Jan Brewer y su hueso | Letras Libres
artículo no publicado

Jan Brewer y su hueso

La aprobación de la ley antiinmigrante de Arizona, la más severa en Estados Unidos, es una muy mala noticia. Ahora, las autoridades locales podrán detener a alguien que parezca indocumentado para que aclare su situación migratoria. Por eso es que Arturo Sarukhán, embajador de México en Estados Unidos, tiene razón cuando explica que lo que promulgó la gobernadora Jan Brewer es un ejemplo de la más vergonzosa discriminación racial. Además, los peligros a la hora de llevar a la práctica los nuevos lineamientos de detención pueden convertir a Arizona en un polvorín, con redadas que pongan en riesgo las garantías de miles de migrantes indocumentados y muchos más que son —asunto crucial— ciudadanos plenamente legales. La medida es, incluso, una especie de suicidio económico para Arizona. Con 30 por ciento de población hispana (el doble que el promedio estadunidense), son enormes las consecuencias que puede tener un éxodo o un boicot masivo.

Aun así, a pesar de todos estos factores, la decisión de la gobernadora Brewer es comprensible si se le mira bajo la lupa adecuada. Brewer enfrenta este año una complicada lucha para buscar la reelección. Primero tendrá que salir airosa del proceso de primarias del Partido Republicano. Brewer debe vencer a dos rivales que han hecho de la agenda antiinmigrante su prioridad. John Munger, líder estatal del partido, y Buz Mills, militar en retiro, le han pisado los talones a Brewer desde hace meses. Mills, en particular, ha sido un rival de cuidado. Gracias a un discurso muy severo contra la migración ilegal y a favor de controles fronterizos draconianos, llegó a estar a un par de puntos de Brewer en la lucha por la candidatura republicana. Eso explica la nueva ley. La promulgación de la iniciativa SB1070 le da a Brewer varios argumentos para consolidarse como la aspirante de su partido para las elecciones del 2 de noviembre, en las que enfrentará a Terry Goddard, quien fuera alcalde de Phoenix y es reconocido como un moderado en asuntos migratorios (moderado para los estándares de Arizona, que no es decir mucho). Así, en un estado cada vez más golpeado por el crimen transfronterizo, la SB1070 representa, tristemente, una tabla de salvación para una gobernadora en problemas. No es menos. Pero tampoco más.

Naturalmente, una de las preocupaciones centrales de los analistas de la agenda hispana en Estados Unidos es si la aprobación de la ley revela una posible radicalización en todo el país. Es una preocupación comprensible. Por un lado, es cierto que el Partido del Té parece ir ganando en relevancia en ciertos círculos en Estados Unidos. También es verdad que la defensa de la reforma migratoria no es, ni con mucho, popular en la política estadunidense: si la reforma sanitaria fue una papa caliente, la reforma migratoria integral sería capaz de desatar un cisma profundo en Washington. Pero hay un argumento que, a final de cuentas, demostrará ser más importante que cualquier otra consideración: la dinámica demográfica sigue estando del lado de los latinos. La población hispana sigue creciendo y, a juzgar por la última votación, está cada vez más dispuesta a participar activamente en la vida política y electoral del país. La pregunta ya no es si los latinos votarán, sino cómo votarán. Amarrado como está por las causas más conservadoras, los republicanos prácticamente han claudicado en su afán de conquistar el voto hispano (Jan Brewer podrá haberse asegurado el favor de los conservadores racistas de Arizona, pero habrá que ver cómo le va con los latinos en la elección). Los demócratas, en cambio, han tratado de consolidar su vínculo con los hispanos. No es casualidad que Barack Obama haya elegido a una mujer de origen puertorriqueño como su primer nombramiento a la Suprema Corte. Por supuesto, el guiño es insuficiente, pero demuestra algo que debe otorgar sosiego: a la larga, si uno es político en Estados Unidos, será mejor estar con los hispanos y no contra ellos. La nueva relevancia electoral de los hispanos será mejor que ningún cabildeo profesional en Washington. El “sí se puede” llegó para quedarse. Aunque Jan Brewer, desesperada por conservar su hueso, intente convencer a medio mundo de lo contrario.

León Krauze