Carly Fiorina, ¿el plan B del establishment? | Letras Libres
artículo no publicado

Carly Fiorina, ¿el plan B del establishment?

Durante el segundo debate republicano Carly Fiorina vino de atrás y tuvo una participación destacada que la ha puesto de nuevo bajo el reflector. 

Soy de los que pensó que el Partido Republicano de Estados Unidos apostaría por una mujer como candidata para enfrentar a Hillary Clinton en las elecciones de 2016. Por eso, cuando supe que Carly Fiorina, ex CEO de Hewlett Packard, estaba en la lista de precandidatos, me imaginé una contienda entre dos mujeres con fuerte personalidad.

Sin embargo, en las primeras semanas de la precampaña Fiorina desapareció por completo de la escena. El inefable Donald Trump se llevó todos los reflectores con su discurso racista-populista y sus artimañas de personaje de reality show. Y Jebb Bush, el presunto favorito del establishment del partido, se desvaneció con su actitud de boticario tímido de pueblo y su discurso tibio e insípido.

Pero, el pasado 16 de septiembre, durante el segundo debate republicano, Fiorina vino de atrás y tuvo una participación destacada que la ha puesto de nuevo bajo el reflector. La ex ejecutiva aguantó con clase y temple los burdos ataques de Donald Trump, y logró poner varias frases pegadoras en los titulares del día siguiente. Acción que se agradece, porque si algo le ha hecho falta a esta precampaña es un mínimo de contenido y seriedad en ideas y argumentos.

Revisando sus discursos de campaña, veo que Fiorina y su equipo han hecho la tarea al entender que lo más importante en esta etapa es lograr que el electorado la conozca, sepa quién es, qué valores la motivan y por qué la gente debería votar por ella. Por ejemplo, Fiorina lo hace bien cuando cuenta su historia: 

“He vivido y trabajado en todo el mundo y sé muy bien que solo en este país, una chica que comienza su carrera contestando teléfonos y archivando documentos en una empresa de bienes raíces de nueve personas puede llegar a dirigir la empresa de tecnología más importante del mundo y competir para alcanzar la presidencia de Estados Unidos”.

También me gusta la decisión con la que explica por qué quiere ser presidente de Estados Unidos, la pregunta básica que cualquier candidato debe ser capaz de responder de modo persuasivo:

“El potencial de muchos estadounidenses está siendo aplastado por el tamaño, el costo, la ineptitud y la corrupción de un gobierno y una clase política que no puede o no quiere hacer nada al respecto. Y necesitamos un líder de este partido y de esta nación que no tenga miedo de retar al estatus quo. […] ¿Cómo recorres el camino de secretaria a CEO? retando al estatus quo, dando resultados y siendo un buen líder. Y yo estoy preparada con su apoyo, su voto y sus oraciones, para liderar el resurgimiento de esta gran nación.”

Y el tema de género es también bien tratado en su discurso:

“Las mujeres no somos un grupo de interés especial, somos la mayoría de la nación. Nuestra experiencia, esperanzas, sueños, deseos son tan diversos como los de la otra mitad de la nación, los hombres. Yo estoy muy cansada de escuchar de “asuntos de mujeres”. ¡Todos los asuntos públicos son asuntos de mujeres! Nos preocupa la seguridad nacional. Nos preocupa el déficit y la deuda. Nos preocupa la educación. Nos preocupan todos los temas nacionales. Y aún así, sabemos que el cambio es difícil. Las cosas son aún diferentes para las mujeres. La pobreza la viven más las mujeres. La responsabilidad de la crianza de los hijos se pone con mayor peso en las mujeres. No hay meritocracias en todas partes.”

A pesar de la claridad de su discurso, Carly Fiorina enfrenta muchos obstáculos para lograr un crecimiento sostenido en las preferencias. Algunos analistas han señalado que su pasado como CEO de Hewlett Packard la condena, pues durante su gestión la empresa perdió 55 % de su valor y despidió a 30 mil empleados. Pero para mí, el punto más débil de Fiorina está en su personalidad. En el mercado político, lo que en un candidato hombre se puede llamar firmeza y seriedad, en una candidata mujer pasa por dureza y amargura. Ese sesgo de género puede afectar a Fiorina, quien maneja un tono de voz que la hace sonar enojada y parece no poder sonreír con naturalidad, lo que la distancia del público. Hasta Hillary Clinton se ve hoy en día más natural y relajada en comparación con la precandidata republicana.

El reto para Carly Fiorina será acelerar el ciclo de “novedad-escrutinio-declive” que caracteriza a la política moderna. Los candidatos se vuelven en algún momento novedosos para los medios por un debate, discurso o declaración. Luego sufren el escrutinio intenso de los analistas sobre su pasado y personalidad y comienzan a recibir el fuego del adversario. Y luego sufren un declive, hasta que encuentran la manera de volverse novedad de nuevo. Solo los candidatos más carismáticos y hábiles –o inescrupulosos, como Trump–  logran innovar permanentemente, alimentando la maquinaria mediática con una novedad tras otra. El tiempo dirá si Carly Fiorina fue flor de un debate o si logra volverse, ante el declive de Jebb Bush y el ascenso de Trump, el “Plan B” del establishment republicano, que a estas alturas debe estar bastante preocupado.