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artículo no publicado

Remakes literarios

Por petición de María Kodama, la editorial Alfaguara se vio obligada a retirar de circulación el libro El hacedor (de Borges). Remake de Agustín Fernández Mallo, conocido escritor español cuya trilogía de novelas Nocilla project le dio nombre al grupo literario “Generación Nocilla”.

 

Por petición de María Kodama, a principios de este mes la editorial Alfaguara se vio obligada a retirar de circulación el libro El hacedor (de Borges). Remake de Agustín Fernández Mallo, conocido escritor español cuya trilogía de novelas Nocilla project le dio nombre al grupo literario “Generación Nocilla”. Concebido originalmente como homenaje al escritor argentino y como un nuevo proyecto de escritura en la era de la tecnología, el libro no fue bien visto por la esposa de Borges debido a que no pagó derechos de autor lo consideró una falta de respeto al escritor argentino.

Frente a esto, un grupo internacional de escritores, profesores universitarios y lectores publicaron una carta en la que expresan su rechazo ante tal situación sin que hayan logrado evitar el retiro del libro. Lo que sigue, supongo, es que todas las personas que compraron un ejemplar lo envíen a la comisaría más cercana a su casa para su inmediata quema pública. Lo que los abogados de la señora no saben es que antes del copyright hubo otra manera de entender el arte y que, al igual que en Jurassic Park, la literatura siempre se abre camino.

Para los clásicos, la literatura es un remake del mundo. El concepto de mimesis se sustenta en la idea de que el arte imita, reproduce y representa la naturaleza. La imitación y la emulación fueron dos motores de la creación artística que los románticos sepultaron debido a la idea moderna de originalidad. Cuando Lope de Vega vendía alguna de sus obras, quien pagaba tenía derecho a modificar los versos según su conveniencia. A nadie se le ocurrió acusar a Góngora de faltarle el respeto a Ovidio cuando escribió la Fábula de Polifemo y Galatea. Una versión a lo divino de los poemas de Garcilaso no era un plagio, sino uno de los muchos caminos de la literatura. La imitación así entendida no desapareció del todo; sobrevive en la parodia, género cuyo interés consiste en la reescritura de un modelo para generar nuevas propuestas artísticas: James Joyce es un ejemplo; Hermann Broch es otro.

¿Cuál es si no la idea de Pierre Menard al escribir de nuevo El Quijote? ¿El plagio? ¿La falta de respeto? ¿Las regalías? En estos tiempos de incertidumbre, un fenómeno bastante redituable es el de los remakes de libros famosos en versión zombi. Allí está, por ejemplo, Pride and prejudice with zombies, que popularizó esta práctica que ha alcanzado a Tolstoi, Dostoievsky y a Emily Brontë entre muchos otros. Para los amantes de este nuevo género, los capítulos finales del libro Filosofía Zombi (Anagrama, 2011) de Jorge Fernández Gonzalo abundan en esta nuevas formas de reescritura.

La idea de un Borges zombi, por desgracia, se ve lejana no sólo por los evidentes obstáculos que pondría su heredera, sino también por su redundancia. Sin embargo, sí tenemos versiones que han escapado de argucias legales, como el relato Help a él (1982), de Rodolfo Fogwill –editado recientemente en Editorial Periférica– y que reelabora “El Aleph”:

La pesada mañana de febrero en que Vera Ortiz Beti tuvo esa muerte espectacular que ella misma hubiese elegido, al salir de la torre de Madero, mirando hacia la plaza San Martín vi unos peones de mameluco blanco que trabajaban sobre las carteleras que afean la estación Retiro...

La discusión es la del copyright vs la tradición, y no se trata de caer en sentimentalismos tales como aquello de que la poesía es de quien la necesita. Se trata de respetar el camino del arte y, sobre todo, de no estorbar a los ya de por sí escasos lectores. Al final de su cuento, Borges escribió:

Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Esa técnica de aplicación infinita nos insta a recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida y el libro Le jardin du Centaure de madame Henri Bachelier como si fuera de madame Henri Bachelier. Esa técnica puebla de aventura los libros más calmosos. Atribuir a Louis Ferdinand Céline o a James Joyce la Imitación de Cristo ¿no es una suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales?