Semana norcoreana (segunda) | Letras Libres
artículo no publicado

Semana norcoreana (segunda)

Noticias superlativas desde Pyongang

Aportamos en seguida –en traducción de nuestra honorable traductora oficial, camarada Xóchitl Sheila Guiú– la síntesis de una superlativa noticia que un locutor dice en coreano y, lamentablemente, sólo tiene subtítulos en la repugnante lengua del imperialismo yanqui.

La noticia, en formato video, retransmitida por la honorable agencia de noticias The Onion aquí, informa que el difunto líder Presidente Eterno (su título oficial) Kim Il Sung, que vive en la luna, invitó a su hijo y heredero, Kim Jong Il, tirano electo de Corea del Norte, a pasar tres días en la luna.

El Querido Líder Kim Jong Il concibió entonces un plan para trasladar la luna a Corea del Norte, con objeto de que su amado pueblo pueda pasearse por ella. “La luna tiene mucho que enseñarnos”, dice el Querido Líder, “hay que escucharla cuando nos susurra algo al oído”.

Una flota de cinco cohetes espaciales irá por la luna y la traerá de regreso a Norcorea, donde será instalada por una brigada de un millón de hombres sobre un pedestal en forma de mano humana, réplica exacta de la mano perfecta del Querido Líder.

Este pedestal en forma de mano humana será el pedestal en forma de mano humana más grande jamás construido.

Una vez instalada la luna en su pedestal –continúa la agencia de noticias– se procederá a sustituir la bandera norteamericana que actualmente mancilla la luna, con la gloriosa bandera de la República Democrática de Corea, la bandera de Kim Jong Il y una orquesta que ejecutará 24 horas diarias temas de las grandes producciones de Hollywood.

“Una vez estando en nuestra posesión la luna –declara en entrevista un científico– habremos de apreciar los efectos que poseer la luna provoca en la gloria nacional”.

Esta proeza –un “proyecto tan bueno que ya fue un éxito” como dice un viandante– significará la más grande y gloriosa victoria norcoreana desde que el Presidente Eterno Kim Il Sung descendió en 1944 al fondo del mar montado en el lomo de una ballena azul con objeto de matar al Espíritu del Gran Cangrejo, causante de los tifones que devastaban al país, y luego regresó a la superficie para derrotar a puñetazos al ejército japonés.