Perdido en Yonkers | Letras Libres
artículo no publicado

Perdido en Yonkers

Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia.

Francis Scott Fitzgerald

Con alrededor de doscientos mil habitantes, Yonkers es la cuarta ciudad más poblada del estado de Nueva York. Parte fundamental del condado de Westchester, está localizada al lado del río Hudson, justo al norte del Bronx. De acuerdo al censo de 2010, Yonkers se caracteriza por una ascendente pluralidad étnica: 41.4% de sus habitantes son blancos; 34.7%, latinos, 18.7%, negros, y 5.9%, asiáticos.

No siempre fue así.

En 1970, el 92.9% de la población era de raza blanca; el porcentaje restante, las minorías negra y latina, estaban establecidas en la parte suroeste de la ciudad, concentradas a manera de guetos. Con el fin de combatir la segregación, el juez federal Leonard B. Sand emitió a mediados de los ochenta una resolución que obligaba al gobierno de Yonkers a construir doscientas unidades habitacionales distribuidas por toda la ciudad. La batalla por construir estas residencias, así como las tribulaciones de sus primeros habitantes, forman la historia de Show me a hero, la miniserie de hbo producida y escrita por David Simon, experiodista de The Baltimore Sun y creador de Generation killThe cornerTreme y la celebradísima The wire.

Al igual que The wire –donde la guerra contra las drogas en Baltimore era contada desde sus frentes principales: la calle, los puertos, las escuelas, los precintos policiacos, las oficinas gubernamentales y los medios de comunicación–, Show me a hero despliega una estructura coral compuesta por las diferentes partes en conflicto: autoridades federales, líderes vecinales, adversarios políticos, las familias candidatas a mudarse a una mejor vida y, desde luego, el héroe del título: Nick Wasicsko, el joven alcalde que debe ejecutar el mandato de Sand y enfrentar la furia de los residentes de Yonkers.

Wasicsko (interpretado con frescura por Oscar Isaac) está lejos de ser un líder admirable. Oportunista y sediento de admiración, llega a la alcaldía gracias a una campaña demagógica que capitaliza con la oposición de los votantes a aceptar la integración de la ciudad. Sin embargo, una vez en el puesto, Wasicsko enfrenta la disyuntiva de implementar la ley (y “traicionar” a los electores) o pagar una multa por desacato federal que implica la bancarrota de la ciudad en el mediano plazo. El heroísmo de Wasicsko, al igual que la valentía de los funcionarios que resistieron el acoso de los extremistas blancos de Yonkers, radicó en acatar la ley a costa de su popularidad política. “Caballeros, nuestro objetivo no es crear mártires o héroes, sino hacer todo lo posible para construir estas viviendas”, le dice el juez Sand a las autoridades de Yonkers. En la visión de Simon, los avances sustanciales no son producto de santos ideológicos que confunden intransigencia con integridad, sino de personas fallidas dispuestas a cumplir con su trabajo en una coyuntura crucial.

Show me a hero está basada en el libro del mismo nombre escrito por Lisa Belkin. Sus casi seis horas están dirigidas por Paul Haggis, el realizador de Alto impacto (Crash), ganadora del Oscar a la mejor película de 2004. Si bien se encuentra a años luz de su sentimentalismo habitual, Haggis aplica ciertas soluciones genéricas a los problemas planteados por la necesidad de yuxtaponer las doce subtramas que integran la obra de Simon (ejemplo: el uso excesivo de las canciones de Bruce Springsteen para ofrecer panorámicas elípticas de las vidas de los personajes). Otro pasivo: la falta de claridad en torno a las investigaciones sobre posible corrupción en contra de Wasicsko le restan peso dramático al arco final de la miniserie. Minucias aparte, Show me a hero es un trabajo vital que reafirma a Simon como el gran cronista televisivo de la experiencia urbana de Estados Unidos. En una entrevista concedida al portal Indiewire (31 de agosto de 2015), el exreportero advierte que los fantasmas de su obra más reciente aún están presentes en la Unión Americana: “La democracia debe tener un elemento social. El capitalismo es una gran herramienta para generar riqueza, pero no es un plano para construir una sociedad justa. Por alguna razón nos hemos acostumbrado a pensar así. La gente protestaba en Yonkers bajo los argumentos de que el valor de las propiedades iba a desplomarse y que muchas cosas malas iban a suceder una vez que se mudaran las minorías. Dinero y miedo. Esa es la moneda común que aún usamos. Hasta que aceptemos que hay algo mejor que eso, no podemos bajar la guardia y dejar de preocuparnos hacia dónde nos dirigimos como sociedad.” En un ambiente preelectoral estadounidense dominado por el miedo al “otro”, la pertinencia de Show me a hero es prácticamente irrebatible. ~