My dear Charles, Paz le escribe a Tomlinson | Letras Libres
artículo no publicado

My dear Charles, Paz le escribe a Tomlinson

Paz era verboso y político; Tomlinson, reservado y escéptico. Las divergencias, más que separarlos, afianzaron una amistad auténtica. En su correspondencia encontramos a un Paz relajado, burlón y autocrítico.

Un día del verano de 1967, recién llegado de la India con su esposa Marie-José, Octavio Paz compraba liras en el aeropuerto de Fiumicino. Terminada la transacción, volteó y se topó con un alto sujeto filiforme que le dijo: “Yo soy Charles Tomlinson.” Los poetas celebraron la azarosa circunstancia de su encuentro (estaban en ruta hacia el Festival de Spoleto) y confirmaron la mutua simpatía que ya se habían adelantado por carta.

Se escribían desde 1966. Tomlinson había estado unos días en la capital mexicana en 1962, en peregrinación tras los pasos de D. H. Lawrence que había incluido una estancia entre los indios pueblo del suroeste de Estados Unidos. Ya había leído El laberinto de la soledad y la traducción que hizo Muriel Rukeyser de Piedra de sol. En México compró Salamandra, recién salido de la imprenta. Como su pericia políglota se comenzaba a contagiar de castellano (tradujo también a Machado y a Vallejo; fue el editor de The Oxford book of verse in English translation), quiso traducir algunos poemas y se consiguió la dirección de la embajada mexicana en Delhi.

Paz aceptó, feliz de contar con un nuevo traductor que, además, era un poeta auténtico. Le gustaba la presencia del “mundo exterior” en la poesía del inglés, una donde el mundo no es independiente de quien lo observa, donde “no es la representación del sujeto –más bien el sujeto es la proyección del mundo”.1 Un poeta de los ojos, pensó Paz, pero de “ojos que piensan” (su primer libro, de 1958, lleva un título que sintetizaba esa poética: Seeing is believing). Esa virtud predomina en la elección de los varios poemas que Paz le tradujo a lo largo de los años.2

Paz lo convenció de dar a conocer su obra plástica en In black and white (Carcanet Press, 1976) y le escribió el texto citado arriba. Tomlinson retribuyó organizando a los ocho poetas que participan en An octave for Octavio Paz (Menard y Sceptre, 1972) y traduciendo y prologando el libro que lo dio a conocer en el Reino Unido: Selected poems (Penguin, 1979). Una historia de cofraternidad intelectual y poética, de escrituras y lecturas, discusiones y celebraciones fecundas. Se percibe en las cartas a un Paz relajado, cómodo en el trato, burlón y burlesco a veces, propenso a la autocrítica y aun a la autoparodia (soy “The Eagle of Mixcoac, the Great Chief Octavio”): una clase de camaradería sabrosa poco frecuente en sus cartas, comparable solo –me parece– a la que existe con José Bianco.

“Nos escribimos durante treinta años –ha dicho Tomlinson–, una correspondencia muy cercana.”3 Una cercanía que parece estrecharse por el talante disímbolo de las maneras de ser y escribir de los corresponsales:

Yo estaba interesado en el continuum de la naturaleza más que en cualquier éxtasis exótico. Hablo sobre esto en mi poema “In the fullness of time”. Octavio andaba en la mitología india y yo me interesaba más en “la hermosura del transcurrir / que Breton rechazó”. A mí no me atraían el tiempo cerrado ni la imaginación surreal. Octavio era maravilloso, pero a veces me desconcertaba un poco.

Sobre esta alianza disímbola, Ruth Grogan evoca una anécdota elocuente:4 en 1988, en el Instituto de España en Londres, los poetas participaban en una mesa redonda. Paz discurría extensa y enfáticamente acerca de la consustancial duda del budismo sobre la propia identidad. Cuando terminó, Tomlinson declaró solemnemente que sí, que en efecto, él dudaba mucho de su identidad, pero en cambio le resultaba “mucho más difícil dudar de la identidad de mi esposa”. Supongo que, al apagarse las risas, Paz habrá comenzado a discurrir sobre el amor y el humor como anclajes sólidos de la identidad.

Verdaderos amigos, convertían sus divergencias en caminos creativos de mutuo beneficio. Paz verboso y tonante, Tomlinson reservado y sereno; uno político e ideológico, escéptico e irónico el otro. Si Paz explora el “bosque de símbolos” de Baudelaire y oficia en sus misterios, Tomlinson prefiere mirar cada árbol y pensar que es lo que es. La poesía de Paz es un complejo teatro verbal en el que lleva el papel protagónico; Tomlinson evade el drama privado: “mi poesía se opone a esa clase de solipsismo que teje fantasías entre uno y el mundo”.5 Los paisajes son para Paz cifra del cuerpo femenino y mapa del tiempo erótico; para Tomlinson son los ojos en acción, suspendidos en su solo mirar.

Discutían sobre la contingencia y la índole del instante, sobre la historia y la pseudohistoria –propone Grogan– con el asesinato de Trotski como escena paradigmática. Tomlinson había empleado como epígrafe de su formidable poema “Assassin” (dicho por el “yo” de Ramón Mercader) el verso alusivo de Piedra de sol: “el estertor de Trotski y sus quejidos / de jabalí”. Años más tarde Paz escribió “El asesino y la eternidad”, donde propone que el poema de Tomlinson “es la mejor refutación que conozco de la falacia que ve en la historia un substituto de la conciencia”. 6

Y sin embargo ambos creían en los poderes primigenios del azar y en que “la casualidad posee una lógica –es una lógica”, como escribe Paz en el citado ensayo sobre su amigo; los dos amaban intensamente las artes plásticas y escribían sobre ellas (Tomlinson, además, hacía sus fantásticas decalcomanías).7 Eran apasionados de la traducción poética como propedéutica y creación, como el arte de “transmutar y separar”, al decir de Tomlinson (las discusiones sobre el tema, en las cartas, son un aleccionador taller de poesía). Les atraía la poesía norteamericana moderna, en especial Wallace Stevens y William Carlos Williams (cuya correspondencia con Tomlinson ya ha sido publicada); habían admirado a Lawrence y veneraban a Dryden y a Donne; se aconsejaban mutuamente qué leer en español e inglés (Tomlinson, por ejemplo, recomendó The prelude de Wordsworth, el luminoso poema-caminata que abre la ruta hacia Pasado en claro). Y algo esencial entre buenos amigos: sabían tomarse a la ligera, reír y reírse.

Quizá los doce años de diferencia en sus edades le dieron a Paz la tutoría: “La influencia de Paz en mí es más mental que estilística”, ha dicho Tomlinson en otra charla: “Octavio te induce a un estado de escritura porque parece estar cargado de electricidad creativa.”8 Los poemas que dedicó a su amigo no quedaban al margen de coincidencias y distancias. Uno de ellos, “Twenty years ago” (The door in the wall, 1992), evoca el año de 1970 cuando, al final de su estancia en Cambridge, el autoexiliado Paz calculó instalarse definitivamente en Inglaterra, y Tomlinson decidía si mudarse a los bosques del norte de Nueva York (en mi endeble traducción):

Si te hubieras quedado

hace veinte años, si yo me hubiera ido

a vivir en la casa de Nine Mile Swamp9

mis hijos habrían sido norteamericanos, y tú

un exótico en el jardín de Cambridge. Ahora bien,

estos cálculos sobre opciones pasadas

sirven solo para decir que hicimos bien

al elegir las diferentes parsimonias

de los lugares a los que pertenecemos.

El poema también alude a sus contradictorias personalidades:

Tu vida

asediada por la rígida summa

de tomistas convertidos en políticos, se fue

haciendo más pública con el tiempo; la mía

en su privacidad, más sociable, quizá...

My dear Charles, Paz le escribe a Tomlinson 2
Martín Kovensky

La de Tomlinson, retirado del magisterio, sucedía entre bambalinas; aunque trotamundos, llevaba una vida casi de eremita, siempre con su Brenda, en su legendario cottage de los verdes Cotswolds. La vida de Paz, en cambio, tan protagónica y polémica, ocurría en el proscenio. Pero ninguno optó por la mudanza:

Tú regresaste a la monotonía monóxida

que mancha los árboles de Mixcoac:

“No hay jardines”, como dijiste, “más allá

de los que llevamos dentro”.

Uno de esos jardines, claro, era el de la entrañable amistad que los unía; un jardín que Tomlinson cultivó con esmero, y en especial cuando se aproximaba el momento de la despedida:

Y así es que coincidimos

contra viento y marea, la lejanía, nos encontramos,

traducimos nuestros mundos el uno para el otro,

nos saludamos en verso. Un poema es en sí mismo

un tipo de jardín...

Entre esos poemas el que más me gusta es la preciosa carta en verso que ya mencioné, “In the fullness of time (a letter to Octavio Paz)”,10 que narra el acontecimiento11 de su azarosa reunión en Fiumicino, el viaje hacia Spoleto y hacia la amistad que comienza como arco y culmina en círculo:

El tiempo que nos dices es el siglo y es el día

de Shiva y Parvati: inocencia inminente,

momento sin movimiento. Dinos, también, cómo

el tiempo en plenitud nos llena

mientras pasa: dinos la hermosura de transcurrir

que Breton rechazó: el día se va

acabando, pero hay tiempo antes de firmar

una tregua con el tiempo. Nos conocimos

sudando en Roma, en un lugar

de confusión, maletas y teléfonos: y luego

caía la tarde en Umbría, el tren

llegaba, la luz salía de los campos secos

y luego de los tejados próximos. Al ir frenando

en la curva de la estación, las ventanas de enfrente

pusieron ante nuestros ojos, nos lanzaron,

un fulgor de luces lentas: el futuro

que nos había invitado nos esperaba ahí

en los vagones delanteros. Nos corresponde

cerrar ese arco titubeante al aceptar el tiempo,

del segmento al círculo, del azar al evento:

y ¿cómo no aceptarlo? Pues al poner el tiempo

sus terrores, fue como si el ocaso,

sin prisa alguna, fuese él mismo una indulgencia.

El momento cimero de su amistad es la redacción, juntos primero y después por carta, de Hijos del aire / Airborn que escriben al alimón en 1979 (trabajaron juntos además, como es bien sabido, en Renga, de 1972, con Jacques Roubaud y Edoardo Sanguineti). Paz dice que el título Airborn lo sugirió Brenda. Quizás había olvidado que muchos años antes él ya lo había escrito:

...porque solo vivo de aire,

aire que me bautizó.

Aire de agosto en que nace,

bajo la luna dorada,

hijo del aire, mi amor.12

Acontecimientos

Entre 1966 y 1989 Paz envió a Tomlinson ciento veintiocho cartas que figuran entre los “Charles Tomlinson Papers” del pródigo Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin; las respuestas deberán estar en el archivo de Paz. Imposible abreviar cabalmente su riqueza: gloso o reproduzco, apenas, unos párrafos y líneas volanderas. Ojalá que un día se editen con inteligencia y, sobre todo, que a diferencia de otras correspondencias de Paz ya publicadas, se respete el carácter (para Paz) sagrado del prefijo com (unión). A fin de cuentas –le escribe Paz a su amigo en 1968, unos días después de Tlatelolco– “[tus cartas son] más sabias y humanas que las mías –ay de mí, siempre lleno de furor teológico”.

...

Delhi, 8 de noviembre de 1966: La poesía es “revelación” de nuestra “obviedad” o alteridad consubstancial: “este descubrimiento es, para mí, capital”.

29 de marzo de 1967: “Todo poema es un comienzo de otro, y una tumba para el que lo escribe.”

La academia “es un refugio de mediocres, unos bien intencionados y, los más, despóticos.”

10 de febrero de 1968: El primer mundo es “la prosperidad y sus dos hijos: el hartazgo y el grito de la histeria”.

28 de febrero de 1968: Jaime Sabines es “un buen poeta”, pero del “género de los insistentes-rabiosos-expresionistas-apocalípticos-masoquistas”.

19 de marzo de 1968: Relata su única charla con Gabriela Mistral:

“Usted es, como Borges, Reyes y Huidobro, un europeo. En cambio, yo soy latinoamericana, terrestre, como Neruda y Vallejo”, y al decirlo me miró con cierta lástima. Durante muchos años me preocupó ese juicio. No era la primera vez que lo oía: desde que comencé a escribir. ¿Qué hacer? ¿Pintarme de ocre para convertirme en auténtico hijo de la “raza de bronce”? En París, con gran sorpresa mía, los poetas y los críticos dijeron que mis cosas revelaban un surrealismo telúrico. Con ese certificado de “buena conducta” regresé a México. Me llamaron afrancesado. Y un poeta chileno joven (lleno de talento, por lo demás, aunque también de envidia y mala leche) dijo que mis poemas eran “pastiches mexicanistas”.

12 de junio de 1968: Reciente la “Revolución de mayo” en Francia, los Paz vacacionan en Kasauli (en Himachal Pradesh, al pie de los Himalayas):

Se bambolea el mediocre orden del mundo “desarrollado”. Me emociona y exalta la reaparición de mis antiguos maestros: Bakunin, Fourier, los anarquistas españoles. Y con ellos el regreso de los videntes poéticos, Blake, Rimbaud, etc. La gran tradición que va del romanticismo alemán e inglés al surrealismo. Es mi tradición. Charles: la poesía entra en acción. Creo que estamos a punto de salir del túnel, ese túnel que empezó con la caída de España, los procesos de Moscú, el ascenso de Hitler, el túnel cavado por Stalin y que los Eisenhowers, Johnsons y las tecnocracias capitalistas y comunistas nos dijeron que era el camino del progreso y el bienestar. Cualquiera que sea el resultado inmediato de la crisis francesa, estoy seguro de que en París ha comenzado algo que cambiará decisivamente la historia de Europa y, quizá, la del mundo. La verdadera revolución socialista, en esto Marx tenía razón, solo puede realizarse en los países desarrollados. Lo que no dijo (aunque al final de su vida, después de la comuna de París, lo aceptó a medias) es que la revolución sería socialista y libertaria. Lo que empieza ahora no es únicamente la crisis del capitalismo y de las caricaturas sombrías del socialismo que son la urss y sus satélites y rivales (la delirante China de Mao) –es la crisis del más viejo y sólido instrumento de opresión que conocen los hombres desde el fin del neolítico: el Estado.

3 de agosto de 1968: Paz celebra el “ojo” de Charles. Dice que su propia ambición es ser un poeta “visionario” y un poeta “de la visión”. Escribe un resumen de su “fe”: “socialismo + individualismo libertario + poesía (otredad)”.

Parece que la represión en México es severa, brutal [...] Temo que estos disturbios fortifiquen aún más a la derecha. La herencia revolucionaria se disipa... Desde hace bastante tiempo proyecto renunciar a mi puesto y lo que ahora ocurre contribuye o disipa mis últimas dudas. Iré a México en noviembre y allá arreglaré definitivamente mi situación. Tal vez consiga algo en la Universidad o en El Colegio de México.

27 de septiembre de 1968:

Es incongruente –desde un punto de vista moral tanto como sentimental– mi permanencia en el sem [Servicio Exterior Mexicano]. Precisamente había ya iniciado el trámite para obtener mi retiro. Lo que pasa ahora me revela que lo debería haber hecho antes. Todo esto me tiene apenado, avergonzado y furioso –con los otros y, sobre todo, conmigo mismo.

He escrito un ensayo de cerca de cien páginas sobre un tema que colinda con lo sublime y lo escatológico: la caca y el sexo [Conjunciones y disyunciones, 1969].

6 de octubre de 1968:

Para entender esta vuelta a los sacrificios humanos les recomiendo “El cántaro roto”, en Libertad bajo palabra. Repruebo los excesos verbales de este poema, pero no su substancia. Porque hay una interpretación política, la sociológica y la mítica. La última es la cierta. Los viejos dioses andan sueltos otra vez, y nuestro presidente se ha convertido en el Gran Sacerdote de Huitzilopochtli. Decidí no continuar como representante del Gran Moctezuma (el primero, famoso por el número de víctimas que sacrificó en el Teocalli).

Niza, 13 de diciembre de 1968: Luego de un viaje de un mes por barco desde Bombay, rodeando África, los Paz llegan a Barcelona. Los esperan en el muelle Carlos Barral, Félix de Azúa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez (“deben leer Cien años de soledad”) y Jaime Gil de Biedma. Tiene ofertas de trabajo de las universidades de Oxford, Cambridge, Exeter y Vincennes, pero elige la de Pittsburgh, pues facilita trasladar a su madre, Josefina Lozano, a vivir con él y su esposa.

Pittsburgh, 4 de mayo de 1969: Comienza la peregrinación por las universidades. Al llegar a Pittsburgh escribe que ya cayó “en el gran ojo del inmundo”. Opina que la ciudad es tan horrible como la de Mordor que imaginó Tolkien. Le pide a Charles que le envíe el manuscrito de Renga: “me propongo venderlo a precio de oro a los texanos, a cuenta de la guerra de 47”.

6 de junio de 1969: Su madre llega a Pittsburgh: “Tiene 76 años, oye mal y empieza a perder el seso: patético y exasperante.” Ha dejado de fumar “y me he vuelto absolutamente estúpido”.

30 de julio de 1969: La siguiente universidad es la de Texas en Austin, en septiembre. Tratará de vender el manuscrito de Renga, “según convinimos en París”.

Austin, 21 de septiembre de 1969: Se mofa de su iracundia: “Rechinar de dientes, crujir de mandíbulas y el hilo verde de la bilis rabiosa por la comisura de los labios de Octavio...”

25 de septiembre de 1969:

No, no era necesario haber leído bajo ninguna higuera a Nāgārjuna; bastaba con haber paseado por las universidades para comprobar que todo está vacío.

Cambridge (Inglaterra), 26 de marzo de 1970: Acaba de recibir Eagle or Sun? / ¿Águila o sol? (October House, 1970), traducido por “un joven poeta [Eliot Weinberger] inteligente, sensible, aunque tal vez demasiado, a veces, seguro de sí mismo y, en sus tratos con el mundo, arrogante y righteous, casi reivindicativo... como tantos jóvenes”. Paz había revisado la traducción con ayuda de Rodolfo Cardona, profesor en Pittsburgh, y encontró aciertos, pero también más de cuarenta errores “garrafales”.

El joven poeta aceptó, no de muy buen grado, nuestras correcciones y me dijo que ya había cambiado su texto. Hace unos días recibí dos ejemplares del libro: ninguna de las correcciones que yo había sugerido aparece y el resultado es grotesco... Pensé escribir al joven traductor una carta llena de rayos y centellas pero no he tenido ánimo para ello. Lo mejor será encogerse de hombros.13

8 de mayo de 1970: A solicitud de Tomlinson, que le pide una “genealogía espiritual”, Paz anota “algunos signos para la estela conmemorativa de mi paso por este valle de lágrimas”.

Lecturas: “Medievales”, Góngora y Quevedo, Novalis (“sus ensayos, más que su poesía”), William Blake; Coleridge; simbolistas: Nerval, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé; modernos: “Apollinaire, Michaux como sus extremos.”

Amistades: Luis Cernuda, André Breton.

Poesía: Interés en “la versificación acentual irregular” sobre “la silábica regular”. “Breve participación en las actividades del grupo surrealista en las postrimerías del movimiento.” “En su momento, me interesó la poesía náhuatl, pero me interesó más la china y japonesa.”

Vida: “Poesía y vida: viaje a la India, encuentro con Marie-José.”

13 de mayo de 1970: Relee a Wallace Stevens. Encuentra que su poema “Esthétique du mal” es “admirable”. Advierte que en su poema “¿No hay salida?” escribió lo mismo que Stevens en el suyo: “We are not / At the centre of a diamond.”

1 de junio de 1970: Se refiere a Louis Aragon y a Pablo Neruda como “las tonadilleras de Moscú”.

7 de julio de 1970: Luego de una visita a los Tomlinson, durante la cual lee The prelude, comienza a esbozar Pasado en claro. Apunta: “Imágenes de ruinas, imágenes en ruinas: la casa de mi niñez...”

18 de julio de 1970: No le gustan ni la traducción de Muriel Rukeyser (New Directions, 1962) ni el original de Piedra de sol. “Es lo que menos me gusta, mejor dicho: lo que no me gusta nada.” Hace una apología de la lengua inglesa y anota cuánto lo irrita el retórico, pomposo castellano.

México, 19 de marzo de 1971: A fines de enero de 1971 los Paz se embarcan en Southampton rumbo a Acapulco, por la ruta de Panamá.

Lo más sorprendente [de los mexicanos] es la manera de mirar, como si te miraran desde la otra orilla de la realidad [...] Las danzas en nuestro honor, las copas de tequila y las de estricnina, los manjares envenenados, los abrazos, las espinas, las puñaladas, las sonrisas, las muecas, los silencios, la infinita gama de silencios...

Cambridge (Massachusetts), 19 de octubre de 1973: Comenta que “Petrificada/petrificante” es “el tercero de una serie sobre Mexico City (née Tenochtitlan)”. Los otros dos poemas son “Vuelta” y “A la mitad de esta frase”. Sobre la forma en que ha sido recibido “Petrificada/petrificante” dice:

México me duele, pero yo no le duelo a los mexicanos. A veces pienso que no me quieren, pero exagero: no existo, no pertenezco, no soy de los suyos. Lo mismo le pasó a Reyes, lo mismo le pasa a Tamayo. Su pintor es Siqueiros –lo adoran. Y su verdadero poeta debería haber sido Neruda –o Santos Chocano. Qué mala suerte han tenido conmigo –y yo con ellos.

14 de febrero de 1974: “Si volviera a nacer, me gustaría ser inglés.”

10 de enero de 1975: Al regresar de un viaje al sur de Andalucía:

En mi reciente viaje al país de los toros y las naranjas se reveló el secreto de mi origen. Al fin, oh Brenda... ¡Soy celta! Eso explica todo. Como Nerval, hijo de Grecia por la musa,14 yo soy bardo por ser hijo de la Encina Celta.

[De ahí los versos en Pasado en claro: “Yo escribo porque el druida, / bajo el rumor de sílabas del himno, / encina bien plantada en una página / me dio el gajo de muérdago, el conjuro / que hace brotar palabras de la peña.”]

México, 10 de junio de 1975: Ha terminado “Nocturno de San Ildefonso”. Padece un ataque de “acedia, la enfermedad negra que nos hace sentarnos en un sillón sin hacer nada, excepto comernos y recomernos con el pensamiento...”

7 de abril de 1977: Volvió de Cambridge (Estados Unidos) a México con molestias renales y tuvo que ser operado a fines de febrero. Cinco horas en el quirófano: “memento mori”.

La política mexicana, sórdida y fútil.

[La revista Vuelta] marcha, aunque no sin la triple inutilidad del gobierno, para el que resultamos demasiado independientes, la derecha, para la que somos comunistas porque somos demócratas, y la izquierda, para la que somos reaccionarios por la misma razón. Increíble pero cierto.

14 de marzo de 1979: Prepara la edición de Poemas 1935-1975 para Seix Barral. Se refiere al “vicio” de corregir sus poemas:

Mis ejemplos fueron Yeats y Juan Ramón, cuyos poemas revisados son muy superiores a los originales [...] Pero temo haber cometido el mismo error de Wordsworth y Auden: sus correcciones fueron casi siempre desafortunadas. Diré en mi abono que los cambios que he hecho no son ideológicos, morales o filosóficos. No corresponden a un cambio en mis opiniones –aunque han cambiado, y mucho– sino, creo, a una depuración de mi gusto y a un mayor rigor poético.

17 de febrero de 1983: “¡Ah, el arte de acabar bien! Montaigne si leyere esto, sonreiría: es un saber que influye lo mismo al ars poetica... que al ars moriendi...”15

19 de enero de 1987:

El verdadero analfabeta es casi siempre culto; el letrado –lector de periódicos y libros de sociología– es inculto.

El antiliberalismo de los liberales haría enrojecer a Stuart Mill y frotarse de gusto las manos a Marat y Robespierre. No son liberales: son jacobinos.

Este país, que era civilizado, en menos de dos siglos ha regresado a un estado que no sé si llamar bárbaro –la barbarie implica cierta salud y la situación en México es todo menos saludable...

[Posdata: Conocí a los Tomlinson en el año 2000. Él era un hombre delicadamente afable, de modos y modales suaves, remoto y sonriente, de humor directo y agudo. Tenía los pómulos colorados, manos de grulla, un anillo descomunal, corbatas anquilosadas, un parche negro que tapaba el ojo perdido. Su esposa Brenda –la hija del cartero del pueblo, de la que se enamoró en la adolescencia– era un pequeño sol feliz y rubicundo. Próximos a la noventena, les auguro el destino de Baucis y Filemón.] ~

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 “En blanco y negro: Charles Tomlinson” en Excursiones / Incursiones. Dominio extranjero, vol. 2 de sus Obras completas, México, fce, p. 189.

2 Once poemas, recogidos en Obra poética II, vol. 12 de las Obras completas, pp. 444-452.

3 “Charles Tomlinson at Brook Cottage”, entrevista de Julian Stannard, Poetry Review (en línea).

4 En un buen ensayo “The fall into history: Charles Tomlinson and Octavio Paz” en Comparative Literature, vol. 44, núm. 2, University of Oregon, primavera de 1992, pp. 144-159.

5 En la entrevista de The Paris Review, núm. 78, 1998.

6 Recogido en Ideas y costumbres I, vol. 9 de las Obras completas, p. 104.

7 Paz escribió un poema sobre Tomlinson como artista, “Tintas y calcomanías” en Obra poética II, p. 61.

8 Con David Morley, en The North, 10, 1991 (en línea).

9 El “Pantano Nueve Millas” es una zona cerca de la ciudad de Syracuse.

10 El título del libro es una frase hecha que equivale a la española “cuando llegue el momento”.

11 Así traduce Paz event, palabra clave en la poética de Tomlinson. Temo que no haya en español una palabra que exprese mejor el carácter imprevisto de un suceso. La Academia registra para “evento” la acepción “eventualidad, hecho imprevisto, o que puede acaecer”, pero solo en España; en América Latina es lo contrario, un “suceso importante y programado”. En mi traducción respeto “evento”.

12 La estrofa, inédita, figura en una carta de 1935 a Elena Garro.

13 En 1976 aparecería una definitive edition, corregida, en la editorial New Directions de James Laughlin.

14 Alude a “Myrtho”, el soneto de Nerval: “Car la Muse m’a fait l’un des fils de la Grèce.” A Paz le divertía haber descubierto en ese viaje no solo sus afinidades andaluzas, sino su remoto origen celta: “Paz –me contó un día– es traducción de Bath”, apellido común en Inglaterra.

15 Evoca el capítulo 19 del libro 1 de los Ensayos: “Filosofar es aprender a morir”.