Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar... | Letras Libres
artículo no publicado

Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar...

Hablar de Juárez es hablar de una ciudad herida.

...pero debes saber que ya no hay río ni llanto.

¿Cómo hablar de Ciudad Juárez? El corazón acelerado al cruzar el puente desde El Paso, todos los sentidos alerta, vigilantes. La gran equis roja, llena de símbolos contrastantes, que ahora marca la ciudad. La serie de bardas, rejas y cercas que señalan la división Juárez-El Paso que de otra forma sería casi imposible de distinguir. Hablar de Juárez es hablar de una ciudad herida; así me la describió Leticia Calderón. Algo así se respira en Juárez. 

Escribe Jorge Humberto Chávez en su libro Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto (Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, 2013), sobre los silencios de Juárez: "país no era entonces la casa era más bien una extraña frontera donde pasaban cosas que no se podían decir". 

Sus poemas dicen eso que no se puede decir sobre la violencia, la pérdida, la impotencia, la sangre, la mirada siempre al norte: "en este largo día de sol desde esta ciudad que se calcina yo te hablo del llanto y de la herida".

La imagen del río Bravo, presente desde el título, no es la del agua que hay que cruzar para llegar al otro lado, es la imagen de lo que se ha ido secando en esta frontera; el cauce de una ciudad dividida, herida, calcinada, cansada de llorar.  

 

El Río

La ciudad es una. Un río sucio la parte en 2: ciénaga de sudores.
La poesía es muchas: palabras que transmutan apenas cruzas este río.
Una mirada escruta desde los arbustos el paso verde en el agua.
Aquí es el fin del cerrado corazón, el término de un país huérfano;
aquí comienzan otros significados.

El río rojo separa a la ciudad y en cada universo arma su historia
de fiesta o pesadilla. Apenas se traspone el linde la misma voz ora
otras realidades. Desde esta orilla hay la sangre sobre las piedras
y enfrente el arma todavía busca su blanco: piel bañada de lunas
magras contra el silbido del metal. Pero la ciudad es una sola.

Hay un río negro avanzando en medio de la ciudad, un río armado 
de noche entre las astas de los edificios. Divide a la ciudad en negro
y blanco. El sur es un grito; el norte es una fiesta de luz. Este río
avanza bajo los puentes como una daga segando algodonales.
Duele y canta la ciudad, pero bajo la luz del sol es una sola. 

Jorge Humberto Chávez

Fotos de Alexandra Délano