Petia Petrov, boxeador | Letras Libres
artículo no publicado

Petia Petrov, boxeador

“Es muy complicado ser boxeador en España, oficialmente es como no ser nada”

Petia Petrov, boxeador ruso de peso ligero, 26 años, con 27 combates, 23 triunfos, dos nulos y dos derrotas, pide una Fanta naranja. Yo pido una cerveza. “Si tomo una cerveza, me mareo”, dice. “Con un vaso ya estoy borracho. No estoy acostumbrado, y no me gusta el sabor, tampoco”.

Petia, apodado "El Zar", vive con su hermana, azafata de trenes, y con su madre, que regenta un bar en un mercado del centro. Su manager es Ricardo Sánchez Atocha, el que ha conseguido casi todos los campeones mundiales que ha tenido España.

¿Fuera del ring, alguna vez te peleaste?

De pequeño peleaba mucho, porque yo era pequeño de físico y cambiábamos mucho de ciudad, de colegio, por el trabajo de mis padres. Y cuando eres nuevo y pequeño, lo que hacen el primer día es meterse contigo, y si das la cara, pues te respetan. Casi siempre el primer o segundo día me tocaba pegarme. Pero bueno, la última vez creo que fue cuando tenía catorce años. Tengo 26, así que han pasado muchos años y con el tiempo he aprendido a evitar los problemas. Me han provocado muchas veces, he tenido la ocasión, pero intento ser listo. Yo soy un profesional.

¿Qué hacía tu padre en Rusia, que se mudaban tanto?

Mi padre acabó la academia de policía y le mandaron a una ciudad. Era obligatorio: terminabas la carrera y te mandan dos años a un destino. Mi madre también era policía. Yo nací en un pueblo pequeño, Ryazan, y luego a mis padres los destinaron a otra ciudad, Novopavlovsk. Allí dejaron la policía e hicieron la carrera de Derecho. Ellos siempre iban en busca de una vida mejor para mí y mis dos hermanos. Estaban en un pueblecito pequeño y estaban bien, tenían sus negocios, tiendas, tenían un restaurante… vivíamos bastante bien. Pero veían que para los niños no había salida, así que fuimos a una capital del sur, Stávropol, una ciudad de estudiantes, porque había posibilidades para la gente joven. Mis padres querían que estudiáramos.

¿Por qué vino tu madre?

Mi madre vino en el año 99, que yo creo que para Rusia fueron los peores años, cuando estaba gobernando Yeltsin, el borracho. Con el sueldo de dos abogados era imposible ir a una universidad o hacer algo más. Y como mis padres siempre pensaron en una vida mejor para nosotros, estaban buscando salidas al extranjero. Una vecina de mi madre se vino para acá, llamó a mi madre y le dijo que había un trabajo. No se lo pensó mucho. Su primera intención era irse a Estados Unidos, pero no le dieron visado, no sé si porque fue policía o algo así. Acá no dieron problemas y entonces se vino. Y después nos trajo: yo primero, luego mi hermano mayor, y mi hermana.

¿Echas de menos?

Sí, sobre todo a mi familia. Tengo ahí a mi abuela, a mi padre, a mis tíos. Tengo muy buenos recuerdos de gente, sobre todo de mi entrenador, que de pequeño me enseñó toda la técnica. Y he dejado muchos amigos, sobre todo compañeros de boxeo.

¿Te planteas volver?

Sólo de vacaciones. Me gusta estar ahí y pasar por los sitios en donde estuvimos cuando éramos pequeños y tal, pero me he acostumbrado a vivir aquí, tengo a mi familia, a mi chica, y quiero quedarme. En los diez años que llevo aquí sólo he podido ir una vez, hace dos años. Sobre todo porque cuando tengo tiempo, no tengo dinero, y cuando tengo dinero, no tengo tiempo.

¿Cómo empezaste con el boxeo?

Vimos un combate profesional por televisión cuando tenía ocho o nueve años, y nos gustó. Mi padre nos compró guantes y nos metió a entrenar, a mí, a mi hermano, y a mi hermana. Mi hermano hizo aquí ocho peleas profesionales, pero se retiró, porque es muy difícil vivir en España del boxeo. Se casó y tenía que mantener cosas, quería tener familia, y decidió dejarlo.

¿Alguna vez te sentiste discriminado por ser extranjero?

Nunca. La gente aquí se ha portado aquí muy bien conmigo. Me consideran español.

Pero no puedes disputar el título español porque no tienes nacionalidad.

No, hay que ser español para poder disputar el título nacional. Pero bueno, estoy arreglándolo. Quiero pensar que el año que viene podré obtener la nacionalidad. Para evitar problemas, porque renovar todos los años la tarjeta de residencia es un coñazo. Es difícil, porque el boxeo no está legalizado aquí en España. Entonces, es como que yo ni tengo trabajo ni tengo nada, oficialmente. Ser boxeador es como no ser nada, en España.

¿Y para pelear no hacen contratos legales?

Hay contratos entre el boxeador y su manager, pero no es un contrato de trabajo. No tenemos nóminas. Entonces siempre hay que buscar un trabajo para renovar la residencia y para pedir la nacionalidad. El año pasado estuve trabajando para el padre de mi novia, que me contrató. Ahora, de momento, no tengo nada, pero en breve tendré que conseguir un contrato de trabajo para poder pedir la nacionalidad.

¿Recibes alguna ayuda estatal?

Ninguna. Además, en cuanto cobres una bolsa más o menos buena, lo que tienes que hacer es pagar. El 36 por ciento creo que es. Y todos los gastos del deporte te los tienes que pagar tú. Es complicado.

¿Por qué crees que este deporte no termina de arraigar en España?

Lo hemos hablado tanto, lo hemos pensado tanto… pero no lo entendemos. En el resto de Europa (Alemania, Inglaterra, Rusia, los países del Este), un campeonato del mundo es impresionante el dinero que genera y la gente que va. No entiendo por qué aquí no.

¿Cuánto entrenas?

Por la mañana una hora y media, más o menos. Hacemos preparación física. Y por la tarde dos horas y media, más o menos, hacemos saco, guantes, manoplas, y todo lo que tiene que ver con el boxeo. De lunes a viernes, dos veces al día, y los sábados por la mañana. Y sólo paramos en vacaciones de verano un par de semanas y en Navidades una semana. El resto del año estamos entrenando, entonces estamos más o menos preparados casi siempre por si sale un combate.

Es un sacrificio enorme...

Sí, es muy duro. Físicamente y, sobre todo, psicológicamente. Levantarte todos los días, después de una paliza que tienes de la semana anterior, y tienes que hacerlo una vez y otra vez, cuando te duele todo el cuerpo… Llega un momento en el que la mente ya no aguanta. Sobre todo cuando ves que no hay recompensa económica, que tampoco puedes trabajar porque tienes que dedicarle muchas horas a esto, que lo único que puedes buscar es algún trabajillo de entrenador o de fin de semana. Y tienes que aguantarte. Es muy complicado ser boxeador en España.

¿Cómo vive entonces un boxeador de nivel alto que no gana aún buenas bolsas?

Todos tienen que trabajar de alguna manera. Yo doy clases de boxeo por la noche. Y me mantengo con lo mínimo, para poder pagar el alquiler y poco más. Así con la esperanza de cobrar unas buenas bolsas, ganar el campeonato, y vivir un poco mejor.

¿Cómo son las bolsas que ustedes cobran en sus peleas?

Muy bajas, como un sueldo de una persona normal. Pero al año hacemos cuatro o cinco peleas, entonces no es posible vivir con cuatro sueldos doce meses.

¿Nunca se te ocurrió dejarlo y estudiar o hacer otra cosa?

Siempre se te pasa por la cabeza, sobre todo en los momentos en los que estás sobreentrenado y un poco harto del boxeo. Piensas si merece la pena o no. Lo que intento es no pensarlo, seguir trabajando y tener esperanza y fe en que para algo va a servir esto.

Por ahora no te puedes ni plantear irte a vivir con tu chica, ¿no?

Ahora está muy complicado. Pero más adelante sí. Espero que no sea ya muy tarde (risas)… Yo soy muy de familia, pero por el momento no es posible. Pronto, si tengo suerte, podremos ir a vivir juntos y hacer una familia, y estar bien.

¿Cómo te ves dentro de veinte años?

(Risas) Con mi casa llena de cinturones de campeonatos, mi familia. A lo mejor con una escuela de boxeo, porque no creo que hasta el día en el que deje este mundo salga del boxeo, porque me encanta. Me gusta enseñar.

¿Por qué crees que en el boxeo hay tantos que arruinaron sus vidas con excesos?

Eso existe en todos los mundos, aunque en el boxeo hay bastante, no sé por qué. Ser campeón es muy difícil: son muchos años de entrenamientos, de cuidarte, de sacrificarte en muchas cosas. Así que llegar y tirarlo todo por la borda por el alcohol, por la fiesta, la verdad es que no lo entiendo. Yo me estoy enfrentando día a día con lo que cuesta llegar, y no me lo imagino.

–Feliciano Tisera

(Fotografía de Milagros Checarelli)