Non menealle (Lucretivs I) | Letras Libres
artículo no publicado

Non menealle (Lucretivs I)

Erudita pesquisa llevome (nóteseme lo erudito) a los fértiles terrenos de mi nunca suficientemente ponderado amigo Titus Lucretivs Cari (99-55 a.C.) ¡Qué encantador y sabio paréceme! Citarelo en castellano, atento al penoso hecho de que un pequeño sector de los lectores desconocen, para su mal, los secretos del latín florido. Compensarelos, sin embargo, empleando la traducción -por más atenta que hállese al metro que a la fidelidad- del prolífico polígrafo y poeta don José Marchena Ruiz.

Encontreme, pues, en el fascinante De rerum natura (que, como su nombre lo indica, trata de todo), con el famoso Liber Quartus, canto que enfócase a las cosas de Venus, de lo venéreo y aun de lo venusino. Figura ahí una sensata lección que, de inmediato, ocurrióseme divulgar por la sabiduría de su consejo, y por si hubiere lector que la ignorase, pues versa sobre la inconveniencia de que la dama de uno menee excesivamente el (con perdón) tafanario cuando realiza el acto, so pena de alejar a la cigüeña y, peor aún, de pasar por casquivana frente al marido honesto:

No conviene que hagan las esposas

movimientos lascivos, porque impiden

hacerse la mujer embarazada

cuando con los meneos de las nalgas

la venus del varón estorba inquieta

y da oleadas con el tierno pecho;

la reja del arado echa del surco,

y el chorro seminal quita del sitio.

Por utilidad propia las rameras

tuvieron la costumbre de moverse,

por no hacerse preñadas con frecuencia

y porque al mismo tiempo los varones

tuviesen una venus más gustosa:

mas la honesta mujer no las imite.

Confío que habrá encontrádolo interesante el culto lector, y que no habrale pasado desapercibida la encantadora alegoría de la fecundación, tan agrícola, tan anunciadora de aquellas a las que tan afecto sería el posterior lirida mexicano, Ramón López Velarde, que, buen romano, al fin, amén de bucólico, propenso fue también a establecer símil entre la venus de sus damas (o rameras, con perdón) con la fecunda tierra, y entre su propio pene (con perdón) y el insistente arado...