Otro invitado involuntario | Letras Libres
artículo no publicado

Otro invitado involuntario

Luis González de Alba es una persona anómala: es congruente consigo mismo, es libre hasta de sí mismo. El lunes de esta semana su comentario en Milenio, me obligó, de nuevo, a preguntarme cómo le hacen intelectual y moralmente los actuales gerentes de «la izquierda» para creer que algo tan digno, noble y necesario como La Izquierda, sea en México monopolio del PRD. Asomaos, mortales, a los editoriales de González de Alba ; visitad aquí su página web y, si la encuentran, leed Y sigo siendo sola, a la que tengo por la segunda novela más divertida que se ha escrito en México (la primera también está agotada).

El PRID y su pestilencia

“Lo que ocurrió en estados como Chiapas debe avergonzarnos a todos los perredistas: fue el regreso a las peores tácticas del PRI”, eso dijo Alejandro Encinas a Ciro Gómez Leyva. No, Alejandro, no es un regreso: es el PRI actuando como PRI; es el PRI –con que ustedes asfixiaron al PRD– empleando sus tácticas de siempre; ésas por las que ustedes lo invitaron y hoy se espantan. No: no es que el PRD haya recurrido a vergonzosas tácticas ajenas, las del PRI, sino que ustedes lo rellenaron con la bazofia del PRI resentido por falta de hueso, con las corporaciones priistas hoy a cargo de Padierna y Bejarano. Y una vez dentro no deberían asombrarse de que haga lo que siempre ha sabido hacer.

Para sólo citar los nombres más conocidos: se llevaron a Manuel Camacho, uno de los alquimistas del fraude contra Cárdenas en 1988, y con él a Ebrard y su prole. Pero éstos son priistas civilizados, hasta hablan de corridito. Después abrieron la puerta al PRI matraquero en todo su apogeo, desde Leonel Cota, a quien impusieron como presidente pelele del PRD cuando no sabía ni el significado de las siglas (lo llamó alguna vez Partido Revolucionario Democrático, lo cual, dicho sea de paso, suena mejor); luego jalaron a Arturo Núñez: coordinador de los diputados del PRI en 1997, precandidato a gobernador de Tabasco, por el PRI, en 2000, a él con toda su runfla; por último, pero no última vez en su historia, hicieron senador por el PRD a quien habían acusado de mandar asesinar campesinos perredistas, al delincuente electoral que ya hasta el PRI ignoraba, pero el más hábil a la hora del fraude, a José Guadarrama. Lo jalaron al PRD por ser inmejorable para el fraude. ¿O tiene Guadarrama alguna otra virtud muy, pero muy oculta? Superaron aquel récord de hacer senadora a la amante de Díaz Ordaz. Y parecía imposible.

No hubo “regreso a las peores tácticas del PRI” en la elección interna del PRD, como lamenta Encinas. Nada de eso: el PRI, al que le dieron todo, incluida la presidencia del partido (nominal, porque el presidente es otro) hizo lo que ha hecho siempre. Así de simple.

Ayudado por sus intelectuales más envilecidos por la soberbia, el resentimiento y la senilidad, el PRD ha hecho de Manuel Bartlett, a quien por decenios acusó de ser el principal responsable del fraude en 1988, nada menos que un demócrata que hasta llamó a votar por el PRD. Han batido mierda y hoy se asustan de apestar.

¿Y qué si el mal es de todo el país? ¿Y qué si también el PAN y el PRI bla, bla? Por supuesto es verdad: el mal es de los mexicanos. Las raíces históricas de nuestro atraso político nacional han sido precisadas con nitidez en la última serie de Héctor Aguilar Camín. Pero alguna vez creímos que la izquierda era distinta. Lo parecía mientras no tuvo poder ni dinero.

Los que hacemos la crítica de la izquierda es porque nos importa la izquierda. No tengo el más remoto interés en denunciar incongruencias de ultraderecha entre tecos de la UAG. El cardenal de aquí, de allá o de acullá me tiene sin cuidado, como todas las iglesias: son gente de antemano perdida para el desarrollo del país. Punto.

Pero, desde un gobierno de “izquierda”, Encinas pagó las enormes estructuras de metal y lona que, contra leyes y reglamentos, cerraron por meses las avenidas Juárez y Reforma en el DF; López Obrador hizo secretos por diez años los costos de los segundos pisos, entregados sin concurso a quien le prometiera apoyo. Trató a su preso político, Carlos Ahumada, como jamás nos trató el régimen de Díaz Ordaz, según le consta a Encinas que entraba a visitar a Pablo Gómez cuantas veces quería. Lo más molesto que le llegó a ocurrir fue que los celadores le cortaran el pastel para Pablo en busca de armas. Ni sombra del trato ruin que propinaron a Ahumada. No es el PRD igual que el viejo PRI: es peor, muchísimo peor. Y duele más cuando el criminal es de la familia, no un enemigo.

AMLO entre enaguas

Todos los cobardes han tenido la misma idea: ocultarse tras las enaguas de mujeres para, a la hora de los toletazos, gritar (desde atrás): ¡Cobardes! ¡Golpean a mujeres! Y no pocas mujeres dan el paso siguiente: llevar a sus hijos para hacer otro tanto y acusar a las “fuerzas represivas” de golpear niños. A estas heces llaman “izquierda”, y en la corte, puede oírse, se comen las eses.