Una portada (con secuelas) | Letras Libres
artículo no publicado

Una portada (con secuelas)

El número correspondiente a enero del 2009 de Letras Libres está parcialmente dedicado al grupo de escritores conocidos como los Contemporáneos, al que comenta una generación de críticos jóvenes. Apenas me asomo al número, pero ya he leído, con gusto y provecho, el artículo de Valeria Luiselli sobre Gilberto Owen narrador y el de Rafael Lemus sobre el Jorge Cuesta crítico.

Por ahí en su escrito comenta Lemus:

Puede verse la portada de Los Contemporáneos ayer, el estupendo libro de Guillermo Sheridan. Son nueve los retratos que aparecen en ella (las cejas depiladas de Novo, la facciones frágiles de Villaurrutia, el rostro obsoleto de Torres Bodet...) y el de Cuesta descansa en el centro. No sé si está allí estratégicamente pero yo empiezo a pensarlo de ese modo: Cuesta me parece, cada vez más, el núcleo de los Contemporáneos. No fue el poeta más fino ni el escritor más versátil del “grupo sin grupo”. No dejó, como Gorostiza, una obra maestra (“Canto a un dios mineral” es algo menos y algo más) ni le compitió a Novo el rol del escritor experimental y pionero. Fue el pensador –literario, político, moral– de la generación. A la distancia parecería que el grupo no tuvo necesidad de firmar un manifiesto porque Cuesta era, de algún modo, el manifiesto.

Bueno, me honra que Lemus le otorgue grado de "estupendo" a ese libro porque sé que no se anda con cortesías bobas y si lo dice es porque lo cree (a mí, a veinticinco años de distancia, el libro me parece desaliñado y mal escrito).

Pero lo que me interesa es comentar que la portada a la que se refiere Lemus fue diseñada por mi amigo Armando Hatzacorsian, diseñador, artista (recomiendo visitar su página http://ahatza.com/) y preclaro vicepresidente del Club de Admiradores de Frederica von Stade. Y que sí, que le pedí con todo cálculo ubicar a Cuesta en el centro. No tanto como "núcleo" del grupo (pues en efecto no estuvo cerca de varios de sus miembros) sino como protagonista central en la historia moderna de las ideas en México. No se me dificulta decir que el siglo XX mexicano, y lo que va del XXI son, en materia de crítica de las ideas y de crítica moral, “la era de Cuesta”. Aun Octavio Paz es, en no escasa medida, me parece, hechura de este luminoso y complejo maître à penser. Sí, Cuesta es el manifiesto.

Por cierto, las tres fotos de la parte central de esa portada –de Novo, Cuesta y Villaurrutia —fueron tomadas por don Manuel Álvarez Bravo la misma tarde de, quizás, 1929; Luis Cardoza y Aragón y José Gorostiza también hicieron fila, en la misma sesión, para posar ante el mismo muro blanco.

Vale recordar que el año pasado don Manuel celebró la creación de la “Asociación Manuel Álvarez Bravo A.C.” (véase aquí su sitio web), que preside discreta y eficazmente su viuda, la fotógrafa Colette Urbajtel. Ahí se cataloga su obra, se cuidan sus derechos, se preservan y digitalizan sus negativos (¡llevan más de ocho mil!) y se prepara el catálogo razonado.

También celebra don Manuel la reciente aparición, a cargo de la editorial Thames & Hudson de Londres, de Photopoetry, tomo con unas trescientas cincuenta páginas de fotos, hermosa y cabalmente reproducidas, con prefacio de la señora Urbajtel y textos de John Banville, Jean-Claude Lemagny y Carlos Fuentes.

Para terminar: me gustaría pensar que la foto de Owen (obligada, necesariamente desenfocada) que aparece en la portada de aquel libro fue tomada por Emilio Amero (1901-1976), el artista y cineasta amigo de los Contemporáneos. Puede verse en estos días una exposición suya en el Museo Estudio Diego Rivera con un título poco afortunado: “Emilio Amero: resistiendo al olvido”. Creo que Amero puede ser el autor del retrato porque Owen posó para él en otras ocasiones, por ejemplo para la fotografía que se recoge, sin crédito, en sus Obras, aquella en la que Owen, con los ojos cerrados, naufraga en un océano de burbujas.