¿Cuál PRI es el PRI? | Letras Libres
artículo no publicado

¿Cuál PRI es el PRI?

La democracia representativa permite conocer, a través del comportamiento de los legisladores individuales o de una bancada en su conjunto, el verdadero rumbo e intenciones de un partido político. Incluso en un país como el nuestro, acostumbrado a la parálisis y la dilación, la labor legislativa ofrece una radiografía de la identidad partidista. En los últimos años, por ejemplo, los votantes mexicanos han tenido la oportunidad de darse cuenta de la idea de soberanía que defiende la izquierda nacional. La discusión de la reforma energética consiguió lo imposible: unir a las fuerzas de izquierda alrededor de un ideal, la supuesta “defensa” de los recursos naturales del país. Corresponderá a los electores decidir si dicha postura, prácticamente única en el mundo con la salvedad de países involucrados en experimentos neocomunistas como Bolivia (el caso del litio boliviano es para ponerse a llorar), resulta una virtud en estos tiempos.

La semana pasada nos dejó un episodio que pinta de cuerpo entero a las otras dos fuerzas políticas de nuestra escena. La discusión sobre el exhorto al presidente Calderón para que se solidarizara con los presos políticos en Cuba, ha dejado claro de qué está hecho el gobierno y el PAN y, de manera crucial, buena parte del PRI. A pesar de que la iniciativa fue promovida por el panista Rubén Camarillo, fue otro blanquiazul quien, con su voto, terminó de matar el exhorto. El senador César Leal, quien además encabeza la Comisión de Relaciones Exteriores para la región, dio la más vergonzosa de las razones para explicar su voto contra el exhorto. Dijo Leal que habló con su amigo el embajador de México en Cuba, el Excmo. Gabriel Jiménez Remus, quien le recomendó no hacer olas y rechazar la llamada de atención diplomática. Y remató con esta lindura: “No creo que la opción sea pelearnos con los cubanos por el problema de los presos políticos; es como si golpeáramos a un hermano cuando hay diferencia en algún tema, en lugar de platicarlo.” Este PAN, confundido, temeroso y timorato para todo menos para una guerra cada vez más cuestionada, es el que ha gobernado México durante diez años. El electorado no debe olvidarlo.

Pero mucho menos deberá pasar por alto la verdad detrás del PRI. Fueron los senadores priistas los que encabezaron el asalto contra el exhorto al Presidente. Con argumentos dignos del México echeverrista, los senadores del PRI se dijeron preocupados por el carácter “injerencista” (sic) de la iniciativa. Otros dijeron que la propuesta le hacía el caldo gordo “a los de Miami”, razonamiento digno del cuartel del Partido Comunista cubano antes que de la cabeza de un grupo de legisladores en Xicoténcatl. Algunos más no dieron razones: la orden venía desde arriba en la estructura priista. Y ese, claro, ese es el problema. La versatilidad ideológica del PRI —la gran carpa posrevolucionaria— es, en realidad, una larga tradición de cinismo. En casa del “ogro filantrópico” caben todos, y a todos se les da coba. El problema es que, en el México de principios del siglo XXI, el partido que aspira a gobernar no se puede dar el lujo de coquetear con el populismo setentero. Graco Ramírez, senador perredista que se dijo a favor del exhorto, explicaba, unas horas después del voto definitivo, que el rechazo priista era muestra del legado “del PRI soviético”, ese que defiende a un partido dictatorial como el cubano porque, en el fondo, se identifica plenamente con su modus operandi.

Y esa es la gran pregunta. ¿Cuál PRI es este PRI? ¿Para qué quiere volver a Los Pinos? ¿Quiere retomar el poder para proteger a los sindicatos, mantener la vieja dinámica corporativista, no agitar las aguas con “los aliados históricos” aunque lo merezcan y volver a aquel statu quo de la dictadura perfecta del siglo XX? El partido entero tendrá que responder cuanto antes. Pero sobre todo tendrá que hacerlo Enrique Peña Nieto. Si el gobernador del Estado de México resulta ser un dinosaurio con piel de modernizador engominado, los votantes deberán actuar en consecuencia. Nada peor, en este y tantos otros casos, que la restauración de un sistema caduco y perverso.

- León Krauze