Orozco en sus propias palabras | Letras Libres
artículo no publicado

Orozco en sus propias palabras

Este 2009 se cumplen 75 años del regreso de José Clemente Orozco (1883-1949) a México. Después de permanecer cerca de siete años en Estados Unidos, de diciembre de 1927 a junio de 1934, donde pintaría varios murales y su figura cobraría relevancia, el pintor vuelve a la capital del país para abordar uno de los muros del Palacio de Bellas Artes próximo a inaugurarse. Invitados por Antonio Castro Leal, Diego Rivera y Orozco pintarían en la misma época dos de sus obras más recordadas: el primero, en el extremo poniente del inmueble, su mural El hombre en el cruce de caminos; el segundo, en el lado oriente, su fresco La katharsis, título sugerido por Justino Fernández. Según consta en los archivos, el artista jalisciense firmó el 13 agosto un acuerdo en que se comprometía a concluir el mural –cuyas dimensiones fueron de 4.44 x 11.45 metros– en un plazo de cuarenta días y recibiría por este trabajo un total de diez mil pesos. Esta obra orozquiana es, en muchos sentidos, una summa de su arte; ahí se reúnen la tragedia y la expiación, el horror y la libido, el apocalipsis y una probable resurrección.

También este 2009 Orozco cumple sesenta años de muerto. La mañana del 7 de septiembre de 1949 expiraba una de las figuras protagónicas del llamado renacimiento del arte mexicano. Unos meses antes había concluido su mural en la bóveda de la antigua sede del Palacio Legislativo de Jalisco y, vuelto a la ciudad de México, había realizado los primeros trazos de un mural en el Multifamiliar Miguel Alemán por invitación del arquitecto Mario Pani. El 23 de noviembre habría de cumplir 66 años.

A diferencia de Rivera y Siqueiros, escritores voluminosos de sus propias ideas y aventuras vitales, la escritura de Orozco es cauta y frugal. Escribió por entregas en 1942, en las páginas de Excélsior, los capítulos de su Autobiografía, publicada en forma de libro en 1945; se conservan algunas cartas, especialmente a su esposa, Cartas a Margarita (1987), así como las reunidas por Luis Cardoza y Aragón en su Orozco (1959), dirigidas al propio poeta guatemalteco y al crítico de arte Jorge Juan Crespo de la Serna, y en El artista en Nueva York (1971), las escritas a Jean Charlot. En 1955 Justino Fernández, el crítico e historiador ejemplar de la obra de Orozco, publicó Textos de Orozco, que reunía once textos breves escritos por el muralista donde expresaba ideas y posiciones estéticas y éticas sobre sus trabajos y sus días; en este mismo volumen se recogen la cartas dirigidas por el pintor al propio crítico. En la edición de 1953 de la Obras de José Clemente Orozco en la Colección Carrillo Gil aparecen también las cartas de Orozco escritas a Álvar Carrillo Gil, uno de sus amigos y admiradores predilectos, y también algunas misivas dirigidas a Inés Amor de la Galería Arte Mexicano.

Para recordar estas dos efemérides, se presenta a continuación una serie de fragmentos, extraídos de las fuentes citadas, en los que el artista da cuenta tanto de su tiempo como de su credo y de su gusto artístico. Aunque el pintor siempre tuvo presente la frase de Holbein: “No hay que pintar con la boca”, en clara alusión, por otra parte, a sus colegas Rivera y Siqueiros, se expresó por escrito en varios momentos. El estilo literario de Orozco es conciso y directo, con sintaxis y giros propios de la conversación; siempre va al grano y evita ser libresco o petulante; a veces se entrevé en sus líneas un ánimo didáctico, sereno y complacido; en otros momentos no escatima dejarse ver de cuerpo entero y explota irónico, cáustico y dice lo que piensa sin preocupación alguna. Pero, sin más, dejémoslo hablar. ~

Presentación y selección de Ernesto Lumbreras

 

 

Ideas del arte

El mismo surrealismo, por mucho que sueñe, tiene necesidad absoluta de formas y que éstas sean dinámicas, porque de lo contrario el sueño se convertiría en muerte. Lo bello, para el hombre, es solamente lo que está construido como él mismo, como su cuerpo y como su espíritu.

De Autobiografía, 1945

 

Una pintura no debe ser un comentario, sino el hecho mismo; no un reflejo, sino la luz misma; no una interpretación, sino la misma cosa por interpretar.

Según Jean Charlot, de un texto escrito antes de comenzar los murales de la Escuela Nacional Preparatoria.

 

La pintura en sus formas superiores y la pintura como un arte popular se diferencia esencialmente en lo siguiente: La primera tiene tradiciones universales invariables de las cuales nadie puede separarse por ningún motivo, en ningún país y en ninguna época. La segunda tiene tradiciones puramente locales que varían según la vida, las transformaciones, las agitaciones y las convulsiones de cada pueblo, de cada raza, de cada nacionalidad, de cada clase social y aun de cada familia o tribu.

Según Jean Charlot, de un texto escrito antes de comenzar los murales de la Escuela Nacional Preparatoria.

 

En cada pintura, como en cualquier otra obra de arte, existe siempre una idea, nunca una historia. La idea es el punto de partida, la primera causa de la construcción plástica, y está presente todo el tiempo como energía creando materia. Las narraciones y otras asociaciones literarias sólo existen en la mente del espectador, la pintura actuando como el estímulo.

Texto de Orozco para la revista de los alumnos de Dartmouth.

 

Una pintura es un poema y nada más. Un poema hecho de relaciones entre formas, como otras clases de poemas hechos de relaciones entre palabras, sonidos o ideas. La escultura y la arquitectura son también relaciones entre formas. Esta palabra, formas, incluye color, tono, proporción, línea, etc.

De “Orozco ‘Explain’”, texto de Orozco escrito en inglés para el folleto del MoMA, 1940. Traducción de Justino Fernández.

 

No es posible hacer el “boceto” de una sinfonía, ni de un soneto, que son meras aventuras del espíritu. [...] El problema de las relaciones entre la pintura mural y la arquitectura sólo puede ser resuelto directamente y en el momento de su ejecución.

A Rafael García Granados, presidente de la Sociedad de Estudios Cortesianos, 31 de octubre de 1941, ciudad de México.

 

El oficio del pintor

La misma práctica te va enseñando las posibilidades de los materiales, lo único que necesitas es observar bien qué es lo que pasa, tanto en lo que se refiere a la materia misma, como tela, colores, aceite, etc., como a los efectos que se produce en color, proporción, etc. Observa bien tus cuadros, todos los días, y ellos mismos te dicen si están bien o mal, si les falta o les sobra, si están acabados o no. [...] Ya has visto que la pintura es cosa esencialmente objetiva, es decir, que no es cosa hablada, sino hecha realmente con los objetos o materiales, directamente.

Carta a Lucrecia Orozco Valladares, 13 de octubre 1945, Nueva York.

 

Yo creo que, para orientarse, usted debe dedicarse exclusivamente a dibujar con simple papel y lápiz, tanto del natural como de memoria. No trate de pintar por mucho tiempo, no se meta en complicaciones de técnica. Dibuje solamente tomando al natural por guía y sin intentos de “estilo” sino sinceramente, tal como sienta las cosas. Dibuje lo que vea, sin acordarse de México. Haga de cuenta que es un estudiante de la Academia, bajo la férula de un maestro académico. Haga dibujo lo más grande que le sea posible. Cuando salga a la calle y de paseo, llévese papel y lápiz. Propóngase hacer no menos de cinco dibujos diarios. Colecciónelos y critíquelos.

Carta a Jorge Juan Crespo de la Serna,

28 de diciembre de 1931, Nueva York.

 

Y después de todo, ¿no es posible hacer la más maravillosa pintura con sólo un lápiz cualquiera sobre cualquier papel?

De “Notas acerca de la técnica de la pintura mural en México en los últimos 25 años”, texto de Orozco para el catálogo del inba de la exposición retrospectiva de 1947.

 

En la Academia había modelo gratis, tarde y noche, había materiales para pintar, había una soberbia colección de obras de maestros antiguos, había una biblioteca de libros de arte, había buenos maestros de pintura, de anatomía, de historia del arte, de perspectiva y, sobre todo, había un entusiasmo sin igual. ¿Qué más se podía esperar?

De Autobiografía, 1945.

 

La pasión helénica

Anoche fue el “bautizo” de ese sr. Van Noppen y de mí. La ceremonia fue en extremo sencilla, Alma fue la madrina de Van Noppen y la sra. Sikelianos de mí. Quien hizo el bautizo fue el doctor Kalímacos, un señor que dicen tiene realmente una alta jerarquía en la Iglesia griega. Se limitó a decir una pequeña alocución y luego colocó una corona de laurel fresco a cada uno dándole un beso en la frente. A mí me pusieron los nombres de Polúkletos / Panselhuos / Nikíos o sea: Policletos / Pansalenos / Nikíos.

Carta a Margarita Valladares de Orozco, 20 de octubre de 1928, Nueva York.

Los griegos encontraban algo de común entre las características del pueblo griego actual y las del pueblo mexicano, lo mismo que entre el aspecto físico de uno y de otro país. Alma Reed, con su conocimiento de México, lo confirmaba: el mismo primitivismo, el mismo buen gusto para darle forma y color a los objetos de uso diario, la misma fiereza para defender su libertad.

De Autobiografía, 1945.

 

La decadencia del imperio americano

A fuerza de dinero [los norteamericanos] se están trayendo Europa, pedazo a pedazo. El día menos pensado plantan la torre Eiffel en el parque Central, junto al obelisco. [...] Te aseguro que es toda una tragedia la de los American painters. Una tragedia que tiene atado al cuello un enorme trozo de oro ¡una montaña de oro! Se hundirá sin que nadie pueda evitarlo. Los verdaderos artistas americanos son los que hacen las máquinas; ante ellos hay que descubrirse... No dejes de escribirme.

Carta a Jean Charlot, 4 de enero de 1928, Nueva York.

 

Los americanos son personas serias en invierno pero en verano vuelven a la niñez y se olvidan de todo, juegan al golf y pescan. Ahora está Coolidge pescando en Wisconsin en un estanque que le llenaron previamente de pescados y adentro del estanque está un buzo que se encarga de estar ensartando los pescados en el anzuelo presidencial.

Carta a Jean Charlot, 10 de septiembre de 1928, Nueva York.

 

Pintura de cabecera

Matisse y Derain; es la primera vez que veo arte moderno, del día, sin echar de menos el arte antiguo. Pintura pura, sin rodeos. Gracia. Naturalidad. Alegría. Da mucho gusto ver esos cuadros y queda uno contento y satisfecho por el resto del día.

Carta a Jean Charlot, 3 de enero de 1928, Nueva York.

 

El primer Seurat que veo; debe haber sido un hombre puro de corazón y sencillo, se siente uno culpable y lleno de pecado ante su cuadro lleno de luz, los demás cuadros se ven sucios, aun Cézanne, aun Renoir; si hubiera necesidad (que no la hay) de pintura religiosa, ésta sería –Seurat– y no los monos feos de los altares. [...] Retratos a lápiz de Ingres, admirable, pero es el pasado, ¡el pasado muerto y bien muerto! Nuevos dibujos de Picasso: después de recorrer galerías de pintura cansada y mediocre, un dibujo de Picasso es como un vaso de agua fresca y pura, pero ¡qué deseada!

Carta a Jean Charlot, 20 de marzo 1928, Nueva York.

 

Yo le digo a usted que esos cuadros son buenos y muy superiores a las obras de varios pintorcillos de “prestigio internacional”, cuadros originales, y que ahora, que ya he visto mucha pintura, se aprecia mejor. Los pintorcillos niegan a Atl, ya lo sé. Vámonos negando todos unos a otros.

Saturnino Herrán. Si no hubiera muerto, sería un dolor de cabeza para más de cuatro. Hubiera evolucionado extraordinariamente porque podía. Fue el primero en introducir cosas nacionalistas en la pintura.

Carta a Luis Cardoza y Aragón, 2 de diciembre de 1935, Guadalajara.

 

El Greco, dominando con la simplicidad geométrica de su gran Cristo, la sala de los colosos de la pintura. [...] En Toledo entierran todavía al conde de Orgaz, todavía vive El Greco, ahí pinta y sus apóstoles trabajan a diario. Alguno lleva mi equipaje al hotel, otro me sirve un vaso de vino, el de más allá es el chofer del camión a Madrid y veo otro más en el puente de Alcántara.

De Autobiografía, 1945.

 

El espíritu de la crítica

Si no hubiera conflicto no habría películas, ni toros, ni periodismo, ni política, ni lucha libre, ni nada. La vida sería muy aburrida. En cuanto alguien diga sí, hay que contestar no. Debe hacerse todo a contrapelo y contra la corriente y si algún insensato propone alguna solución que allane las dificultades, precisa aplastarlo, cueste lo que cueste, porque la civilización misma correría peligro.

De Autobiografía, 1945.

 

Tal vez la actitud del crítico se parezca a la del “payo” que se lanza al escenario para defender a la dama joven del primer actor. Pero no es eso lo más lamentable, sino la torpeza de confundir la vida misma con las representaciones de la vida.

A Gonzalo de la Parra, director de El Nacional, 19 de septiembre de 1916, ciudad de México. Réplica de Orozco a la crítica aparecida en ese periódico un día antes firmada por Juan Amberes respecto de su exposición en la librería Biblos.

 

Lo que vale es el valor de pensar en voz alta, de decir las cosas tal como se sienten en el momento en que se dicen. Ser lo suficientemente temerario para proclamar lo que uno cree que es la verdad sin importar las consecuencias y caiga quien cayere. Si fuera uno a esperar a tener la verdad absoluta en la mano o sería uno un necio o se volvería uno mudo para siempre. El mundo se detendría en su marcha.

Carta a Justino Fernández, 31 de agosto de 1940,

Jiquilpan, Michoacán.

 

La geografía mural

La pintura mural se inició bajo muy buenos auspicios. Hasta los errores que cometió fueron útiles. Rompió la rutina en que había caído la pintura. Acabó con muchos prejuicios y sirvió para ver los problemas sociales desde nuevos puntos de vista. Liquidó todo una época de bohemia embrutecedora, de mixtificadores que vivían una vida de zánganos en su “torre de marfil”, infecto tugurio, alcoholizados, con una guitarra en los brazos y fingiendo un idealismo absurdo, mendigos de una sociedad ya muy podrida y próxima a desaparecer.

De Autobiografía, 1945.

 

Atl fue siempre el de las grandes ideas, el organizador, el fantasioso, y si usted se empeña en que haya un padre de la pintura mural, entonces es Atl, y si usted le pregunta a él quizá le diga que no fue el padre, sino el padrote.

Carta a Luis Cardoza y Aragón,

2 de diciembre de 1935, Guadalajara.