Minority Report, de Steven Spielberg | Letras Libres
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Minority Report, de Steven Spielberg

En el año 2054 se cumplen seis años desde el último asesinato cometido en la ciudad de Washington. El éxito se debe al programa piloto del Departamento de Precrimen, el cual consiste en que un equipo de policías se dedica a interpretar las visiones de tres precognitivos o precogs, seres capaces de predecir el futuro mientras flotan en un tanque de aislamiento sensorial lleno de una sustancia enriquecida con nutrientes. También se cumplen seis años de la misteriosa desaparición del hijo de seis años del jefe de este programa, John Anderton (Tom Cruise), especie de fusión de superpolicía violento, detective, director de orquesta, psicoanalista del sueño y editor de cine. Anderton, al ritmo de la Sinfonía inconclusa de Schubert y mediante un curioso dispositivo, que incluye unos guantes-proyectores, manipula en el aire, con grandes gestos y movimientos de manos, el material visual de los sueños de los precogs (que parece sacado de un viejo filme) para crear una narrativa coherente y con ella determinar el criminal, la víctima y la localización del futuro crimen. Una vez encontrada la información, los agentes salen a toda prisa a bordo de extrañas y poco aerodinámicas máquinas voladoras para arrestar al preculpable. Y al hacerlo se establece el principal dilema lógico del filme: "Los culpables son arrestados antes de que la ley sea rota".
     El más reciente filme de Steven Spielberg, Minority Report, está basado en un relato de 1954 de uno de los autores más prodigiosos de la ciencia ficción, Philip K. Dick. Si bien aquí aparecen algunas de las obsesiones que caracterizan a la obra de Dick, como la desconfianza en la autoridad, la posibilidad de realidades alternativas, las alucinaciones colectivas como métodos de control, las fronteras de lo que es un ser humano (los precogs aparecen como híbridos de ángeles y androides) y el terror a un futuro donde la mente humana es colonizada por intereses corporativos dictatoriales, se trata de una historia relativamente simple que es anterior a las novelas y cuentos que lo dieron a conocer. El relato era una reflexión filosófica en torno al libre albedrío y el destino. Aunque la cinta toca esos temas tangencialmente, en realidad trata acerca de segundas oportunidades y de la posibilidad de elegir una "opción mejor", tanto a nivel individual como social.
     Los tres precogs son hijos de drogadictos que nacieron con deficiencias cerebrales, y que tras un procedimiento experimental para "curarlos" comenzaron a mostrar su talento para soñar el futuro. Estos mutantes se llaman Agatha, Arthur y Dashiell, en obvio homenaje a tres grandes maestros de la literatura de misterio: Christie, C. Doyle y Hammett, "videntes de la culpabilidad humana", como señala Armond White en el New York Press. Algunas veces, entre estos tres seres condenados a vivir en una interminable pesadilla de atrocidades en el futuro, puede haber disidencia en torno a un crimen, pero en conjunto son infalibles. Una versión discrepante es denominada un informe minoritario. De ahí el título original del filme, el cual resulta ser una pista falsa, pero que también es la justificación de las vertiginosas secuencias de acción de la película, ya que la búsqueda de dicho informe conduce a Anderton a huir de la ley cuando él mismo es acusado de ser un precriminal.
     Este filme, así como Blade Runner (Ridley Scott, 1982), sin duda la mejor adaptación de Dick al cine, gira en torno a una obsesión con la visión y los ojos. La película de Scott comienza con un ojo que vigila desde las alturas el apoteósico Los Ángeles del futuro y culmina cuando el replicante Roy Beatty trata de demostrar su "humanidad" al blade runner que ha ido a asesinarlo, al enumerar los prodigios que ha visto y que ningún hombre jamás ha podido presenciar. En esa cinta es un técnico en la fabricación de ojos de la corporación Tyrrell quien permite a los replicantes enfrentarse a su creador. Aparte, es a través de la prueba de Voight-Kampf, que analiza los movimientos oculares durante un interrogatorio, cómo se determina quién no es humano. En Minority Report, los ojos de todo mundo son escaneados constantemente por incontables dispositivos de seguridad así como por anuncios comerciales callejeros, los cuales le hablan a la gente por su nombre en una perversa extensión del concepto del target marketing. Es un tiempo en el que los trasplantes de ojos se realizan clandestinamente en cuartuchos inmundos. Aunque, paradójicamente, el filme comienza con un precriminal que afirma que sin sus lentes no puede ver nada. En una de las mejores secuencias del filme, docenas de pequeños robots se deslizan al interior de viviendas miserables para escanear los ojos de todo mundo, apenas interrumpiendo sus actividades, en la busca de un sospechoso. Lo cual enfatiza que en este paraíso sin crimen la privacidad ha dejado de existir. La responsable de que los precogs se hayan convertido en profetas involuntarios es la Dra. Iris (otra referencia ocular) Hineman y el dealer de la droga clandestina con que Anderton goza y se atormenta con su desventura tiene en vez de ojos dos negras cuencas agusanadas. También el propio Anderton se verá obligado a arrancarse los ojos para cambiarlos por un par nuevo, en una elíptica referencia edípica.
     La cinta se vale de numerosos clichés de la ciencia ficción (como jetpacks o arrestos al estilo Brasil, de Terry Gilliam) y va del homenaje a Hitchcock al surrealismo, pasando por la inolvidable secuencia en la que un coche es construido alrededor de Anderton, quien sale conduciendo de la línea de producción, y otra en la que él mismo tiene que perseguir a sus ojos antes de que rueden hasta una alcantarilla. Por otro lado, la tecnología del futuro que nos ofrece Spielberg no resulta demasiado sorprendente, con la excepción de las carreteras que suben y bajan por los costados de los rascacielos. El centro comercial que Anderton recorre abrazando a la azorada Agatha, en otra secuencia brillante, más que evocar el futuro parece una versión glamourosa del acoso comercial de la actualidad y tan sólo parece indicar que el filme se desarrolla en un presente inamovible de consumo y decadencia (cuyo emblema más apropiado son las cajas de cereal animadas y musicales).
     Spielberg ofrece una lectura interesante, vistosa y por momentos fascinante del relato, en una cinta que está constituida por un thriller policiaco y un filme de aventuras extremadamente convencionales, con complacientes finales sucesivos y artificios estandarizados. Pero antes que nada Minority Report es un drama familiar en el que por una parte tenemos la tragedia de la desaparición de un hijo y por otra la pérdida de una madre. El director de Parque Jurásico estaba interesado en hacer un filme sucio, decadente y sórdido, por lo que intentó crear un film noir. En vez de eso obtuvo un atractivo look deslavado, conseguido al decolorar virtualmente el technicolor, y darle una calidad metalizada y tornarlo granuloso por el uso de película ASA 800. Pero el film noir no es nunca resultado de efectos especiales ni de un look, sino de una visión pesimista de un universo irredimible cuya estética responde a su desolación. El director de Tiburón es incapaz de asumir que existen universos que no pueden ser salvados simplemente al cambiar el futuro y elegir un "mejor curso de acción". Spielberg no está interesado en cuestionar a la autoridad o al sistema como Dick, quien vivió en carne propia la marginación, la opresión y supo lo que era tener que alimentar a su familia con comida para perros mientras vivía a pocos kilómetros de la oprobiosa opulencia de Beverly Hills.
     Spielberg es un moralista y un optimista incorregible que aquí recurre a un giro populista típicamente hollywoodense: la fórmula que hace que los poderosos sean castigados por sus crímenes en un vertiginoso ajuste de cuentas en el último rollo de película, donde el héroe es premiado poco antes de que rueden los créditos. En la cinta toda especulación filosófica se desvanece con la misma rapidez que la utopía de un mundo sin crimen.
     El cineasta ha declarado apoyar plenamente al presidente estadounidense George W. Bush en su lucha contra el terrorismo y estar de acuerdo en ceder algunas libertades a cambio de seguridad, con lo que se hace eco del dogma del Departamento de Precrimen: "Aquello que nos mantiene seguros también nos mantiene libres". El filme se rodó antes de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, pero el concepto de la persecución de los precriminales o criminales en potencia refleja que en la realidad existe un número indeterminado de hombres que han sido arrestados sin cargos en los Estados Unidos por su origen nacional, religión o ideología. Resulta irónico que así como la institución que Anderton dirige queda fuera de su control y se torna en su contra, también la trama de esta historia ha sido arrebatada a Dick, para ser tornada en un melodrama sin duda deslumbrante, pero perversamente irreconciliable con el espíritu original del relato. ~