Un domingo diferente | Letras Libres
artículo no publicado

Un domingo diferente

El Instituto Federal Electoral, organismo que se ha ganado ya un lugar de honor en la historia de la democracia en México, encargó al fotógrafo Francisco Mata coordinar una memoria visual del proceso electoral mexicano, con la intención de editar un libro que dé cuenta de cada paso de la organización de nuestras elecciones: impresión de las boletas, acreditación de visitantes extranjeros, capacitación de funcionarios de casilla,  y un largo y cívico etcétera.

Les ofrecemos una selección de fotografías centradas en el día crucial, el día en que los mexicanos, amparados en la certeza del voto, nos decidimos por el cambio. -

La otra caída del sistemaLo que pasó el domingo 2 de julio ha sido calificado por Felipe González como la noche sueca de México, incluido el síndrome de Estocolmo que muchas mexicanas desarrollamos ese día por Ernesto Zedillo.

Salvo la interrupción de los tiempos extras en la final de la Eurocopa por un tranquilo José Woldenberg-Cohiba que, nuevamente, no desmintió los rumores sobre su contrato exclusivo con Cigar Aficionado, las elecciones transcurrieron en total calma: los medios informaron a la hora prevista los resultados de distintos conteos rápidos, mayoritariamente coincidentes; los ganadores esperaron la confirmación del IFE; el presidente, en una memorable intervención en la TV (qué tan oportuna habrá sido que Bartlett & Co.

están molestos con ella), reconoce la derrota de su partido y, casi al mismo tiempo, hace lo propio el candidato del PRI.

Vaya pues. Hasta estabilidad cambiaria tenemos. La verdad estoy desconcertada: no sé dónde esconder mi proverbial malinchismo. Por suerte, estoy segura de que las disputas intersáuricas en el PRI se encargarán en los próximos meses de que no olvidemos al México bronco y su lema aterrador: Tabasco nunca pierde y cuando pierde suelta madrazos.
     Tatuada en el ala reptílica de mi cerebro la certeza de que el PRI nunca dejaría el poder por las buenas, y enemiga jurada de las vías no electorales, por simple sensibilidad histórica, el círculo vicioso de mi pasión-repulsión por la política mexicana era la improbable arquitectura de un cadalso con fachada de cornucopia.

Además, en las semanas previas a la cita electoral, el moderado optimismo del cambio posible se fue deteriorando por un bien construido universo semántico: encuestas "serias", voto duro, martes negro, maquinaria electoral, Progresa, Procampo, el crecimiento de Cárdenas divide el voto opositor...

Todo esto se vino abajo la noche del 2 de julio.
     Resalto dos paradojas: de haber ganado el PRI, lo hubiera hecho con el voto de los pobres y miserables que el propio sistema ha creado a lo largo de 71 años de activa y decidida política social. Su derrota se debe al voto ciudadano del otro México, también producto del sistema: el México profesionista, urbano, de clases medias, único en Latinoamérica.


     La servidumbre voluntaria, por ignorancia o conveniencia, terminó en una jornada memorable de la que dan fe estas imágenes que, junto con el plebiscito chileno y las elecciones sudafricanas, son parte ya de la memoria colectiva de la democracia.
     ¿Qué falta? Me conformo con documentar, para Animal Planet, la metamorfosis de las tepocatas y las víboras prietas en prístinas crisálidas democráticas. -