Los profesionales de Peña | Letras Libres
artículo no publicado

Los profesionales de Peña

El hipotético cronista de las elecciones del 2012 tendrá tres hilos narrativos bien definidos que contar. 

 

Toda campaña electoral tiene una historia. Las más interesantes han dado pie a textos extraordinarios (la última elección en Estados Unidos produjo libros inolvidables, como el ya clásico Game Change, de Heilemann y Halperin). Cuando alguien escriba la crónica de la campaña presidencial mexicana de 2012, tendrá entre manos tres narrativas establecidas con firmeza. Está claro, por ejemplo, que la campaña de Josefina Vázquez Mota comenzó con el pie izquierdo y aún no acierta a encontrar ni el tono ni el mensaje. ¿Cómo se explica semejante desacierto? He escuchado explicaciones diversas, desde el encono “insuperable” (¡vaya suicidio adolescente!) que dejó la elección interna del PAN hasta el papel tóxico que ha tenido el círculo familiar de la candidata al tratar de influir en el diseño de la campaña. En cualquier caso, lo de Acción Nacional en esta elección es dramático. Era natural suponer que, tras 12 años, el PAN habría aprendido a organizar una campaña profesional. Lo que ha ocurrido es lo contrario. Los primeros spots de la campaña, en los que la candidata aparecía mal iluminada y almidonada hasta el absurdo, quedan ya como una clase de lo que uno no debe hacer cuando comienza un proceso electoral. El equipo de Josefina Vázquez Mota sufre del único defecto inadmisible en estas lides: la novatez. Así no se puede ganar una elección.

El hipotético cronista de los comicios de 2012 tendrá un trabajo más complicado cuando trate de narrar lo que ha intentado hacer Andrés Manuel López Obrador. Por un lado, deberá rescatar la disciplina con la que el candidato de la izquierda ha defendido su cambio de tono. Pasan las semanas y López Obrador no ha cedido a la tentación de atacar. Parece convencido de que es posible ganar una campaña no solo viniendo de muy atrás, sino haciéndolo exclusivamente a través de un talante positivo. Como principio moral es loable; como estrategia es cuestionable. No conozco un solo ejemplo en el que alguien haya logrado semejante hazaña. A estas alturas, López Obrador parece confiar en dos variables: la supuesta maquinaria piramidal que ha construido en los últimos años y, de manera crucial, en algún gravísimo error del puntero. Que el voto duro lopezobradorista se presente, entero, en las urnas y además logre convencer a otro buen porcentaje de votar por AMLO, suena como una suerte de alquimia electoral. Todo puede pasar: como cualquier decisión, el voto es caprichoso. Pero eso sí: el segundo factor al que apuesta López Obrador me resulta mucho más improbable.

Digo que un error de Enrique Peña Nieto se antoja remoto porque, a diferencia de Josefina Vázquez Mota, la campaña del priista ha sido, hasta ahora, un ejemplo de profesionalismo y control espartano. Si algo ha quedado claro en la historia reciente de la política electoral mundial es que las campañas son operaciones complejas que requieren una suerte de micromanejo de verdad obsesivo. Eso es exactamente lo que ha hecho el equipo de Peña. Los peñanietistas han aprendido de la historia. Ejemplos sobran. Sus spots son de primer mundo, cátedra de producción y lenguaje cinematográfico al servicio de la política. Han respondido rápidamente a las acusaciones y señalamientos, tanto de sus antagonistas como de la prensa. Entendieron que, ante una campaña negativa, la peor estrategia es la del silencio. Es más: como hiciera Barack Obama en 2008, el equipo de Peña lanzó un sitio de internet para responder, casi de inmediato, a las acusaciones de sus rivales.

Hace unos días pude ver la eficiencia peñanietista en acción. Cuando solicité una entrevista con el candidato recibí una decena de correos y llamadas de su equipo. Su coordinador de prensa internacional visitó el lugar donde ocurriría la charla. Incluso tomó nota de los tiros de cámara. Buscó dialogar conmigo antes del encuentro y me compartió inquietudes después de la entrevista. En pocas palabras: hizo su trabajo. Me quedó la impresión de estar lidiando con un equipo obstinado, en lo suyo, profesional, de primer mundo. Si Peña Nieto gana a principios de julio, gran parte de la responsabilidad será de la operación que lo arropa. Si pierde, en cambio, no podrá achacarle el fracaso al grupo que le ha diseñado la campaña. Ya quisieran otros estar en la misma situación.