Podemos: ¿Asalto al cielo o camino al infierno? | Letras Libres
artículo no publicado

Podemos: ¿Asalto al cielo o camino al infierno?

Tres cosas admirables y tres preocupantes acerca de Podemos y Pablo Iglesias. 

Parece guión de película, pero es una historia de la vida real. Es como ver la épica de los gurús de la innovación en Apple o Facebook, pero aplicada a la búsqueda del poder. Hablo de Pablo Iglesias y los ambiciosos jóvenes que lo acompañan, quienes han puesto de cabeza a España con su start-up político: Podemos. En cosa de un par de años, este pasó de ser un movimiento underground de protesta universitaria a ser el partido político con mayor intención de voto en las próximas elecciones generales.

Comparto con ustedes tres cosas que me parecen admirables y tres que me parecen preocupantes de este interesante fenómeno político.

Primero, tres cosas que admirarle a Podemos:

1. Su capacidad de leer el momento político y social. Propios y extraños reconocen la capacidad de Podemospara entender el momento que vive España, hoy sumida en una grave crisis económica y política. Uno de cada cuatro españoles sufre el desempleo. Miles de ancianos se quedan sin pensión y son echados de sus casas al no poder pagar la renta o la hipoteca. Los escándalos de corrupción se suceden unos a otros y alcanzan no solo a las altas esferas de los partidos, sino que llegan, incluso a la Corona Española. Hay recortes a programas sociales y, al mismo tiempo, millonarios rescates a bancos. Hay enojo y desesperación crecientes. Es la hora de “los indignados” y Pablo Iglesias lo sabe muy bien. “Van por el voto del cabreo”, dice un crítico. Y justamente de eso se trata: de convertir la indignación en movimiento político.

2. Su excelente manejo de las plataformas de comunicación. Iglesias y su equipo han tenido un gran talento para transmitir su mensajede manera disciplinada y coherente en varios medios. Construyeron un discurso que resuena perfectamente con el enojo de un gran número de españoles, sobre todo entre los jóvenes a los que el sistema les dio la espalda. Gracias a un trabajo dedicado, lograron abrirse espacios para propagar su mensaje, primero en internet –con videos virales dirigidos a su primer audiencia objetivo–, después en programas de debate de canales de paga y, finamente, en televisión abierta. Todo ello combinado con un hábil uso de redes sociales para “viralizar” sus frases. Como un surfista experto que se monta sobre la ola del descontento, Iglesias se dedica a vender esperanza en tuits: “Nosotros representamos la ilusión”; “No somos ni de izquierda ni de derecha”; “El cielo no se toma por consenso, sino por asalto”. Es, sin duda, un caso de estudio de las campañas políticas multiplataforma del siglo XXI.

3. Su habilidad para organizarse en tierra. De nada servirían los tuits pegadores y los videos virales si Podemos no se hubiera organizado bien como partido político. Y para ello, tuvieron que invertir tiempo y esfuerzo en el trabajo “terrestre”, es decir, en el contacto directo con la ciudadanía. Podemos organizó círculos de militantes, primero para armar protestas simultáneas en varias ciudades y, después, para afiliar ciudadanos y reunir las firmas necesarias a fin de lograr candidaturas formales al Parlamento Europeo. Iglesias pensó que tardarían semanas en juntar las 50 mil firmas necesarias. Lo hicieron en un día.

Tres cosas para tenerles cuidado:

1. Su doble discurso. ¿Qué ofrece en concreto Podemos que es tan atractivo? Hasta hace unas semanas, ni su ideólogo sabía: “el partido es un recién nacido y es prematuro exigir detalles al respecto”, contesta. Pero al final, tuvieron que presentar algún documento de propuestas económicas y estas no resultaron ser el desembarco de la revolución bolivariana que habían prometido, sino una lista de ideas heterodoxas medio descafeinadas para revivir el Estado de Bienestar, sin precisar quién va a pagar la cuenta. Qué bueno que entendieron que la mayoría de los españoles quiere vivir en Suecia, y no en Venezuela, pero al mismo tiempo siguen manejando un discurso radical que no va con la “socialdemocratización” de su plataforma. Este doble discurso puede  costarles en términos de credibilidad: ni los inversionistas creerán que son moderados ni los radicales les creerán que van en serio contra el sistema.

2. Su pretendida superioridad moral. Uno de los problemas con los movimientos como Podemos es que se adjudican de inmediato una superioridad moral con el que es imposible discutir. En los debates televisivos, Iglesias aplica recetas que de este lado del charco son muy conocidas, pero que allá parecen novedad: si las manifestaciones son violentas, peor es la violencia de los ricos contra los pobres; si le muestran manifestantes violentos golpeando policías, es porque son infiltrados del gobierno; si le explican que atacar edificios públicos es violar la ley, responde que “la casta” (lo que aquí se conoce como “mafia en el poder”) la viola peor todos los días. La “sociedad” es buena. La “casta” es mala. Fin de la discusión. Verlo desafiar así a pomposos políticos y analistas conservadores puede ser entretenido. Pero cuando uno piensa en que alguien así decida desde el poder quién es bueno y quién es malo, preocupa.  

3. Su caudillismo mesiánico. Sin duda, el talón de Aquiles de Podemos es que, a pesar de que en el discurso se trata de un movimiento colectivo, tiene una dependencia absoluta del liderazgo carismático de Pablo Iglesias. Este es ya reconocido en las encuestas como uno de los líderes más confiables para los españoles. Pero Iglesias comienza a dar señales de creérsela, como decimos en México. No pocos han visto en él y en sus acólitos rasgos preocupantes de autoritarismo mesiánico: hay que oírlo ensalzar a Robespierre y el uso de la guillotinacontra “los opresores” para darse cuenta de que el hombre siente que está llamado, no a servir a su país o a liderear un movimiento ciudadano, sino a traer la justicia flamígera a este mundo corrompido.

En suma, Podemos es un fenómeno político que hay que seguir muy de cerca este año, para ver si al final logran renunciar al ansia de poderpara revolucionar la política, o si acceden al poder renunciando al idealismo, tal como lo han hecho todos los gobernantes populistas a los que tanto admiran. El tiempo dirá si Podemos es el asalto al cielo o el camino al infierno, empedrado de buenas intenciones.