"No hay ninguna familia que no tenga secretos" | Letras Libres
artículo no publicado

"No hay ninguna familia que no tenga secretos"

Los libros de Jenn Díaz hablan del mundo familiar y sus secretos, del paso del tiempo y de las vidas de las mujeres. De eso trata también su novela más reciente, Madre e hija.

Los libros de Jenn Díaz (Barcelona, 1988) hablan del mundo familiar y sus secretos, del paso del tiempo y de las vidas de las mujeres. En Madre e hija (Destino, 2016) cuenta la relación entre varias mujeres, afectadas por la prematura muerte de Ángel (padre, hermano, marido). La hija indócil, la hermana puritana y la madre devastada intentan superar la tragedia, soportándose unas a las otras, pero también ocultándose partes de sus vidas.

En Es un decir (Lumen, 2014) abordas la figura de la mujer durante el franquismo y en Madre e hija la mujer también es el eje principal, ¿cómo decides que esta novela trate de la relación entre mujeres de una familia?

Cuando empecé la novela sabía que quería hablar de la relación entre una madre y una hija. Tenía una idea un poco vaga de lo que quería, pero hice un viaje a Chile y se resolvió solo: allí conocí a una mujer cuya historia me planteaba ciertas preguntas, y las respuestas las empecé a buscar escribiendo esta novela. Nunca acabo de decidir del todo, previamente, de qué irá el libro, porque al no tener guion ni escrito ni mental, la novela siempre acaba yendo por donde quiere. Quiero escribir una historia, y me lanzo a ella. Muchas de las novelas que escribo siguen un patrón parecido. Si pensara en mi obra desde un punto comercial, seguro que no lo haría así, pero construir una trayectoria es también un proceso: lo vas haciendo poco a poco, con aquello que te ocurre o preocupa. Es normal que acabes tratando los mismos temas.

Por el comportamiento de los personajes, la visión conservadora de las relaciones, el trabajo, la situación de la medicina y el sentido de la religión, se entiende que la novela no se sitúa en el presente. Al mismo tiempo la historia tiene elementos de novela realista. ¿Por qué decides situarla en otra época y no especificar dónde se sitúa?

Nunca especifico dónde se sitúan las novelas, y solo en el caso de Es un decir había marcas para determinar en qué contexto ocurría. En las demás, salvo en Mujer sin hijo, que ocurre en un mundo apegado a la realidad pero distópico, no dejo marcas ni de lugar ni de tiempo. No es importante para mí, ni creo que lo sea para mis personajes, así que decido que no debe serlo para los lectores. No necesito hablar del contexto porque lo que me importan son los personajes y el estilo de la novela. Siempre se habla del “antes” con recelo o con admiración, que es lo que hacemos todos independientemente de la época. El tiempo para mí es irrelevante para tratar lo que quiero tratar. Y no situarlo físicamente en ningún sitio claro me da una gran libertad.

Algunos críticos han situado tu literatura en la corriente neorruralista. ¿Te sientes cómoda en esa categoría?

No creo que haya nadie que se sienta cómodo con ninguna etiqueta porque es simplificar mucho el trabajo que hace un autor. Pero tampoco me molesta en exceso, entiendo que sirve para orientar a ese lector al que todos queremos captar para que nos haga caso. No me molesta, porque en cualquier caso lo rural, o lo neorrural, me interesa.

¿De qué autores te sientes próxima?

Me quedo con Lara Moreno y con Iván Repila. Creo que los temas que tratamos son parecidos, aunque ni nosotros ni nuestras novelas lo sean... pero que el ambiente sea el mismo ya es algo.

Entre tus influencias citas a Ana María Matute, Natalia Ginzburg o Carmen Martín Gaite. ¿Qué es lo que te gusta de ellas?

El trato de la vida cotidiana como algo excepcional. A menudo la vida cotidiana no merece nuestra atención porque la damos por sentada. Las autoras que me gustan le dan a la normalidad el trato de lo extraordinario.

Madre e hija se publicó primero en catalán Mare i filla (Amsterdam, 2015) y, de hecho, es tu primera novela escrita en catalán. ¿Cuál es la diferencia para ti como escritora? ¿Por qué decidiste escribirla en catalán?

Escribirla en catalán ha sido como escribir mi primer libro en castellano: difícil, con dudas, pero con cierta intuición. Intenté encontrar lo que ya creía tener en castellano: un estilo oral, un ambiente, una manera de contar las cosas. Pero no tenía la misma experiencia, hasta el momento mi lengua cotidiana son dos, pero mi lengua literaria era solo una. Decidí escribirla en catalán por una cuestión de coherencia conmigo misma: hace algún tiempo que vivo en catalán, y por qué no iba también a ser bilingüe en el resto de mis actividades. La traducción, eso sí, ha sido compleja. Cuando escribes en una u otra lengua, utilizas un ritmo y unas expresiones. Al traducirlas, hay cosas que se pierden, y no es lo mismo que se pierdan de libros que no has escrito tú que perder las cosas que tú misma decidiste que hubiera en el libro. He aprendido a desprenderme de cosas, y también algo básico: que la traducción literal no sirve de nada.

Las protagonistas de la novela son mujeres, pero también hay un personaje masculino relevante, Ángel, el padre de la familia. ¿Qué lugar ocupa entre las cuatro mujeres?

Ángel es el nexo y es importante para los personajes, pero no para la novela. Quiero decir que es importante para formar el carácter de cada una de ellas, en función del lazo que tengan con el hombre, pero después para el desarrollo no he tenido que esforzarme demasiado para darle una personalidad como personaje de la novela. Es, dentro de su importancia, secundario para mí.

Las novelas familiares están llenas de secretos inconfesables, y el caso de Madre e hija no es una excepción. ¿Qué importancia tienen?

Tienen la importancia que les damos en nuestras familias: toda. No hay familia que no tenga secretos, o que no tenga algún tema tabú. Eso enriquece las novelas, las hace literarias, más interesantes... pero sobre todo reales.

En algunas partes hablas de la mujer como un animal: “Una mujer recién parida es… casi un animal”, “una mujer enamorada es el peor animal que hay".

Los hombres también son animales, pero en la novela hablo de ellas. Hay muchos momentos en que la mujer se animaliza: cuando menstrua, cuando está embarazada, cuando da a luz. Cuando de por medio hay cuerpo, piel, sangre, y la razón no sirve de nada. La mujer vive muchas cosas como la mamífera que es.

¿Cuál es el papel de la vejez, la muerte y Dios en la novela?

Las tres cosas tienen mucha importancia. Por primera vez he intentado hablar de la soledad de la vejez. Quizá en Es un decir, con la abuela, también lo hice, pero creo que la enfoqué más como mujer que como mujer mayor. Su conflicto no tenía nada que ver con su edad, mientras que en Gloria y Dolores, la edad, la soledad y el llegar tarde a ciertas cosas sí que está ligado con la vejez. La muerte y Dios, en cambio, creo que siempre acaban apareciendo en mis novelas. Aunque no soy una persona creyente ni esté muy obsesionada con la muerte, los personajes siempre acaban pidiendo a uno o a otro, y se han convertido en otro de mis temas. El que más me sorprende es Dios, porque yo rehúyo de su idea, aunque recurra a ella tantas veces sin darme cuenta.

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