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artículo no publicado

Zika: un nuevo virus amenaza América Latina

Las medidas que tomó Brasil para enfrentar al mosquito Aedes aegypti, transmisor del virus, no son necesariamente exportables a México. 

Las pandemias nos están recordando que en materia de salud el mundo se ha convertido en un vecindario. Primero fue el SARS, después la gripe porcina y más tarde el ébola. Ahora es el zika el que puso a sonar las alarmas globales.

La infección por este virus suele producir síntomas muy leves (fiebre, ronchas, dolor articular y conjuntivitis), pero en ocasiones puede dar lugar al síndrome de Guillain-Barré –una parálisis progresiva y temporal de varios músculos del cuerpo– y, al parecer, producir microcefalia en los fetos de mujeres embarazadas infectadas con el virus. Esta infección la transmite el mosquito Aedes aegypti, que también transmite el dengue y la fiebre chikungunya, y no se cuenta ni con vacuna ni con terapia antiviral para combatirla. Sin embargo, su transmisión puede prevenirse evitando el contacto con el mosco.

El zika fue identificado en los bosques húmedos del sur de Uganda en un mono rhesus en 1947 y en años posteriores dio lugar a esporádicas infecciones en humanos en África y Asia. En 2007 produjo un brote en la Islas Yap en los Estados Federados de Micronesia. Se volvió a detectar en la Polinesia francesa en 2013 y en la Isla de Pascua en 2014, desde donde probablemente saltó a Brasil un año después. Desde allí se extendió  prácticamente a todo el continente americano. La población de nuestra región, a diferencia de la población africana, no está inmunizada contra este virus porque es la primera vez que entra en contacto con él. A esto habría que agregar la amplia presencia del Aedes aegypti en la región y el anticipado cambio en los patrones de lluvias para este año, que prolongará la temporada húmeda, lo que facilitará la reproducción del vector. ¿Qué nos espera?

 Al momento de escribir esta nota se habían reportado en Brasil 1.3 millones de casos de zika y casi cuatro mil casos de microcefalia, muchos de los cuales parecen estar asociados a este virus. En respuesta, el gobierno brasileño movilizó a 220 mil militares para destruir los criaderos del mosquito Aedes aegypti, y lanzó una amplia campaña para distribuir repelentes a 400,000 mujeres embarazadas que reciben ayudas sociales. Otros 24 países de América han reportado también casos de zika, incluyendo México, que reportó su primer caso de transmisión local en noviembre de 2015.

La comunidad internacional teme que, al igual que con los brotes de ébola, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actúe insuficiente y tardíamente, y que esto genere daños a la salud y muertes que podrían evitarse. Daniel Lucey y Lawrence Gostin, especialistas en salud global del Instituto O’Neill de la Universidad de Georgetown, han llegado al extremo de declarar que “la comunidad internacional no puede darse el lujo de esperar a que la OMS actúe”.

Presionado por la opinión pública mundial, el pasado 1° de febrero, el Comité de Emergencia de la OMS declaró al zika emergencia de salud global e hizo un llamado a todos los países de la región americana a fortalecer la vigilancia epidemiológica, la capacidad de los laboratorios de la región para detectar el virus, las campañas de eliminación del Aedes aegypti, el seguimiento de las personas infectadas, la diseminación de recomendaciones sobre la atención clínica de la infección y las campañas de información a la población general. También se ha recomendado que las mujeres embarazadas que muestren síntomas de zika sean monitoreadas estrechamente y que sus fetos se sometan a pruebas de detección de microcefalia y depósitos de calcio en cerebro.

 La OMS llamó a acelerar el diseño de nuevas pruebas diagnósticas, vacunas y tratamientos para esta enfermedad. Un elemento crítico es establecer con precisión la relación que existe entre el virus y la microcefalia, que podría tomar, según las autoridades sanitarias internacionales, por lo menos seis meses más.

Muchos países, incluyendo Estados Unidos y varias naciones europeas, han recomendado a sus connacionales, en particular a las mujeres embarazadas, evitar los viajes innecesarios a las zonas afectadas, una decisión que puede impactar sobre todo a Brasil  al alterar el desarrollo de los famosos carnavales, que se llevan a cabo en ese país en el mes de febrero, y los Juegos Olímpicos, que habrán de celebrarse este verano.

Las autoridades sanitarias mexicanas deberán actuar con decisión pero con cautela. Las medidas extremas pueden generar seguridad en la población, pero si no están sustentadas en las mejores evidencias podrían trastornar innecesariamente el funcionamiento de la vida y la economía del país. Deberán atender, sin duda alguna, las recomendaciones de la OMS, pero las medidas que tomó Brasil no son necesariamente exportables a México por dos razones fundamentales. 1) No hay en nuestro país, ni de cerca, el número de casos de zika reportados en el país sudamericano. A la fecha se han diagnosticado tan solo 18 casos. 2) México no tiene frente a sí el compromiso de llevar a cabo un evento de la trascendencia de los próximos Juegos Olímpicos. Lo razonable será seguir de cerca la evolución de la epidemia en el país, América Latina y el Caribe; establecer una relación estrecha con los organismos internacionales de salud, en particular con la Organización Panamericana de la Salud y con el Centro para el Control de Enfermedades de EUA, el mejor centro de vigilancia y control epidemiológicos del mundo; trabajar coordinadamente con la red de laboratorios de salud pública de América del Norte, y ajustar día a día la estrategia nacional de combate al dengue, chikungunya y zika en función de la información y evidencias disponibles.