NaNoWriMo: a escribir que se acaba el mundo (o el mes) | Letras Libres
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NaNoWriMo: a escribir que se acaba el mundo (o el mes)

La clave del éxito del NaNo es convencerte para que escribas nada menos que cincuenta mil palabras en treinta días.

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Existe eso que los escritores llaman el miedo a la página en blanco, también conocido, en la era de las computadoras, como síndrome del cursor titilante. Existen también el bloqueo del escritor, la falta de inspiración, la carencia de ideas. Existe, al fin y al cabo, la procrastinación. Para superar tales obstáculos, es posible recurrir a muchos trucos, métodos y alternativas. Uno de ellos, original y divertido, consiste en escribir casi a lo loco, priorizando —en contra de lo que indican las buenas costumbres—la cantidad por sobre la calidad. Se llama NaNoWriMo.

NaNoWriMo es el acrónimo de National Novel Writing Month (y por lo tanto debe pronunciarse algo así como “nanoraimo”), es decir, Mes Nacional de Escritura de Novela. Surgió en 1999, en Estados Unidos, cuando una veintena de amigos se propuso un reto: escribir una novela de 50 mil palabras en un mes. El mes de noviembre. El equivalente a 50 mil palabras es un libro de unas 175 páginas, o unas 80 páginas de Word en Times New Roman 12, interlineado sencillo. Tanto les gustó el desafío que al año siguiente repitieron. Y tanto gustó a otras personas que pronto la iniciativa dejó de ser “nacional” y de ejecutarse solo en inglés.

En su decimoquinta edición, la de 2013, fueron más de 310 mil las personas que, como dice la web oficial del NaNoWriMo, “empezaron el mes de noviembre como mecánicos de autos, actores aficionados y profesores de inglés en escuelas secundarias, y lo acabaron siendo novelistas”.

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Algunos testimonios. “Cuando me lo propusieron, lo primero que dije fue: ‘No llego, 50 mil palabras en un mes es una locura, no voy a poder’. Lo más maravilloso fue ver que sí pude”, dice María José Iribarne, argentina, que cumplió el objetivo dos veces, la primera en inglés, la segunda en castellano.

“Para mí fue una gran experiencia —señala Daniel Schweimler, inglés, participante del NaNoWriMo en tres ocasiones—,una muy buena manera de sentarme y escribir 2.000 palabras por día, fuera lo que fuera, pese a las distracciones, la familia, el trabajo. Es obligarse a encontrar una hora, o media hora por día, a las 6 de la mañana, a las 2 de la tarde, a la medianoche, cuando sea. Es un ejercicio de autodisciplina que recomiendo a cualquiera que tenga ganas de escribir”.

El NaNo, como lo llaman cariñosamente sus cultores, “consiste, sobre todo, en un compromiso contigo misma, en proponerte algo y llevarlo a cabo cueste lo que cueste —explica Sarah Manzano, española, que en los últimos once años ha formado parte de la iniciativa casi sin falta—. Creo que esa es la clave del éxito del NaNo: convencerte para que escribas nada menos que cincuenta mil palabras en treinta días”.

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El NaNo ofrece mucha libertad: se puede escribir lo que sea, donde sea, de cualquier género, en cualquier idioma. Establece unas pocas normas estrictas: no se puede empezar antes de las cero horas del 1 de noviembre, ni seguir escribiendo después de las 23.59 del día 30 de ese mes. Antes se pueden planificar estructuras, trazar esquemas, delinear personajes o escenarios, pero nada que vaya a formar parte del texto final.

Muchos participantes coinciden en que empezar a escribir con ciertos esquemas predefinidos es un aliado contra la procrastinación. “El primer año yo perdí mucho tiempo caminando por la casa, haciendo café, limpiando el baño cuando no tenía que limpiarlo”, cuenta Schweimler. “El segundo y el tercero fui un poquito más disciplinado”.

Quizá la regla más importante, sin embargo, es una que los organizadores del NaNo promueven un poco en broma: en noviembre, meter a tu editor interno en una jaula, no releer lo narrado, dedicarse a escribir y escribir y escribir. Ya para corregir el calendario pone otros once meses a tu disposición.

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¿Es posible angustiarse o sentir algún tipo de ansiedad a causa de esto? Sí, igual que ante cualquier otro compromiso que exige un cierto sacrificio en plazos acotados. Lo bueno es que los escritores del NaNoWriMo se inscriben en la misma tradición que los maratonistas, triatletas y aficionados a otros deportes de fondo: como canta Juan Carlos Baglietto, la lucha es de igual a igual contra uno mismo y eso es ganarla. En todo caso, lo peor que puede pasar es abandonar y volver a intentarlo el año próximo.

Lo más duro —según quienes lo han hecho—es atravesar el desierto de la segunda semana. Después del envión inicial, surgen las dudas, el cansancio, la desazón de sentir que el relato se diluye o no lleva a ninguna parte. Bloqueos y cursores titilantes. Es entonces cuando los organizadores, que conocen bien estas dificultades, envían e-mails para animar a seguir adelante. Roma no se hizo en un día. Pero “cuando pasaste la mitad del mes, ya casi sabés que vas a terminar, porque ya te probaste que estás en camino y podés hacerlo”, asegura María José Iribarne.

La participación es gratuita. La iniciativa se sostiene, a nivel económico, a través de la venta de merchandising y donaciones. Su web está desarrollada por Amazon. En tiempos de redes sociales, el NaNoWriMo se ofrece también como una comunidad. La web permite saber cuánta gente participa en las distintas regiones y ciudades, y contactar con otros participantes. En muchos casos también son grupos de amigos los que asumen el reto. Si bien, como se suele decir, escribir es una tarea solitaria, los amigos ayudan a espantar la tentación del abandono, a seguir adelante en los momentos de flaqueza. El desierto se atraviesa mejor en compañía.

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La mayor satisfacción es lograr el objetivo, cruzar la línea de llegada. Daniel Schweimler recuerda el maravilloso momento de llegar a la palabra 49.999 y levantarse, hacer un café, regresar a la computadora y decir: bueno, ahora voy a escribir la última palabra. Y apoyar los dedos sobre el teclado. Y escribirla.

Al terminar, la idea es que subas tu novela a la web de la iniciativa. Nadie la leerá: un contador automático simplemente corroborará que tiene 50 mil o más palabras y, en tal caso, te declarará ganador. “Que nadie se engañe, el resultado dista mucho de ser una novela completa y lista para enviar a editoriales —subraya Sarah Manzano—. Pero si lo consigues, sin duda habrás logrado mucho más de lo que esperabas cuando comenzaste”.

Los organizadores del NaNo proclaman que el premio, además de la felicidad por el objetivo cumplido, es el derecho de alardear de lo que hiciste. La web te otorga un certificado que puedes imprimir en papel o exhibir en las redes sociales, blogs y cualquier otra parte donde te dé la gana. “Yo, ganador del NaNoWriMo”. Para todo lo demás existen las tarjetas de crédito.