(Veinticinco centavos, por el amor de Dios) | Letras Libres
artículo no publicado

(Veinticinco centavos, por el amor de Dios)

a Juan García de Oteyza

Mi padre muerto vino el otro día.

Me dejó dos cobijas y una almohada

y se volvió a morir como solía.

 

Estaba oscuro, pero todavía

puedo verme temblando en su mirada.

Mi padre muerto vino el otro día.

 

Ni cuento de terror ni brujería:

mi padre apareció como si nada

y se volvió a morir como solía.

 

Con todo y que murió de neumonía,

lo vi muy tarde, ya de madrugada.

Mi padre muerto vino el otro día.

 

Apenas me duró su compañía

lo que tarda en hacerse una redada

y se volvió a morir como solía.

 

En su ausencia, llegó la policía

y dejé las cobijas y la almohada.

Mi padre muerto vino el otro día

y se volvió a morir como solía. ~

 

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Washington, d. c.