien baja (considerando que el cráneo en cuestión colocado sobre un cuerpo de más de un metro setenta centímetros de altura causaría el evidente efecto óptico de ser cuerpo de adulto coronado por cabeza infantil).

De nariz ancha, chata, pómulos ligeramente acentuados, quizá por una tendencia esfenoidal, maxilar y mandibular hacia el prognatismo. Hundimiento de sienes (quizá genética por debilidad ósea congénita –os temporale y os sphenoidale). Primera conclusión anatómica: de los ocho huesos craneales (etmoides, esfenoides, occipital, temporal, parietal, frontal y huesos wormianos) Severiano Gonzaga Ramírez cuenta con características normales de situación lateral simétrica, aunque no se descarta que en giros bruscos de cuello o tórax podría ofrecer perspectivas distorsionadas.

De no contar con el armazón de sus lentes, párpados y córneas, pupilas, etcétera, revelan proporciones acordes con la media. Entre nueve y doce dioptrías –según probable receta oftalmológica– provocaban precisamente el efecto contrario: ojos aparentemente minúsculos entre párpados inflados. Mención aparte merece un ligero estrabismo del ojo izquierdo, de difícil precisión nerviosa o emocional.

De no llevar insertos en las cavidades auriculares los auxiliares electrónicos, difícilmente se confirmaría su sordera crónica y aguda distorsión auditiva.

De no contar con identificación oficial (con fotografía), piel morena, bigote ralo negro azabache (posiblemente entintado), dentadura con incrustaciones del país... posible explicación a los apodos o sobrenombres (atribuidos hasta el día de hoy): “el Ciego Gonzaga”, “el Sordo” y “el Chino”.

Imposible definir con exactitud timbre y tono de voz en decibeles o tesituras normalmente asociadas a cantantes u oradores; sin embargo, testigos y familiares coinciden en señalarla como voz aguda, al tiempo que también se le escuchaba gangoso. Un primer levantamiento de opiniones y descripciones coinciden en evocar constante aliento etílico (tequila, mezcal, güisqui de vez en cuando), asociado incluso a un arrastre de palabras, languidez en la lengua, mirada vidriosa, carcajadas falsas, risas inconexas; sin poder corroborar aún: dispersión de atención, ligeras amnesias, vados temporales y de espacio, ausencias neurocerebrales, cierta falta de coordinación motriz fina y gruesa (a pesar de tres testimonios que recuerdan a Severiano Gonzaga Ramírez precisamente por su “notable coordinación casi gimnástica” de extremidades superiores e inferiores). A pesar de lo anterior, testimonios aleatorios confirman que Gonzaga Ramírez no se intimidaba al cantar en cantinas o reuniones familiares (a pesar de ser confirmadamente desafinado) y al parecer acostumbraba llevar ritmos con el constante tamborileo de las yemas de los dedos, tempo con pie derecho –punta, tacón, tacón, punta– y lo que al parecer podría llamarse coordinada coreografía facial (oscilación craneal, giro traqueal, sonrisa intercalada, etcétera).

Pendiente verificación de media filiación, domicilio actual, posibles seudónimos y precisión de actividades diarias, se sabe que Gonzaga Ramírez no aparentaba su edad o, al menos, pretendía vestir y actuar como si fuera más joven (peinados modernos, tinte de canas, propensiones a la moda, etcétera). Se sabe también que no estableció relaciones permanentes ni extendidas con el sexo opuesto; toda insinuación de homosexualismo queda por ahora como mero rumor.

Se generaliza la noción de que Gonzaga Ramírez procuraba vida de austeridad y solitaria que, si acaso, cobró notables giros en años recientes debido a marcados incrementos en sus ingresos, apariciones públicas (guardadas reservas de discreción y evasión de notoriedad); propensión a la pulcritud, nula ostentación de joyas.

Se descarta la biografía –inicialmente circulante entre los medios– de que Severiano Gonzaga Ramírez era oriundo de la Sierra de Guerrero, habiendo cursado estudios de educación media superior en el puerto de Acapulco en combinación con una supuesta trayectoria laboral en diferentes oficios relacionados con la industria hotelera. Falso de toda falsedad; aunque al día de hoy no se pueda tampoco confirmar (en tanto no se confirmen actas de nacimiento, credencial de elector, comprobantes de domicilio, certificados de estudios, etcétera) que, en realidad, Gonzaga Ramírez era nativo de Jerez, Zacatecas, sin que tampoco se puedan precisar demás pormenores familiares o biográficos. Sin embargo, se sabe que durante los pasados cuatro años fincó domicilio en Monterrey, Nuevo León, y que constan por diversos medios sus constantes visitas a Torreón, Coahuila; Zacatecas, capital; Monclova, Coahuila; San Luis Potosí y siete visitas a los Estados Unidos de Norteamérica (estados de Texas, Nevada y Carolina del Sur, pendiente de cotejo oficial con autoridades migratorias norteamericanas).

Se confirman cero antecedentes penales, nula sospecha de actividades delictivas y, por ende, y por el momento, a falta de huellas dactilares, un cotejo electrónico del rostro de Severiano Gonzaga Ramírez no coincidió con ninguna cara registrada en bases de datos policiales o de seguridad pública, aunque sí empató con precisión con la imagen del usuario “udl” de Facebook (sin que coincidan iniciales, a falta de nombre, apellido o datos personales en la mencionada página): de las 322 fotografías (diversos escenarios, acompañantes desconocidos, festividades varias, etcétera) solo 32 muestran a “udl” (a.k.a.: Severiano Gonzaga Ramírez) (de frente y perfil). posible línea de investigación.

Hipótesis: Severiano Gonzaga Ramírez, ciudadano mexicano, baja estatura, limitados círculos sociales, edad aproximada de cincuenta años, distanciamiento familiar, vida productiva y autosuficiente durante edad adulta (quizá incluso desde adolescencia); posible desenvolvimiento profesional en actividades comerciales. Aficiones desconocidas, o por conocerse; sangre tipo rh-negativo (sin historia clínica que pudiera revelar intervenciones quirúrgicas mayores, alergias, enfermedades de la piel, venéreas, padecimientos gastrointestinales, debilidad ósea, etcétera). Clase media alta, alfabetismo promedio, calidad de caligrafía por confirmar (ortografía, sintaxis, dactiloscopia); se descarta polígrafo y cualquier tipo de careo (por evidente inconsistencia).

Se abre con folio xg5628736-998736 línea de investigación (nivel municipal, estatal y federal) en modalidad de círculos concéntricos (de epicentro original a cobertura regional, primero, y luego a nivel nacional) rastreo y seguimiento de posible filiación o asociación con células del crimen organizado (tráfico ilegal de estupefacientes, armamento, inmigrantes, trata de blancas, mercancía pirata, robo de combustible a Pemex, etcétera):

 

Uno: Severiano Gonzaga Ramírez se ve envuelto, contra su voluntad, en disputa por territorios y plazas entre Cártel de Ciudad Juárez y grupo remanente de la organización criminal Capo Guzmán, por sus actividades comerciales o relaciones laborales en el ramo de alquiler de transporte de carga pesado.

Dos: Gonzaga Ramírez se afilia voluntariamente, primero a nivel banda urbana y luego organización mayor, a célula de la organización criminal Capo Guzmán (con sede en Culiacán, Sinaloa); escala posiciones de confianza y se ve envuelto en simulados entrecruzamientos de traición.

Tres: Gonzaga Ramírez, afiliado de tiempo atrás a Cartel Juárez juega doble papel en supuesta colaboración con supuestos agentes dea norteamericana, supuestos miembros en activo Ejército Mexicano, supuestos contactos con narcotráfico colombiano (vía Panamá), o con supuestos investigadores universitarios problemática del crimen Frontera Norte.

Cuatro: Gonzaga Ramírez, enlace de transporte terrestre (corredor nororiental) entre pistas aéreas clandestinas y carreteras Norte-frontera; siete puntos playeros (muelle transporte submarino) del llamado Expreso de Oriente (cocaína y metanfetaminas, principalmente).

Cinco: Severiano Gonzaga Ramírez, miembro a la fuerza del equipo civil (no armado) que participa en la construcción del llamado túnel Calexico (elaboración de planos, acarreo mano de obra, ocultamiento de evidencias, listas de complicidad, etcétera).

Seis: Gonzaga Ramírez ligado sentimentalmente a Genoveva Revirado, alias Coqui; medio de prostitución: table-dance, hermana de Juan Carlos Revirado, alias el Blondi, alias Jotacé, alias Güero Revirado. Disputa pasional.

 

La manta (sábana tamaño queen-size, sin lavar, blanca) –o llamada “narco-manta”– ubicada esquina Carranza con Olivos, a trescientos cincuenta metros de gasolinera y autoservicio, sobre puente peatonal, con únicos datos recogidos, confirmados hasta ahora en relación directa con Severiano Gonzaga Ramírez reza en tinta ocre-marrón (posible tintura para bolear zapatos, punta cuadrada tipo esponja):

 

Pa’que aprendan. Siguanle (sic) jugando a la traición y juego susio (sic). Chismozos (sic) de mierda.Federalesplomos y soldadera de paja. “todo el peso de laley” y “no los podiemos (sic) agarar (sic)”. Corázon (sic) kaliente (sic) y Cabeza fria (sic).

 

Dicha narcomanta ha sido debidamente fotografiada y coincide en redacción, faltas de ortografía y calidad de amenazas con otras sábanas y letreros del crimen organizado en la región. Se encuentra en el archivo.

Cráneo, levantamiento de huellas digitales, testimonios de testigos, fotografías del lugar y de la cabeza ya en la morgue se localizan asimismo en archivo.

La cabeza de Severiano Gonzaga Ramírez fue encontrada a las cinco horas con cuarenta minutos (aproximadamente) en tienda de autoservicio, aledaña gasolinera Avenida Carranza, en el refrigerador de bebidas (tercera puerta u hoja de cristal, aledaña a congelador) en la cuarta fila (de abajo hacia arriba) mirando de frente, ojos abiertos y huellas de cinta de aislar (color negro) sobre mejillas (por lo que se concluye que llevaba boca cerrada en situación cautiverio). Juan García Monteros, chofer tráiler doble rodada, licencia binacional, declara voluntariamente haber avisado a encargado José Pedro Valdivia Cisneros (detenido) quien aseguró no haberse percatado del momento en que se depositó la cabeza de Severiano Gonzaga Ramírez, decapitado de un solo tajo (posiblemente a machete) sin que aparezca al momento de redactar presente informe cuerpo restante.

 

Firma

Villa de Juárez,

cabecera municipal,

veintisiete-julio-2010, Bicent.

 

                                                            •

 

Jefe:

Hasta aquí llego yo. Le consta que durante ya son cuatro años he cumplido a cabal lo que se me pide siempre. Mi facilidad para cierto tipo de redacción de informes, ortografía y afición por temas de anatomía forense me hicieron útil ante Usted y el cargo que desempeña, pero me veo obligado a ponerle por escrito que yo llego hasta aquí.

La cabeza congelada del narco (que ni sabemos si lo es o no) ya marca para mí un límite irrebasable. Tanto Ud. como yo sabemos (y nadie más) que ese cráneo no tiene (y quizá no tendrá jamás) nombre o verificación posible. La identidad que hemos inventado (y digo hemos, porque Ud. Mismo sugirió nombre y apellidos) jamás permitirá comprobación judicial, ni los supuestos papeles podrían tener validez ministerial (pues a la larga se sabría que son identificaciones y documentos extraídos de aquí mismo pertenecientes a casos ya olvidados o sobreseídos).

Entre los aproximadamente treinta mil muertos que sumamos en México desde que iniciamos la llamada guerra con el narcotráfico y, de entre ellos, el número de decapitados (cuenta que no llevamos en esta cabecera municipal) la cabeza congelada recientemente descubierta en nuestra jurisdicción parece no esperar mejor suerte que las demás... un anonimato fácilmente sustituible con biografía de indicios, conjeturas y suposiciones, falsedades y datos aleatorios que solamente servirán para justificar expediente y cierre del caso.

No motiva mi decisión ni la cobardía ni el hartazgo. Tengo una sola razón de peso (de cuya principal razón dejo por escrito más adelante). Le consta a Ud. que siempre he obedecido sus órdenes y que me he desenvuelto en mis funciones más allá de los límites del deber. Mi partida –y esta, mi renuncia irrevocable– reposa sobre la confianza de que jamás abusé de mi posición ni me beneficié en lo personal o familiar de mis influencias y no hay manera alguna de que se me llegaran a imputar ningún tipo de irregularidades ni administrativas, gerenciales o forenses. Mi conciencia no puede decir que se va limpia, sobre todo por todo lo relacionado con este reciente caso de decapitación (víctima o involucrado directo del crimen organizado en nuestra región).

Obedeciendo sus órdenes yo mismo acudí a tomar las primeras declaraciones, fotografías y levantamiento de huellas dactilares en el autoservicio. En la primera conversación que tuvimos, en la gasolinera aledaña, le garanticé que actuaría de acuerdo con el procedimiento ya acordado para este tipo de casos sin solución posible y así lo hice. Usted no tuvo necesidad (ni presión por parte de los profesionales de la prensa ni por parte de los representantes principales de nuestra sociedad) de acercarse a la escena donde encontramos el cráneo congelado y quizá por ello quiero hacer constancia aquí de la razón principal de mi decisión:

Esa cabeza sin cuerpo que hemos ya nombrado y apellidado al azar, misma que ha quedado en resguardo (en espera de inexistentes deudos que la reclamen para posible incineración o sepultura) es nunca mejor dicho no más que un cráneo sin vida, cabeza sin biografía (salvo la que inventé como pude en el Informe anexo). Cabeza fría, supuestamente inexpresiva, mirada al vacío, boca entreabierta, pestañas como con rocío del hielo de la congeladora de su último reposo. Ojos fijos que no podré dejar de mirar jamás (aunque con mi decisión signo mi intención de lograrlo algún día... lejos de aquí... lejos de México y mejor ni me busquen). Esa cabeza cercenada, rigidez de muerte, tiesa de helada se me parece y no digo que me afiguré el parecido o que el impacto de la impresión me causó esa impresión (valga la redundancia). Hablo de que la cabeza que llamamos de Severiano Gonzaga Ramírez se parece a mí mismo como si le dijera la palabra espejo (y puede Ud. mismo verificar mi dicho, ya en mi ausencia, con tan solo solicitarlo en la morgue con su firma y cotejar testimonios del personal municipal y de seguridad pública que participaron en el levantamiento).

Primero en broma, luego con silencio de seriedad innegable (que yo mismo asumí) tanto el chofer del tráiler como el encargado del autoservicio mostraron no solo mutismo quedándose callados sino abiertamente asombrados al verme ingresar al local, bata blanca y cuerpo entero, para fotografiar, primero, y luego llevar en mis propias manos (guantes blancos) ese cráneo gemelo mío. Y digo gemelo como mera metáfora (mi familia no me dejará mentir ni dudar sobre la imposible posibilidad –valga la redundancia– de haber vivido 47 años sin saber jamás de un gemelo ni de su posible existencia).

Mi madre murió del parto con el que vine a este mundo y debo mi crianza a mis abuelos y tíos que hasta la fecha no tendrían por qué jugarme esa mentira... que en realidad no parece mentira. Confirme Ud. mismo con sus propios ojos y verá que hablo no de un parecido ni similitud, sino de un retrato exacto con el que yo mismo podría intercambiar esta cabeza confundida con la que expreso aquí mi renuncia.

En las noticias del cable de hoy mismo de madrugada pasaban la imagen de un exitoso transplante quirúrgico de cara (en España o Francia) y se me enredaba el pensamiento con pendejadas del tipo de imaginar que yo mismo podría perder el rostro y recurrir a la cabeza congelada para duplicarme y seguir por el mundo con la misma cara. Incluso le confieso que tuve dudas de redactar yo mismo mi propia biografía y asignar mi propio nombre al anónimo cráneo congelado (en aras de la veracidad que nos demandan tanto autoridades como sociedad en general) y darle entonces un sentido quizá no tan imposible a esta renuncia, convirtiéndola en el salvoconducto de mi propia defunción, dejando constancia de mis restos e iniciar así una vida totalmente nueva, con una identidad a construirse día a día y lejos de aquí, lejos de México, lejos del mundo.

En realidad eso mismo pienso hacer. Tengo dinero ahorrado y no pocos planes posibles. Le ruego no intente rastrear mi paradero (por lo menos en cuenta o abono a los varios años de lealtad y eficacia probada que cumplí bajo sus órdenes) e, incluso, acordemos que de verse en la necesidad puede Usted mismo realizar el recurso de negar la identidad y líneas de investigación insinuadas en mi informe y sustituirlos letra por letra con mi nombre y apellidos, mi trayectoria y datos biográficos, por si así fuera necesario sellar el caso. Pongamos entonces que soy precisamente ese cráneo congelado, idéntico en facciones y gestos fijos, morfología facial y craneal, anatomía del rostro clonado. Así desaparezco, Jefe, aunque sabiendo que jamás me quitaré del sueño ni despierto la imagen del espejo congelado. Yo mismo sin cabeza. Aquí no tengo nada más qué hacer. Ya veré cómo me reinvento, y a ver cómo me resucito. En verdad, le mentí al principio... me voy harto, hasta la madre, aquí no hay avances en la supuesta guerra que llevamos perdida desde el principio, ni logros ni qué la chingada, con perdón, y mejor pienso que verme como me vi en ese cráneo, así como he de seguir viéndome para siempre, es más que señal, orden divina.

Así me voy, aquí quedo:

Decapitado. ~


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