Tocado y hundido | Letras Libres
artículo no publicado

Tocado y hundido

El análisis de la arrolladora victoria del PP en las elecciones en España

El PP ha aplastado al PSOE en las elecciones. Con casi diez puntos de ventaja en las elecciones municipales (del 37,5 % al 27,8%), el PP (37,5 %) duplicó la mayor distancia que había obtenido sobre el PSOE, que se produjo en 1995, en la antesala de la victoria de José María Aznar. Hace cuatro años, su ventaja había sido de siete décimas. Ha sido la fuerza más votada en dos comunidades autónomas simbólicas: Extremadura y Castilla La Mancha. El PP podrá gobernar en 11 de las 13 comunidades que celebraban elecciones. Los socialistas son el partido más votado solo en Asturias y en cinco de las 50 capitales de provincia.

La participación ha subido un punto con respecto a las municipales de 2007. Los votos nulos (389.181) y en blanco (583.739) han ganado un punto. La abstención (33,77%; 11.704.426) ha sido menor que la de hace cuatro años, cuando 12,6 millones de electores no acudieron a las urnas.

Es una victoria descomunal para el PP, pero el batacazo del PSOE ha sido todavía mayor. Los populares han ganado 400.000 votos, mientras que los socialistas han perdido 1,5 millones y siete puntos con respecto a 2007. Han perdido bastiones como San Sebastián, Barcelona o A Coruña. Unión Progreso y Democracia ha conseguido 465.000 votos en las municipales y ha logrado ocho diputados autonómicos en Madrid, donde concentra casi todo su voto. Izquierda Unida recupera 200.000 votos y ha pasado del 5,48 % al 6,33 % en las municipales, pero ha perdido la alcaldía de Córdoba. Ante el hundimiento del PSOE, el aumento parece pequeño. CIU ha vencido en las municipales catalanas: gana también la alcaldía de Barcelona, tras 32 años de hegemonía del PSC.

Un elemento perturbador de las elecciones ha sido el éxito de Bildu, que ha sido la segunda fuerza más votada en las municipales del País Vasco (ha obtenido el 25,45 % de los sufragios) y la primera en número de concejales. Tendrá siete escaños en el Parlamento de Navarra. Los independentistas han recibido 313.000 votos; en 2007, cuando no condenaban la violencia, los dirigentes de Euskal Herritarrok recibieron 228.000 votos. El partido xenófobo Plataforma per Catalunya ha quintuplicado su representación en los ayuntamientos del área metropolitana de Barcelona.

La derrota ha sido tan contundente que Zapatero ha tenido que comparecer, con un aire levemente póstumo. Atribuye el resultado a la crisis. Dice que es bueno respetar los tiemposy que no piensa convocar elecciones anticipadas porque cree que debe acometer otras reformas necesarias. Aunque fue rápido en reconocer la derrota y en felicitar al partido rival, esa explicación –los nuestros no nos han entendido– es autoindulgente y parcial. Las reformas de mayo de 2010 han alejado al PSOE  de los votantes de izquierdas, pero pesan más las tremendas cifras del paro, y la sensación de torpeza que transmiten los socialistas al afrontar la crisis: con medidas disparatadas y demagógicas que agotaron la confianza y el margen fiscal al principio; después, con una negación sistemática de la situación y la certeza –heredada por los manifestantes de Sol– de que las intenciones son más importantes que la realidad, para terminar promoviendo algunas reformas sin convicción ni una explicación persuasiva. En todo caso, España necesita más reformas y Zapatero tendrá difícil agotar la legislatura: mientras el 21 % de la población activa está en paro y el país es observado por los mercados y sus socios europeos, habrá de enfrentarse a muchos ayuntamientos y comunidades gobernados por el Partido Popular, con la falta de autoridad que se deriva del fracaso electoral, con dificultades para encontrar apoyos en el Parlamento y con los nervios que puede haber entre los miembros del Partido Socialista que se presenten a las próximas generales y tengan miedo de sufrir el castigo de medidas impopulares.

Los dos partidos mayoritarios han afrontado estos comicios como un ensayo de los generales. La campaña ha sido espantosa: el PP exigía a los votantes un acto de fe, como si, cuando ellos llegaran al poder, las cosas fueran a arreglarse solas; el PSOE ha agitado el fantasma del miedo a la derecha. Apenas se ha tratado la situación económica de los ayuntamientos y las comunidades, un asunto central para reducir el déficit. Se ha hablado más de otras cosas: al principio, de la legalización de Bildu; al final, de la algarada prepolítica, populista y sentimental de Sol. Quizá, en este tiempo, tendríamos que empezar a ver las medidas que el PP ha pensado contra la crisis. Son muy importantes ahora y lo serán aún más tras las próximas elecciones generales.

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