Ventura y desventura de la vidita literaria | Letras Libres
artículo no publicado

Ventura y desventura de la vidita literaria

Algunas anécdotas y desaforantes aforismos que el erudito Silvestre Lanza dictó al autor. 

Desde el muy pequeño pero grandiosamente caótico cuarto de azotea donde medita, el atrabiliario erudito Silvestre Lanza, que presume de ser mi alter ego, me dijo: “La literatura es un sueño o una pesadilla, es decir algo bajamente o altamente flotante, pero carente de realidad concreta, y su verdadera realidad consiste en los escritores, seres de carne y hueso y un pedazo de pescuezo, que la sostienen, cuando no la enarbolan, como una  viciosa o virtuosa pero sublime o por lo menos elegante quimera. Y las pruebas de que los escritores son reales están en que son bigotudos o lampiños, calvos o greñudos, de mirada aquilina o miope, borrachos o sobrios (pero generalmente amateurs de los alcoholes), de prosa retoriquísima o escuetísima pero visible, y siempre están escapando de algo, ya sea del Fisco, ya de la moral colectiva…o de su propia moral, si es que alguna tienen. Así que nunca escribas de la literatura, esa palabrería, ese asunto espiritual (o sea meramente abstracto), sino de los literatos, seres tangibles aunque a veces intocables”.         

Aquí van algunas anécdotas y algunos desaforantes aforismos que el atrabiliario erudito me dictó:

*La mejor autobiografía es mostrarse la lengua ante un espejo.

*Era un constante poeta de la catástrofe, o sea que se hacía justicia él mismo.

*Un buen escritor es un buen redactor más un no-sé-qué que queda balbuciendo.

*Platón no era muy original cuando exiliaba de su República a los poetas, pues los poetas siempre han sido unos exiliados.

*Una vez me extravié leyendo un ensayo literario y a la vez sociopolítico que se expandía en notas a pie de página… y en notas a pie de nota.

*El fecundo novelista grita al crítico siempre adverso:

—¡Me gustaría que escribiera usted una novela!

Y el crítico musita al novelista:

—Lo mismo le digo.

*En la Unión Soviética se convocó a concurso para un monumento a Puschkin. Se presentaron varios proyectos: Puschkin rompiendo cadenas, Puschkin cantando una oda frente al viento, Puschkin blandiendo una gran pluma de ganso como una espada, etc. Y ganó el primer premio una estatua de Stalin con un abierto libro de Puschkin en las manos.

*Los autores  social y políticamente comprometidos, o sea que escriben para “darle voz al pueblo”, ejercen la ventriloquía.

*Yo tengo planeadísima mi estrategia: todos los años escribiré feroces ataques contra la Academia Sueca y así todo el mundo sabrá que por eso no me dan el premio Nobel.

*Por apresurarse hacia la posmodernidad, se partió la posmother.

*Las escritoras guapas son todas geniales. Claro está que desde un punto de vista meramente objetivo.

*Hipócrita seudónimo, mi semejante, mi alter ego, mi enemigo.

*Cuando el Arte intenta copiar a la Naturaleza, ella se maquilla.

*Portrait of the artist like a young dog lo escribió Dylan Thomas, no Snoopy ni Bob Dylan.

*Tan pacata que no leía a Giovanni Verga ni a Sergio Pitol.

*Por las tardes la criadita corría las cortinas del ventanal de la sala y le decía al poeta:

—Señor, la catástrofe.

Y el poeta, para inspirarse, miraba hacia el ventanal.

*Para arruinar a su eterno plagiario, adrede comenzó a escribir mal.

*Se creía un temible panfletario y solo era un mecanógrafo delirante y rencorosillo.

*Su autobiografía era una hermosa vida difamada por un estilo.

*En la Academia, el audaz escritor se puso en conserva.

*Los 36 tomos de sus Obras Completas eran la respuesta al dilema: Pensar o escribir.

*Dado lo que ha sucedido a sus quimeras, los autores marxistas van de Marx a menos.

*Sus Memorias debían titularse La vuelta al ombligo en mil seiscientas páginas. 

*—¿Y tu libro?

—Prohibido.

—¡Pero si ya no hay censura!

—Prohibido por los lectores.

*—Voy a hacerme la autocrítica –dijo.

Y empezó comprando un libro de gramática y ortografía.

*¡Ved aquí al héroe que surge vencedor de la batalla con el monstruoso gerundio!

*Se suicidó porque a la mañana siguiente, cuando la borrachera se modificó en la “cruda”, recordó a quien le había pedido el prólogo para su libro. 

 

(Publicado previamente en el periódico Milenio)