¿Por qué no habrá un nuevo Nirvana en el futuro próximo? | Letras Libres
artículo no publicado

¿Por qué no habrá un nuevo Nirvana en el futuro próximo?

Esta era una banda a la que que no le interesaba la mitología ni el lujo, sino el hacer música emocionante en lugares pequeños, sacar sencillos en ediciones limitadas y ser entrevistados en fanzines.

Hablar de Nirvana es invocar a un monstruo. Todo lo que tenga que ver con el trío y su líder Kurt Cobain se pinta con brocha gorda. Fueron la banda más grande del mundo, la más influyente; Cobain fue la voz de una generación y una figura trágica casi helénica. Nada de lo que se diga del grupo es de nuestra tierra. Fueron una leyenda increíble de atestiguar y para los que no lo vivieron resulta difícil de creer.

Por supuesto, no son los únicos. A partir de Elvis y los Beatles, hemos tenido a gente fuera de lo común en el rock; gente que “nadie podrá reemplazar” y que, en general, dejaron intacto su legado. Ya sea Jim Morrison y sus poemas malditos, Hendrix y su habilidad sobrehumana para tocar guitarra, Led Zeppelin y sus composiciones épicas, Pink Floyd y sus melodías existencialistas, U2 y sus composiciones mesiánicas o Bob Marley y su rebeldía humanista (y un largo etcétera). Constantemente han marcado a generaciones no solo de músicos sino de fans; son referencias obligadas que aún repercuten a través de canciones conocidas alrededor del mundo. Nirvana tomó esa estafeta pero ya no tuvieron a quien dársela.

Durante la más reciente ceremonia de inducción al Salón de la Fama del Rock N’ Roll, los miembros sobrevivientes de Nirvana tocaron con diferentes vocalistas, todas mujeres. Entre las invitadas –leyendas como Joan Jett, Kim Gordon de Sonic Youth y St. Vincent– estaba Lorde, que fue foco de muchas críticas tanto favorables como en contra, muchas más que cualquier músico presente. La razón fue clara: muchos creen que Lorde podría ser la nueva Nirvana.

Ella Marija Yani Yellich O’Connor de 17 años ha logrado que niños, adolescentes y adultos la favorezcan. “Royals”, el sencillo que la catapultó desde las redes sociales hasta la radio mundial, denuncia el materialismo y ofrece una alternativa melódica y original a cantantes juveniles que solo hablan de fiesta y dinero. No solo ha conseguido popularidad sino también se ha hecho acreedora a dos premios Grammy. Otros ganadores de dicho premio, Arcade Fire también han sido mencionados como los nuevos Nirvana. De enorme influencia en el sonido de grupos nuevos, también han obtenido el reconocimiento de gente de la talla de Bono o David Bowie. Cada que esta agrupación canadiense lanza un disco es un evento discutido tanto por los críticos más prestigiosos como por fans del rock moderno en general.

Ambos artistas presentan una alternativa a lo que se escucha hoy en día. Por un lado, Lorde presenta música minimalista y sobria en comparación a las estruendosas producciones de electrónico bailable que adornan todas las melodías populares entre la juventud sedienta de fiesta. De igual manera, Arcade Fire nos dan violines, vientos, guitarras con sonidos cálidos y voces sin adornos inclusive en sus momentos más frenéticos o bailables, como lo prueba Reflektor, su aclamado disco del 2013. Aunque vayan tan en contra del modus operandi de la mayoría, ambos han podido convocar a un número considerable de fans por lo que podríamos pensar que, con un pequeño esfuerzo más, lograrían llegar a niveles de omnipresencia como las más grandes leyendas del rock.

Sin embargo, no lograrán tener el impacto de Nirvana y no lo escribo por molestar; tengo razones de peso. Desde la muerte de Cobain en 1994 no ha habido un artista que haya tomado su lugar, aunque mucho se ha especulado. Radiohead, Green Day, At The Drive-In, The Strokes, Limp Bizkit, My Chemical Romance, The White Stripes, Vampire Weekend, y muchísimos más han sido mencionados. Ninguno ha alcanzado reconocimiento tan masivo e icónico.

Esto se debe en parte a que vivimos en un mundo muy diferente al que Kurt Cobain conoció. A través del internet, tenemos acceso infinito a música que antes no llegaba a nuestros oídos. Ritmos y timbres provenientes del otro lado del mundo están a un video de YouTube de distancia. Cada vez más, nuestra paleta sonora se abre y aceptamos más estilos y géneros, al contrario de lo que sucedía antes con los medios disponibles, la radio, TV y discos que eran limitados en su contenido. Es posible que te guste el indie rock y el pop adolescente; y muchos son fans tanto de Miley Cyrus como de Lorde, por más opuestas que sean sus propuestas. Al mismo tiempo, no hay un artista que abarque todos los géneros. Aunque Arcade Fire se conviertan en la banda más grande del mundo, hay un sector enorme de consumidores que no les interesa lo que hacen; para otros, son solo un ingrediente más en su caldo musical. El mapa musical es tan amplio que un rey no podría gobernar a todos.

La irrupción del hip-hop en el mainstream musical es otro factor importante. Los años en los que Nirvana estuvo activo (1988-1994) coinciden con los años en los que la música urbana negra creció y fue cada vez más aceptada por el grueso consumidor de música. Sin embargo, aún era visto como un género muy marginal y no tenía la ubicuidad que obtendría en unos años. Nirvana marcó un regreso al rock, lejos del baile, ritmo y tendencias urbanas de color del pop de los ochenta. Nevermind, el disco que catapultó al trío, derrocó a Dangerous de Michael Jackson de la posición número 1 de las listas Billboard. Otra muestra es To The Extreme de Vanilla Ice, el cuál ha vendido siete millones de copias tras su lanzamiento en 1990. Solo un año después, Nevermind tendría un impacto que repercutiría en 30 millones de unidades vendidas y contando. (Como referencia, los tres discos mejor vendidos del hip-hop son Speakerboxxx/The Love Below (2003) de Outkast con 11.7 millones, The Marshall Mathers LP (2000) de Eminem con 11 millones y Life After Death (1997)de Notorious B.I.G. con 10.2 millones). La muerte de Kurt Cobain marcó un regreso a la música creada por minorías como la que informa las tendencias más populares en el mundo occidental.

La industria musical misma ha cambiado. Históricamente se han dedicado a desarrollar talento pero, ya que esa tarea es desarrollada por los mismos artistas y usuarios a través de blogs y redes sociales; las disqueras ahora viven de sus glorias pasadas. Se dedican a la nostalgia, reempaquetando artistas que garantizan ventas de millones de álbumes al año. En vez de buscar al “nuevo Nirvana”, las disqueras están más preocupadas por relanzar los discos que Kurt, Dave y Krist hicieron hace 20 años, adicionado con material extra “nunca antes escuchado”.

Aunque el escenario actual no se presta para que exista una banda que logre el impacto que Nirvana tuvo, tal vez otra de las razones de peso sea por lo peculiar del caso de la “última gran banda de rock”. En verdad, era una banda que no le interesaba la mitología ni el lujo, sino el hacer música emocionante en lugares pequeños a volúmenes muy altos. Sus miembros vestían ropa de segunda y camisetas de sus bandas amigas. Nirvana crecieron dentro del punk, del “hágalo usted mismo”; para ellos, el éxito era subirse a una camioneta y tocar en recintos clandestinos, sacar sencillos en ediciones limitadas y ser entrevistados para fanzines. Después de todo, para ellos los rockstars eran el enemigo, quienes quitaron todo lo que hacía del rock algo increíble.

Dicho esto, pienso que hay algo aún más grande y más humano. Las melodías que Kurt Cobain componía eran agradables y sin complicaciones, mientras que sus letras hablaban de una verdad emotiva universal que pocos han podido canalizar, aunque no han dejado de intentarlo y fracasado en el camino. “Extraño la comodidad de sentirme triste”, cantó en un coro alguna vez, algo que, aunque contradictorio, no deja de ser verdad, algo que muchos hemos sentido aunque no logramos expresarlo con tanta facilidad. Entre el final de un chiste y la abstracción de la palabra poética, Kurt tenía justo la cantidad correcta de vulnerabilidad para hablar por la angustia humana y expresarlo en una canción que todos podemos tararear después de escucharla por primera vez.