La identidad del odio | Letras Libres
artículo no publicado

La identidad del odio

Ta-Nehisi Coates

Entre el mundo y yo

Traducción de Javier Calvo Perales

Barcelona, Seix Barral, 2016, 200 pp.

 

Entre el mundo y yo es el gran fenómeno literario del último año en Estados Unidos. Fue finalista del Pulitzer de 2016, ganó el National Book Award en la categoría de no ficción de 2015, y su autor, Ta-Nehisi Coates (Baltimore, 1975), periodista de la revista The Atlantic, recibió una beca Genio de la Fundación MacArthur, dotada con más de medio millón de dólares. El libro está en todas las listas de los mejores libros del año de 2015, y ha sido alabado por autores como la nobel Toni Morrison.

Es una obra literaria tremenda y, en ocasiones, tremendista. Es literaria porque, a pesar de ser una obra de no ficción y tratarse de un ensayo autobiográfico, su lirismo y su tendencia a la abstracción la acercan más a la poesía o el ensayo literario que a lo que uno esperaría de un periodista de investigación. Coates afirma que comenzó escribiendo poesía, y que utiliza su “economía de la verdad” para llegar a las “frías verdades de acero de la vida”. Es tremenda porque trata la cuestión de la raza con crudeza, Coates está cargado de odio y a veces es cínico e incluso nihilista. Y es tremendista porque, al ser casi todo tripas, no deja lugar al matiz.

Coates usa el pretexto de una carta a su hijo para repasar su vida y entrelazarla con la cuestión de la raza en Estados Unidos. Nació en un barrio conflictivo, y aprendió a vivir con miedo. Su padre, un intelectual obsesionado con el legado y la cultura negra en Estados Unidos, le pegaba para que así no le pegara la policía. Coates nació en un entorno más privilegiado que muchos otros negros: aunque no lo tuvo fácil, tampoco lo tuvo totalmente difícil. En casa pudo acceder a lecturas, ir a la universidad y formarse como periodista. Pero no olvidó sus raíces, y a veces se siente atrapado por ellas.

Coates combina una suerte de orgullo por lo negro, una defensa de la identidad negra, de las raíces y de lo “auténtico”, con una interesante reflexión sobre la identidad como algo artificial e inventado: a veces cuestiona la idea de la raza y habla a menudo de los que se “creen” blancos y se creen el “Sueño”. Sus reflexiones son muy parecidas a las de James Baldwin, el gran ensayista negro estadounidense. Coates recoge la ira de Baldwin, que falleció en 1987 y fue popular en los años sesenta y setenta, y la adapta a los Estados Unidos actuales como si nada hubiera cambiado: “La ‘America blanca’ es un sindicato organizado de cara a proteger su poder exclusivo para dominar y controlar nuestros cuerpos”. A veces hace comparaciones desafortunadas. Tras el 11s, comenta: “Mi corazón no se conmovió al contemplar las ruinas de América. Yo tenía mis propios desastres [...] para nosotros el sur de Manhattan siempre había sido la Zona Cero. Allí subastaban nuestros cuerpos [...] Bin Laden no había sido el primer hombre en llevar el terror a aquella parte de la ciudad.”

Coates es un escritor con garra, y su prosa es excitante. Escribe con pasión y sentencia drásticamente, pero se cuestiona a menudo. Aunque es autocrítico, no abandona el radicalismo. A veces recuerda a una frase de Sartre: “He cometido errores, pero cuando he pensado en ellos me he dado cuenta de que siempre era porque no fui lo bastante radical.”

También sabe ser tierno e íntimo: cuando habla de la paternidad, del intento de no transmitir el miedo a su hijo. Ahí se observa ternura y la prosa es más relajada, quizá más libre, sin necesidad de ser un vehículo de ideas. Son los mejores momentos del libro, junto con los años en la universidad y sus inicios como reportero.

“Quería que reclamaras el mundo entero tal como es. Quería que te resultara obvio de inmediato que ‘Tolstói es el Tolstói de los zulús’”, le dice a su hijo. Coates cita la famosa pregunta de Saul Bellow: “¿Quién es el Tolstói de los zulús? ¿El Proust de los papuanos? Me encantaría leerlo”; y una respuesta de Ralph Wiley: “Tolstói es el Tolstói de los zulús. A menos que uno obtenga algún beneficio al vallar el patrimonio universal de la humanidad para otorgarle una propiedad tribal exclusiva.” Coates reflexiona sobre esta frase para llegar a una conclusión universalista, casi liberal, que intenta transmitir a su hijo.

Entre el mundo y yo es una obra sobre la América negra, pero se olvida de Obama. Coates siempre ha sido muy duro con él, y es escéptico con su idea de la tolerancia y la empatía. En su libro La audacia de la esperanza, Obama escribe que la lógica del odio solo conduce a una “retirada hacia una espiral cada vez más pequeña de ira, hasta que ser negro signifique solo el conocimiento de tu propia impotencia, de tu propia derrota”. El odio ayuda a Coates a ser un escritor interesante, pero Entre el mundo y yo funciona mejor cuando es una autoexploración y una reflexión sobre la identidad, la paternidad, el amor y los valores universales. ~


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