Valentín García Yebra | Letras Libres
artículo no publicado

Valentín García Yebra

La primera vez que asistí a un seminario en la universidad Humboldt de Berlín, llegué con mi Metafísica de Aristóteles bajo el brazo. El grueso volumen llamó la atención de los otros doctorandos, todos pidieron verla. Se trataba de la versión trilingüe (el griego fijado por Werner Jaeger, el latín de Guillermo de Moerbeke y la traducción al castellano) de Valentín García Yebra. Para los interesados en la filosofía antigua y Aristóteles, la edición de García Yebra es la mejor con que cuenta nuestra lengua. Dos cosas llamaron la atención de los alemanes: que un trabajo tan minucioso hubiera prescindido del aparato crítico – todavía ninguna edición nuestra lo ofrece – y la grata sorpresa del latín – ninguna edición suya lo incluye. (Ventajas y desventajas de una y otra, el hecho es que los scholars trabajan con la edición de Oxford.)

García Yebra fue uno de los grandes filólogos de nuestra lengua y un gran divulgador. Se doctoró precisamente con una tesis sobre las traducciones latinas de la Metafísica de Aristóteles. Pronto se dio cuenta de la imperiosa necesidad de traducir más y mejor al castellano. Comenzó entonces una especie de segunda vida, la de traductor, consciente de que en ocasiones, la traducción puede imantar furtivamente a más lectores que el texto original, como sucedió con la versión cortazariana de las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. García Yebra entendía la labor del traductor como un “decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua a la que se traduce” (‘Prólogo’ a la Metafísica de Aristóteles, p. xxvii).

Esa lejana tarde berlinesa les conté a mis compañeros alemanes que García Yebra había comenzado a traducir del alemán. Lo primero fue El velo de Verónica, una novela de Gertrud von Le Fort sobre la inquietud religiosa con un dejo autobiográfico (1949, traducción rehecha en 1995). Después vinieron la Metafísica y la Poética de Aristóteles, Julio César, Cicerón y Séneca, a quienes vertió del latín, Friedrich Schleiermacher, el teólogo protestante que fue rector de la universidad berlinesa, y el libro de cabecera de los católicos interesados en la literatura, Literatura del siglo XX y cristianismo, del belga Charles Moeller (con lo cual le salió el tiro por la culata, pues esta obra significó una bocanada de aire fresco para muchos universitarios españoles durante la asfixia franquista, para la cual trabajó él mismo como censor, como también Camilo José Cela, puesto al descubierto por el homónimo no emparentado de Valentín, Tomás García Yebra).

Los amigos Dámaso Alonso y Valentín García Yebra fundaron la Editorial Gredos en 1944 – justo un año antes de que Alonso fuera elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua –, destinada a la traducción de clásicos griegos y latinos, a la investigación en el campo de la filología hispánica y a la publicación de obras de referencia como el imprescindible Diccionario de uso del español de María Moliner y el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Joan Coromines y José Antonio Pascual. Gredos ofrece hoy las mejores ediciones de los autores clásicos (después –quizá– venga la ‘Bibliotheca Scriptorum’ de la UNAM).

García Yebra enseñó griego clásico una docena de años (1955-1966) en el norte de Marruecos. En 1974 puso los cimientos de los primeros estudios profesionales de traducción, al fundar en la Complutense el Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores. Una década más tarde, en 1985, ocupó el sillón n de la Academia. Su discurso de ingreso es una larga y apasionada defensa de la labor del traductor.

Los últimos años, Valentín García Yebra apenas se quitaba el sombrero, pues el cáncer de piel le había desmejorado el rostro. Pero no se quejaba de ello, sino del impacto de la vida moderna en El Bierzo, su comarca en la región de León: “(…) cada vez se escucha menos a los pájaros”. García Yebra falleció el pasado lunes 13 de diciembre en Madrid.

San Pedro Garza García. Diciembre, 2010

- Enrique G de la G

(Imagen tomada de aquí)