Mancera: ¿un político en self-destruction mode? | Letras Libres
artículo no publicado

Mancera: ¿un político en self-destruction mode?

Hoy, no es exagerado pensar que Mancera está al borde de convertirse en un político en “self-destruction mode”: esa espiral incontrolable de malas decisiones, declaraciones desafortunadas y discursos errados.

El Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, llegó a su Primer Informe de Gobierno con una grave merma en su capital político. Apenas hace ocho meses, las cosas se veían muy distintas. Luego de una arrasadora victoria electoral, Mancera –joven, bien preparado y carismático– prometía ser una continuación de la exitosa administración de Marcelo Ebrard. Sin embargo, una serie de errores tácticos y una desastrosa estrategia de comunicación y de manejo de crisis comenzaron muy pronto a hacer mella en su imagen. Hoy, no es exagerado pensar que Mancera está al borde de convertirse en un político en “self-destruction mode”: esa espiral incontrolable de malas decisiones, declaraciones desafortunadas y discursos errados que van sumándose hasta generar una percepción –justa o no– de ineficacia y falta de liderazgo.

El pésimo manejo del caso de la desaparición de 12 jóvenes en el Bar “Heaven” (que analizo aquí) anunciaba ya que la curva de aprendizaje del nuevo gobernante se veía pronunciada.  Y antes de que pudiera cerrar ese episodio, esa crisis simplemente se vio sustituida por otra: las  manifestaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) contra la reforma educativa. Ante bloqueos de vías primarias e instalaciones estratégicas (como el aeropuerto) y manifestaciones violentas que afectaban cada vez más a la sociedad capitalina, Mancera y su equipo reaccionaron con la misma falta de sensibilidad y pericia que en el caso Heaven: minimizaron el hecho, eludieron la responsabilidad del GDF y, finalmente, terminaron por marcar una raya en el suelo, no para ponerle un límite a la CNTE, sino para enfrentarse discursivamente a los ciudadanos que exigían a su gobierno la aplicación de la ley para proteger sus libertades.

Son muchos los errores de discurso y manejo de crisis que el gobierno de Mancera ha cometido desde el inicio de las protestas magisteriales. Aquí menciono tres que me parecen especialmente llamativos:

1. En situaciones de crisis, la autoridad puede ser todo, menos “neutral”. La brusca e indeseada irrupción de la CNTE en la vida de los capitalinos obligaba al Jefe de Gobierno a ponerse del lado de los ciudadanos al cien por ciento, sin dudas ni regateos. Esto, desde luego, no implicaba la represión generalizada al estilo del gobierno de Siria. La gente simplemente quería saber que su Jefe de Gobierno estaba con ellos, que la autoridad estaba realmente de su lado, dispuesta a negociar, dialogar o a aplicar la ley para evitar afectaciones a su bienestar. Discursivamente, Mancera tenía que convertirse en el portavoz de una ciudadanía preocupada y agraviada y,dentro del marco de la ley, tomar las medidas necesarias –fueran mantras tibetanos o toletazos granaderiles– para evitar que la situación se saliera de control. Sin embargo, nuestro alcalde optó por ponerse en un lugar que nadie le pidió: espectador neutral y promotor de la no violencia. Lamentablemente, en una crisis política y social la neutralidad es sinónimo de debilidad. Y cuando viene de la autoridad que está obligada a defender a la ciudadanía, la neutralidad es sinónimo de negligencia e irresponsabilidad.

2. Cuando las crisis golpean, o construyes una narrativa efectiva o tus adversarios la van a construir por ti. Las crisis generan una fuerte demanda de parte de los ciudadanos para saber qué está pasando y quién y cómo va a proteger su bienestar. El reto es doble cuando la crisis, como en este caso, genera una sensación de caos que afecta el estado de ánimo de millones de personas. El trabajo de los líderes es reducir la incertidumbre a través de una explicación clara de cuál es el problema y cuáles las alternativas de solución o mitigación. Al adoptar una postura de “es un conflicto del gobierno federal”, y renunciar a construir una narrativa propia sobre los pasos concretos que iba a dar para ayudar a resolver el problema, el Jefe de Gobierno dejó durante varios días que la historia la escribieran sus críticos. Al final los hechos lo rebasaron y para cuando quiso reaccionar y hacer oír su voz, la sentencia era clara: fue tibio, omiso y negligente.

3. En democracia, los ciudadanos son los protagonistas, no los gobernantes. Mancera tenía en su discurso de Primer Informe de Gobierno una buena oportunidad para enmendar el camino. Para ello, se requerían dos cosas: humildad y honestidad. Humildad para reconocer errores e insuficiencias y honestidad para rendir cuentas de sus acciones y poner sobre la mesa los elementos que lo llevaron a actuar como lo hizo. Se requería un discurso elocuente y sincero que le hablara directamente a los ciudadanos; un discurso sensible, que reconociera que, a pesar de la estridencia y el caos, fueron los ciudadanos del Distrito Federal los que mostraron civilidad, paciencia y tolerancia. A ellos tenía mucho que agradecer y reconocer.

Pero no. Sus redactores de discursos parecen no saber que la ciudad es habitada por personas de carne y hueso cuando le escribieron que:  “Las afectaciones a la vida cotidiana de la ciudad generan justificada indignación; el costo de la capitalidad queda claro”. Qué diferente hubiera sido si le hubiera hablado al emprendedor que no ha podido abrir su negocio, al trabajador que ha sufrido sanciones por no llegar a su oficina, al estudiante que ha perdido clases, a la jefa de familia que no ha podido llevar dinero a su hogar. Qué sano hubiera sido oír una disculpa sincera a todas esas personas y –mejor aún– una serie de medidas concretas para resarcir en algo el daño sufrido o al menos evitar que vuelva a repetirse. Nada de eso. Generoso y cálido fue en sus agradecimientos de arranque a “sus amigos” políticos, gobernadores y legisladores. A la gente de a pie, sus redactores apenas le dedicaron media línea en lenguaje críptico: “a las y los capitalinos mi expresión solidaria”. Y yo que pensé que la insensibilidad era privilegio de la derecha.

Sin duda, gobernar una megalópolis como la ciudad de México es una tarea compleja, que demanda habilidades que van desde el manejo político de rancias estructuras clientelares hasta la capacidad de comunicarse con agilidad y firmeza en un contexto de permanente crítica por parte de los medios de comunicación. Precisamente por la dificultad del reto es que se espera mucho de quien decide ponerse a la cabeza de una ciudad así. Todos seguimos esperando mucho del Jefe de Gobierno. Por el bien de la ciudad y de quienes vivimos en ella, espero que el Doctor Mancera salga del “modo autodestrucción”, mejore su comunicación y enmiende el rumbo de sus decisiones.