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artículo no publicado

Se busca candidato independiente

Las elecciones de 2018 seguramente serán unas de cambio y abren el espacio natural para una candidatura independiente.

A menos de que una crisis imprevista altere el curso del país y consolide las posiciones actuales (parecido a lo que ocurrió en 1994 tras la muerte de Luis Donaldo Colosio), la del 2018 será una elección de cambio. El creciente desencanto mexicano con el proceso democrático, dramáticamente claro en la encuesta de Latinobarómetro, y el desprestigio de la clase política, especial pero no exclusivamente del partido en el gobierno, abrirán la puerta a opciones que prometan una alternativa de gobernabillidad. A pesar de su innegable fortaleza electoral reciente, el PRI tendrá problemas para quedarse en Los Pinos. No hay manera de que la sucesión de escándalos y tropiezos del 2015 y la impopularidad del presidente Peña Nieto no le cuesten al PRI en una elección, sobre todo si el candidato en la boleta es parte del círculo peñanietista. Las cosas no pintarán mucho mejor para el PAN. En un escenario electoral de cambio, Acción Nacional tiene pocos argumentos para presentarse como un revulsivo, y mucho menos con su extraña lista de aspirantes actuales... Y aunque haya voces que insistan en identificar a Andrés Manuel López Obrador como gran beneficiario del descontento, lo cierto es que no hay razón alguna para asumir que el líder de la izquierda posee aún el monopolio de la narrativa del cambio. Sin dejar de lado la importancia y fidelidad de su base de votantes, lo cierto es que los números de López Obrador en elecciones federales no dan para identificarlo como el candidato ideal para aprovechar la ola de desencanto. En cierto sentido, López Obrador ha cumplido lo que prometió: desde hace una década estableció un gobierno paralelo, con el desgaste que eso implica. Aunque seguramente están lejos de los niveles de desaprobación del presidente, es irracional soslayar los negativos de AMLO.

Hay, pues, el espacio natural para una candidatura independiente. Las condiciones, de hecho, son ideales y, quizá, irrepetibles. No se necesita ser un experto en el arte de la venta política para elaborar el hipotético discurso de dicho candidato presidencial: el rechazo a una clase política corrupta (de todos lados, de derechas e izquierdas), comprometida únicamente con su propia supervivencia a través de la endogamia más cínica. No se trata de inventar el hilo negro, basta con adaptar con sagacidad el exitoso discurso del outsider a una elección presidencial en México. Vicente Fox lo hizo, a su manera, en el 2000. Más allá de la decepción subsecuente, la campaña presidencial foxista fue absolutamente ejemplar. Con todos sus bemoles, El Bronco lo hizo en Nuevo León. Lo mismo puede suceder en el 2018 con un candidato independiente a la presidencia.

Pero precisamente porque la ventana de oportunidad es histórica, las distintas corrientes sociales que anhelan una candidatura independiente deberían pensarse bien a quién apoyan y cómo lo apoyan. De poco servirá una candidatura que no haga suya la variable generacional. Un candidato que no entienda, apele y guste a los jóvenes será un candidato condenado al fracaso. Lo mismo ocurre con aquellos (que no son pocos) que sueñan con ver su nombre en la boleta como la culminación natural de un arrebato narcisista. Una campaña presidencial desnuda todos los vicios psicológicos del aspirante, comenzando con la megalomanía. Idealmente, en el 2018 no tendría que haber lugar para los grandes egos. Por último, claro, el candidato independiente deberá ser realmente independiente. No todo el electorado es brillante, pero tampoco tonto: no porque enarbole colores nuevos, el político de siempre deja de serlo. La independencia política no se adquiere por decreto.

Sinceramente creo que el candidato independiente del 2018 debería surgir de mi generación. Al decirlo no incurro en el defecto que tanto critico. Es decir, no peco de soberbia ni de, digamos, narcisismo generacional. Aspiro, eso sí, a un relevo relativamente joven que sepa canalizar el descontento actual y, crucialmente, a entender y encarnar las aspiraciones de un universo de juventud que jamás se ha visto realmente representado por la clase política del país.

La oportunidad está ahí. Es evidente y hasta emocionante. Esperemos que el cauce de la historia sepa encontrar a la persona indicada y que su camino se libre de los nubarrones y resistencias de siempre.