Quejas elevadas a la encargada, musa de la poesía lírica, por el sindicato internacional de los poetas líricos | Letras Libres
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Quejas elevadas a la encargada, musa de la poesía lírica, por el sindicato internacional de los poetas líricos

1. Nunca nos dices qué debemos hacer,

pero sentimos tu repugnante desagrado

si no está hecho,

y bien hecho.

 

2. No nos pagas por hora

ni por semana, ni por año.

Podríamos bregar toda una vida

sin el premio de tu sonrisa,

pero hay que ver cómo bendices

al que un día vertiginoso

sacó una pieza de la nada.

 

3. Careces de instrumentos de precisión

que midan el valor de nuestras [producciones.

(Tus inspectores cambian sin cesar

y algunos te profesan poco afecto.)

 

4. Nos encierras en nuestro idioma

hasta cuando sentimos el frío [de la patria.

Cuanto más justas son nuestras palabras,

más radiantes su música y encanto,

más arduo es para ellas

conservar su atractivo

cuando intentan cruzar una frontera.

 

5. Promueves a los jóvenes de entre [nosotros.

¿Qué más pueden hacer los veteranos?

¿Aprender otro oficio? Si hasta esperas

que esos viejos decrépitos compitan

con la versión más joven de sí mismos.

Exigimos una pensión que dé Seguridad [estética

y un pequeño subsidio de Sabiduría

para sobrellevar los males del invierno.

 

6. Debemos mantener la productividad

aun cuando no hay demanda.

Nuestras piezas atestan el mercado.

Nadie nos presta oído.

¿Debemos achacarlo a nuestra [incompetencia?

 

7. Tenemos quejas. Nos quejamos.

Pero nunca nos pondremos en huelga.

Tememos por el cierre de tu fábrica

como tememos nuestra muerte.

Hace tiempo, cuando nos diste empleo,

pensamos que sería de por vida. ~

 

 

 

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Versión del inglés de Jordi Doce.