Octavio Paz: Cartas de un editor | Letras Libres
artículo no publicado

Octavio Paz: Cartas de un editor

 

Niza, a 20 de abril de 1974

 

Querido Pepe:

Me imagino que Sakai –le escribí ayer– te habrá contado todas las peripecias de nuestro viaje infernal. También te habrá puesto al corriente de nuestra decisión de hacer un corto viaje a España –una verdadera expedición de “reconocimiento”. Nuestra dirección en España: A/C Pedro Gimferrer, Rambla de Cataluña 113, Barcelona, España.

En mi carta a Sakai sugería que en 3L* se publicara un pequeño comentario sobre la estatua de León Felipe. ¿Podrías hacerlo? Tú ya conoces mi punto de vista –que creo que es el tuyo. La estatua –como escultura– es bastante fea pero León Felipe (sale todo el León Felipe anarquista de “La Insignia” y también el de los primeros poemas, antes del contagio bíblico-whitmaniano) es el poeta que je tiens à cœur –y tú también, supongo.

Otra cosa que me inquieta: la canonización oficial de la rebeldía. Por último, ¿por qué honrar al rebelde León Felipe y no al rebelde, más profundo y total, Luis Cernuda? ¿O al trágico Cuesta o al pesimista Gorostiza –o al olvidado Pardo? En suma, mis sentimientos son contradictorios: quise a León Felipe pero me pregunto si no es (y somos) víctima de una maniobra de “recuperación”. En fin, escribe lo que quieras. Tu nota, no lo dudo, será tan brillante como la que dedicaste a Novo...

Lo de Peret: tal vez valdría la pena esperar a mi regreso. Me parece que habría que incluir, además del poema, dos textos en prosa: un cuento (Av.

127 Boulevard Saint-Germain) y un texto teórico (ya sea El deshonor de los poetas, el prólogo a la antología de El amor sublime o a los cuentos y mitos americanos. Me inclino por un texto completo pero no recuerdo si los que he citado son demasiado largos...). En fin, prepara el suplemento. Por lo pronto podríamos publicar algún otro (Deniz, Danubio, Ortega, Ulalume). Y la recomendación final: no olvides que tu MISIÓN es ser la Conciencia Literaria de Plural.

Un gran abrazo ~

Octavio

Ya te imaginarás la emoción con que me dispongo a ver España. Espero que me envíes el 31 a la dirección de Gimferrer.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cambridge, Mass., a 11 de noviembre de 1975

 

Querido Pepe:

¡Qué gusto ser leído como tú has leído mi poema! Esta es una de las grandes, raras y verdaderas alegrías que, a veces, tenemos los escritores.

Ya sé que tu amistad y tu generosidad te llevan a exagerar –no importa. Tu nota está muy bien escrita y lo está porque está bien pensada y sentida. Después de esto resulta quizá superfluo darte las gracias –no decirte que tu artículo me conmovió.

¿Cómo va tu traducción de Caillois? Te lo pregunto porque acabo de recibir carta suya y en ella me hace la misma pregunta. También me dice que, como conoce el español –ha traducido a Borges y a Neruda–, le gustaría ver tu versión. Escríbele, aunque sea unas líneas.

Su dirección: 34 Ave. Charles Floquet, 75007, París.

Lástima que no hayas entregado el cuento que nos prometiste para el número 50. Eres uno de los poquísimos escritores de tu generación, para no hablar de los más jóvenes, en México y en otros países de nuestra lengua, que escriben realmente. Los otros, la mayoría, no escriben: discurren, se “comunican”, practican premiosamente un idioma aprendido no en sus casas, no mamado, sino leído en traducciones de manuales de sociología y otras “ciencias”. Los pedantes del siglo XVII eran pedantes en latín, griego y hebreo; los de ahora  lo son en la jerga de los profesores de economía y de la de los psiquiatras... Ojalá que pronto nos entregues algunos de los textos prometidos: el ensayo sobre los Trabajos de Persiles y Segismunda (entre Segismundo y Segismunda, entre dos vocales que son dos vocaciones y dos revocaciones, entre Cervantes y Calderón, se mueve (y se muere) quizá toda nuestra literatura), el suplemento sobre Buñuel (¿cuándo debo enviarte mi poema?) y, sobre todo, el cuento o relato.

¿Qué te parece lo de España? La historia no se imita a sí misma sino a sus caricaturas –a Quevedo y a Valle Inclán.

En Madrid circula este cuento: los médicos desahucian a Franco y la familia decide, in extremis, llevarlo a Lourdes; lo instalan en esas tinas de piedra y ¡se muere! Grito unánime: ¡milagro!

Un abrazo ~

 

Octavio

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* Se refiere a la sección Letras, letrillas y letrones de la revista Plural