México a examen | Letras Libres
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México a examen

Los corresponsales de tres medios claves en México aceptaron conversar sobre las elecciones, pero también sobre el país real que se esconde detrás de las campañas electorales. Sin falsas cortesías, describen cómo nos ven desde fuera, con nuestras acotadas virtudes y nuestros grandes defectos.

Para El País, el periódico de indiscutible liderazgo en español, México es un lugar importante: no solo como la nación más poblada y rica del mundo hispanoamericano (en términos duros del PIB), sino como puente natural entre España y América Latina. En cambio, para The Economist, quizá la revista política más importante e influyente del mundo, México es un excéntrico país cuyo corresponsal debe hacer presión para ganarse un espacio entre las admirables páginas de su revista. Los medios en Estados Unidos, por su parte, van de la casi total indiferencia con sus incómodos vecinos del sur a la lógica obsesión. Para la costa este México es una tierra desconocida, peligrosa y muy lejana, pero para la costa oeste México es clave en todos sentidos. Y más aún para Los Ángeles, la ciudad con la mayor población mexicana del mundo tras el Distrito Federal. Desde estos medios, y con idiosincrasias diversas, un español, un joven británico y una estadounidense nos ayudan a entender nuestro país y la encrucijada enorme en que nos encontramos. Solo un par de certezas comparten: México nunca los aburre y no pocas veces los sorprende.

 

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Enrique Krauze: Quisiera empezar preguntando por lo más inmediato. ¿Cuál es su opinión del primer debate? ¿Cómo se compara a la cultura de debates a la que ustedes están acostumbrados según sus propias experiencias y países?

 

Tom Wainwright:Debo decir que Inglaterra está muy retrasada respecto de México en cuanto a debates televisivos. No sé si sepan, pero la primera vez que tuvimos un debate televisado entre candidatos a primer ministro fue en 2010. Obviamente se debe a que tenemos un sistema parlamentario y no votamos por el primer ministro. Así que México está por lo menos dieciséis años adelantado.

Con todo, creo que el debate fue decepcionante en tanto que la palabra “debate” implica al menos cierto tipo de discusión, de argumentos o de interacción entre los candidatos. El formato, en que cada persona tenía una cantidad de tiempo muy limitada –uno o dos minutos–, no propiciaba en realidad debate alguno. Me recordó un poco a la lucha libre: parece una pelea de verdad, pero en realidad no hay combate real y nadie sale lastimado. Pero es bueno que México tenga estos debates. Y los candidatos me parecieron más animados de lo que esperaba. Pensaron más de lo que esperaba que lo hicieran y es una verdadera lástima que el esquema haya sido tan rígido. Si el formato hubiera sido más abierto, habríamos visto una auténtica discusión entre los candidatos.

 

Tracy Wilkinson:En Estados Unidos hay una tradición muy larga de debates presidenciales. No puedo llamar “debate” al acontecido el pasado 6 de mayo, sobre todo porque las preguntas se pasaron por adelantado. Eso jamás se ha visto en Estados Unidos y, como dijo Tom, los límites de tiempo tan rígidos evitaron que se enfrascaran unos con otros. Eso fue frustrante. Pero fue mejor de lo que esperaba. Hubo algunas líneas buenas que todos los candidatos tomaron, incluido Quadri, que lo hizo bastante bien. Había algunas expectativas de que Josefina y AMLO se iban a cazar mutuamente para pelear el segundo lugar, pero en realidad atacaron a Peña Nieto. Y hubo algunos puntos muy buenos. Creo que fue Josefina quien dijo que el Estado de México es el segundo estado más corrupto del país.

Muchos comentaristas decían en días anteriores que lo único que Peña Nieto debía hacer era evitar un tropiezo, y que saldría airoso, que los debates no eran su fuerte. Así que fue interesante ver si perdió el piso –lo cual no me pareció.

 

Luis Prados:Personalmente soy partidario de los debates electorales, sean buenos, malos o regulares. Creo que son mucho más útiles a la opinión pública que los mítines con acarreados. Los debates son como los grandes clásicos de futbol: las expectativas son enormes y luego el resultado suele ser o es a veces decepcionante, porque no hay demasiados goles. Estoy de acuerdo con Tracy y Tom en que en cierta manera los candidatos salvaron un formato tan rígido que casi evitaba el debate. En ese intercambio de golpes que tuvieron, los candidatos salvaron un poco el espectáculo o el interés político. Una de las cosas que me llamaron la atención es que fue larguísimo: casi dos horas. La atención se vuelve decreciente por necesidad. Pero nunca vimos las reacciones de ninguno de los políticos cuando era atacado por alguno de sus rivales. Curiosamente, la televisión ofreció solo un plano frontal del político que estaba hablando en ese momento. Creo que no hubo ningún ganador. Peña Nieto sobrevivió con solvencia y Josefina perdió una oportunidad: de remontar, de cambiar la tendencia que indican los sondeos sobre su candidatura. AMLO habló para su público ya convencido desde hace seis años. Y creo que Quadri introdujo una distorsión en todo el debate.

 

Enrique Krauze: Háganme un perfil de cada uno de los tres candidatos que están arriba en las encuestas.

 

Tom Wainwright: Me pregunto si AMLO es el candidato equivocado del partido correcto y si Josefina no es la candidata correcta del partido equivocado. No creo que ella sea una gran candidata, aunque sí es buena. Hizo un buen papel anoche en el debate. Es razonablemente atrayente. El hecho de que sea una mujer creo que es una ventaja más que desventaja. Pero, después de seis años de Calderón y seis de Fox, tiene un problema terrible. Así que no sorprende que su eslogan sea “Soy diferente”. Tiene que diferenciarse. Y ahí radica su problema. AMLO es justo lo contrario. El PAN tiene un gobierno muy impopular, el PRI no acaba de convencer a la gente, así que debería ser un buen año para el PRD. Aunque muchos piensan que el PRD es la mejor opción, simplemente no pueden votar por AMLO. Hay un contraste interesante entre un candidato fuerte y su partido débilmente posicionado o, la inversa, entre un candidato débil y un partido fuertemente colocado.

Peña Nieto es el más interesante por el momento. Creo que todo lo que se dice acerca de él tiende a estar exagerado. La gente lo caracteriza normalmente como una simple cara bonita y una cabeza hueca. No creo que sea tan bobo como la gente asegura, ni creo que los otros candidatos sean tan inteligentes como la gente dice. Estuvo mejor en el debate que en el Foro Económico, donde lo vi hace un par de semanas, justo después de Josefina. Y creo que lo hizo mejor que ella; estuvo más animado. En términos de sus propuestas, creo que tiene más interés en el liderazgo que en los detalles de gobierno. Cuando se le presiona acerca de los detalles de política energética o de telecomunicaciones, no puede decir mucho. Por tanto, la pregunta clave es cuál será su equipo, pues parece obvio que tendrá que apoyarse mucho en él. Necesitamos saber más acerca de eso ahora que sabemos un poco más de él.

 

Tracy Wilkinson: Retomando el último aspecto, creo que esa es la clave de Peña Nieto. No creo que sea tonto o que tenga una cabeza hueca: es listo, aunque no sea un gran pensador. La gente a su alrededor es la que va a determinar realmente lo que haga. Dice muchas cosas correctas, como aumentar la inversión en Pemex, pero sabemos que el viejo PRI que está alrededor suyo es el que va a marcar la diferencia y a decidir qué tipo de gobierno habrá. Es un candidato excelente para la televisión; todo a su alrededor está cuidadosamente orquestado y coreografiado, con una precisión casi militar. Y eso basta, pero también hace que uno se pregunte quién está realmente jalando los hilos y qué tanto puede pensar por sí mismo. Es un candidato excelente en un nivel superficial, pero creo que, como Tom dijo, la gente a su alrededor es la que determinará qué tipo de PRI sería elegido.

Pensaba que Josefina sería una candidata excelente porque el solo hecho de ser mujer atrae la atención de manera automática y hubo mucho ruido cuando fue elegida. Pero está en la posición irremediable de tener que distanciarse del gobierno del que fue parte, sin alienar el voto de los panistas duros al mismo tiempo, lo cual me parece una tarea imposible. Creo que puede aspirar a establecer esa distinción. Tiene ideas y políticas buenas, pero es una panista y no puede evitar esa etiqueta. E incluso la necesita para ganar el apoyo de la base.

Y, sobre AMLO, lo mismo: su momento fue hace seis años. Es una pena que no se haya hecho a un lado, con lo cual el PRD habría tenido un mejor candidato, quizás Ebrard. Es una pena –y en esto coincido con Tom– porque el partido, idealmente, podría estar posicionado para hacer grandes cosas, pero no va a pasar. Muchas personas están enojadas con AMLO todavía, y eso es un lastre que le va a impedir aumentar el apoyo más allá de los simpatizantes con los que ya cuenta y a los que se dirigió anoche, como observó Luis.

 

Luis Prados: Llevo poco tiempo en México, pero tengo la sensación de que Peña Nieto representa, incluso físicamente, las aspiraciones de muchos mexicanos. Sobre todo de las clases nuevas, las clases medias mexicanas. Representa una forma de ser, de comportarse, de vestir... Esto me lleva a preguntarme si no es el PRI el partido que más se parece al mexicano medio de ahora. Cuando se bromea constantemente con que es una marioneta, una criatura de Televisa, yo no lo creo. Gobernar el Estado de México no es ninguna tontería. Por muchos asesores y padrinos políticos que tengas, al final tienes que gobernar. Creo que Peña Nieto es una persona consciente de sus limitaciones que puede aprender rápido. No es un pensador, eso está claro, pero para qué necesitamos que un político sea filósofo.

En el caso de Josefina, no puedo verla como jefa de Estado. No la veo como presidenta de un país como México. Su discurso motivacional y de autoayuda tendrá su éxito, pero no da para la presidencia. Incluso hay mujeres, jóvenes sobre todo, que se resisten a votar por ella por el simple hecho de ser mujer: tiene que articular una política más allá de su condición. Y, como decía Tracy, lleva un fardo a la espalda tremendo: ¿cómo representar el cambio dentro de la continuidad después de doce años de gobiernos que no tienen demasiados resultados que presentar?

Por último, AMLO parece estar fuera del tiempo. No es un político homologable para el siglo xxi. Ofrece una visión absolutamente nostálgica. Lo que propone es volver a una edad dorada que existió, según él, en el pasado. Pretende remediar todos los problemas acuciantes, urgentes y tremendamente difíciles de México con la receta de la honestidad y la bondad. Ni el problema del narcotráfico ni Pemex los arreglas simplemente siendo honesto. Es condición necesaria pero no suficiente.

 

Tracy Wilkinson: Aun a las mujeres que votarían por Josefina simplemente por ser mujer –las feministas, digamos–, les parece muy difícil votar por ella por sus políticas, las del PAN: antiaborto, contra el matrimonio gay.

 

Tom Wainwright: Sobre ese punto quiero agregar algo. La Comisión de Derechos Humanos hizo una encuesta acerca de la votación y se descubrió que las mujeres son más conservadoras que los hombres respecto del aborto. Así que no sé si es bueno o malo para Josefina; quizá gane incluso más votos por eso. Pero no sé.

 

Ricardo Cayuela Gally: Hay una larga tradición de mirada extranjera sobre México que nos ha iluminado en muchos aspectos de nuestra historia. Aprovechando esa condición, quiero hacerles una doble pregunta: ¿cuál es el gran prejuicio que tenían antes de venir a México y que la vida aquí les ha desmentido; cuál el gran defecto del país que no esperaban encontrar?

 

Tracy Wilkinson: En los inicios de mi carrera pasé la mayor parte del tiempo en Latinoamérica, pero me marché en 1994. Me fui a Bosnia, al Medio Oriente, y regresé a México en 2008. Así que tenía ya cierta visión cuando regresé. Me sorprendió que internet funcionara, que el tráfico –el tráfico siempre es tráfico– tenga cierto orden, que los taxis hayan mejorado. Vine aquí para cubrir la guerra, para eso me enviaron, así que ya contaba con la violencia. Me sorprendió lo relativamente segura que permanece la ciudad de México: en 1994 estaba sucia, era violenta, y al volver me agradó ver todo lo que la ciudad ha progresado, lo relativamente limpia que está... Sin embargo, y con esto contesto la segunda parte de la pregunta, uno tiene la impresión de que en México todo necesita mucho tiempo para avanzar. Cuando empecé a confrontar la realidad diariamente me di cuenta de que no todo ha avanzado como pareciera. Sigue la pobreza, por ejemplo. Sí, la clase media es enorme. Hay Walmart y Costco, que en 1994 no existían, y toda una pátina de prosperidad. Pero luego, cuando te vas un poco más a fondo e intentas pagar el teléfono o abrir una cuenta bancaria, por ejemplo, ves que todo sigue muy retrasado, anclado en las formas antiguas. Mi anécdota favorita, a propósito de bancos, es que en los bancos internacionales aún utilizan papel carbón para hacer copias. ¿En qué otro lugar del mundo se ve eso?

En política creo que sí ha habido progreso en cuanto a la construcción de la democracia, pero también ahí falta mucho por hacer. México debe tener elecciones limpias en todo el país. La participación de la gente está todavía muy retrasada. El sentido de que los ciudadanos puedan confiar en el gobierno, acudir a la policía, todavía está muy debilitado, y para mí es una especie de clave para ver el avance de los países.

 

Luis Prados: Yo no tenía prejuicios como tales, pero sí algunas ideas preconcebidas que se han confirmado: impunidad, corrupción, violencia. He confirmado también la idea de que México tiene una clase intelectual muy potente, con una vitalidad que no existe en España. Una cosa de la que yo no era consciente, y lo he visto, es que es un pueblo muy trabajador. La gente en este país trabaja muchísimo y muchísimas horas. Es verdaderamente admirable.

En cuanto a los defectos, me hace gracia lo que les digo siempre a los amigos: no sabía cuán parecidos somos los españoles y los mexicanos en los defectos. En las virtudes no lo sé, pero sí en los defectos. Voy a decir uno que me llama la atención: esa especie de fatalismo mexicano de decir: “este país no va a cambiar nunca, nosotros somos así”. Eso, tal como lo viví en la secuela del franquismo, es un problema de pura transparencia, de instituciones democráticas y de incentivos, nada más. Pensaba también que el Estado era mucho más fuerte. Estaba persuadido de la fortaleza del presidencialismo (la representación física del poder impresiona a alguien que viene de Europa), y pensaba que era un Estado que controlaba todo. Y me he dado cuenta de que no, que se parece más bien a un reino de taifas, como los que había en la España medieval, con gobernadores “virreyes”. Y luego, insistiendo en lo que decía Tracy, hay cierta contradicción entre el ser natural de la gente y una cosa postiza de la modernidad (por ejemplo, los bancos son catastróficos, una cosa que a mí me irrita muchísimo).

 

Tom Wainwright: En Europa, exceptuando a España y Portugal, somos muy ignorantes respecto de Latinoamérica. Cuando hablo con mis compatriotas acerca de México, a veces ni siquiera saben en qué continente está. Piensan que está en Sudamérica, y otros los corrigen y les dicen: “No seas bobo, está en Centroamérica.” Incluso en cosas como esa, la gente es muy, muy ignorante. La imagen de México está basada en westerns, que se desarrollan en el norte... Cuando los británicos ven imágenes de Chichén Itzá y los cenotes, piensan que eso es Costa Rica o Perú. La gente se sorprende cuando les digo que México tiene mayor poder adquisitivo que Brasil, o que México tiene una tasa de homicidios igual a la de Brasil (la de México va aumentando, la de Brasil va decayendo; como sea, no es mucho mayor). Es difícil hablar acerca de tu experiencia en un país tan diverso como México porque depende mucho de dónde estés. Mi vida en la ciudad de México es más verde y cómoda de lo que esperaba, tan buena como en cualquier otra ciudad moderna en el mundo. Pero no es lo mismo que vivir en la Sierra Madre, en Chiapas o en Iztapalapa. La corrupción es algo muy inusual con lo que uno debe tratar porque, aunque no estoy diciendo que no haya corrupción en Gran Bretaña, un policía jamás te va a pedir una mordida. Eso realmente no sucede. Esto me ha pasado tres veces en México, ayer mismo fue la ocasión más reciente.

 

Enrique Krauze: ¿Te detuvieron?

 

Tom Wainwright:Sí. Y con razón: di una vuelta prohibida. Pero el tipo me dijo lo típico: “Te va a costar un millón de pesos o podemos arreglarnos...” Eso me pasó tres veces en dos años. La vez anterior estaba haciendo el cambio de propietario del coche, que habría tardado mucho tiempo, y el señor en la delegación me dijo: “Si me das mil pesos te doy un trato rápido.” Dijimos que no, como en las otras ocasiones. Pero es raro no encontrarte cara a cara con la corrupción, que antes jamás había visto. Los trámites en general son un problema. Con todo, creo que México es un mejor país respecto de los demás en Latinoamérica en estas cosas. Si te fijas en el reporte del Banco Mundial, dice que es el mejor país en Latinoamérica para hacer negocios. Y cuando hablo con mi colega en São Paulo, creo que están peores los trámites allá.

 

Enrique Krauze: ¿Cuál es su concepto de la prensa mexicana y de los medios masivos? En Letras Libres, Gideon Lichfield, de The Economist, publicó un texto muy interesante sobre los defectos que había visto.

 

Luis Prados: En primer lugar, no hay un periódico de referencia, no hay uno que marque la agenda. Hay varios, pero tienen pocos lectores y viven de la publicidad institucional, lo cual es, para el ejercicio del periodismo libre, como tener una mano atada a la espalda. Después, es muy alarmante el asesinato de periodistas. Cuando viajo por México me gusta conocer los periódicos locales. Son unos auténticos héroes, y en Europa la gente no es consciente de que ellos están siendo los auténticos corresponsales de guerra. Llenamos páginas y páginas con los muertos en Siria que, evidentemente, es una cosa muy triste, pero no estamos escribiendo sobre la gente que está muriendo en Veracruz, en Acapulco, en Torreón o en Chihuahua. Son colegas que cobran cuatrocientos euros, que le están echando una valentía al oficio extremadamente admirable y estremecedora. Hay una libertad de prensa absolutamente respetada y reconocida por el Estado mexicano, pero hay handicaps para el ejercicio de los periodistas, como la publicidad institucional, el crimen organizado y la corrupción policial. Lo que ha crecido muchísimo y creo que tendrán una proyección enorme en las elecciones son las redes sociales. Creo que son diez millones de mexicanos en Twitter, que es un factor de cambio muy divertido y corrosivo pero que pueden ser un problema para consolidar una agenda común.

Con las televisiones hay un gravísimo problema: es un duopolio entre Televisa y TV Azteca. Creo que cubren el 95% de la audiencia o una cifra de este calibre. Evidentemente, la competencia brilla por su ausencia en la información televisiva, que es como se informa la gran mayoría de los mexicanos.

 

Tom Wainwright: Coincido con lo que apunta Luis acerca de la valentía de los periodistas mexicanos locales. Es algo que debemos subrayar. Quiero agregar otra cosa: al leer la prensa o al escuchar la radio, inmediatamente te salta a la vista la cantidad de publicidad oficial. Es increíble. En la radio parece que llega incluso a sumar la mitad de los anuncios: “Senado de la República, trabajando para ti”...

 

Tracy Wilkinson:“Sin fines políticos...”

 

Tom Wainwright:Es algo que no había visto en ningún otro lado. No creo que ningún editor se pueda sentir completamente cómodo si un cliente es responsable de la mitad de los anuncios.

Durante la campaña ha habido algunos reportajes de investigación buenos, pero se han dejado otras cosas sin investigar que me han sorprendido. Hace un par de semanas hubo un artículo en un periódico que mencionaba a Gideon Lichfield. Hablaba acerca de los famosos “compromisos” en el Estado de México. Y aunque es posible que se me haya escapado, me parece que nadie se ha puesto a revisar estos compromisos. Hay unos seiscientos, pero no es tan difícil comprobar si existe o no un puente. No estamos hablando de conceptos abstractos, sino de promesas verificables. El PAN dice que no los ha cumplido, el PRI dice que sí, y alguien tiene que revisarlos. Quizá deba hacerlo yo también...

 

Enrique Krauze: Lo has hecho en algunos casos.

 

Tom Wainwright: Sí, en algunos casos, pero hasta ahora nadie se ha ocupado por completo. Y la televisión es un problema mayor, porque es el medio por el cual la mayor parte de la gente recibe las noticias. Hace unos meses me ocurrió un ejemplo divertido, cuando escribí un artículo para The Economist acerca del mercado de los medios en México, enfocándome tanto en televisión como en telecomunicaciones. Era un artículo bastante largo y crítico de los dos sectores. En Televisa discutieron durante diez minutos la mitad del artículo diciendo que The Economist criticaba una serie de cuestiones. También critiqué a Azcárraga, pero sobre eso no dijeron nada.

 

Enrique Krauze: ¿En el número que tenía a Slim en la portada?

 

Tom Wainwright: Exacto. Y había bastante crítica contra Azcárraga y Slim.

 

Enrique Krauze: Bueno, eso lo dice todo.

 

Tracy Wilkinson: Haciéndome eco de Luis y Tom, el hecho de que gran parte de la prensa se apoye en publicidad oficial es automáticamente una camisa de fuerza. Es empezar desde menos cien. Eso responde la pregunta.

Dicho esto, creo que la prensa en México es muy viva, hay grandes columnistas, me encanta la radio, oigo distintos programas radiofónicos por las mañanas, donde hay un debate efervescente y mucha discusión, y eso está bien. Pero, como dijo Luis, no hay ningún periódico de referencia. Puedes sacar algo de aquí, algo de allá, quizá el Reforma saque algún exposé importante porque encontró algunos documentos, pero se presenta solo la mitad de la historia. Tienes que jalar distintos hilos para hacerte más o menos una imagen general del asunto. De la televisión, ni hablar: los monopolios evitan que haya un flujo libre de información y de pensamiento. Finalmente, quiero mencionar a los colegas en provincia y en los estados. Sí, algunos son corruptos, otros se han desentendido, otros han decidido no reportar lo que está ocurriendo por su propia seguridad y supervivencia. Pero coincido con Luis en que los buenos y honestos son auténticos héroes, que se enfrentan presiones que nosotros, como extranjeros, ni nos imaginamos. Están en un dilema de mayores proporciones, porque si yo voy a Durango o a Veracruz y pregunto de dónde vienen las peores amenazas, del gobierno o del narco, la primera respuesta es siempre “¿cuál es la diferencia?”, pues están coludidos y no saben necesariamente de dónde viene la amenaza. Estoy simplificando, pero el punto es que la presión puede venir de cualquier lado: un gobernador puede llamar a un editor o un columnista en Notiver y lo corren.

 

Ricardo Cayuela Gally: En Letras Libres publicamos el pasado julio una mesa moderada por León Krauze sobre los medios bajo la violencia donde nos dimos cuenta del nivel de valentía y riesgo en que están, ya no digo la radio y la prensa comunitaria, sino los medios en ciudades con más de un millón de habitantes, como sucede en Torreón, donde no puedes informar sin jugarte la vida. Y eso es extraordinariamente grave.

Volviendo a lo que dice Tom sobre la disputa entre el PAN y el PRI acerca de los compromisos cumplidos o no en el Estado de México, en realidad da igual que se haya hecho o no tal o cual puente, porque no se hicieron los acotamientos, no hay respeto al espacio público, no está arbolado, no funciona y no hay una reflexión sobre eso. En esta línea me gustaría preguntarles por las claves del atraso del país, es decir, por qué México no es el país democrático y desarrollado que debería ser.

 

Tom Wainwright: Hay distintas cosas que se pueden discutir en torno a México, como la reforma energética o la del trabajo o la de la seguridad, pero creo que lo más interesante para mí es que en muchas de estas reformas hay en verdad mucho consenso sobre lo que se necesita hacer. Parece que todos concuerdan con que México necesita una reforma laboral, por ejemplo, pero por qué no sucede. Eso me sugiere que lo necesario es tener una reforma política, pues es una especie de fundamento imprescindible para tener las demás.

En México, lo inusual es que no haya reelección. Creo que solo Costa Rica tiene una prohibición similar respecto de las reelecciones. Y creo que es un problema inmenso por dos razones. Por un lado, por la obvia falta de experiencia de cada grupo nuevo de gente que entra. Pero el problema es que los políticos no responden a los votantes, sino a los jefes de los partidos. Si eres diputado de cierto estado y tus votantes quieren que votes de cierta manera pero tu partido quiere que votes de otra manera, obviamente haces lo que tu partido ordene, pues tu próximo puesto no será decidido por los votantes sino por los jefes del partido. Para mí ese es el gran problema de México. Claro que hay otros, pero ese es el lugar por el que yo comenzaría, introduciendo reelección a todos los niveles, excepto quizá por el presidente, quizá con un límite de tiempo como en Estados Unidos. Pero tienes que tener reelección porque si no, no tienes democracia verdadera, solo tienes rotación.

 

Ricardo Cayuela Gally: Para un alcalde es peor, porque solo tienen tres años para gobernar grandes ciudades, salvo el Distrito Federal.

 

Tracy Wilkinson: Los monopolios también son un obstáculo para el desarrollo del país, pues concentran gran parte del poder económico y de la riqueza.

 

Enrique Krauze: ¿Los puedes mencionar, por favor?

 

Tracy Wilkinson: No quiero mencionar muchos nombres, pero el obvio es Carlos Slim. Si hablamos de la televisión y de industrias grandes, como las telecomunicaciones, la lista aumenta. Mientras existan y se sigan protegiendo, seguirán bloqueando todas las reformas políticas y económicas que puedan ser una afrenta a su poder. Y ese es un problema muy grave.

Después está la falta de rendición de cuentas, de responsabilidad, y esto conecta con el tema de la reelección. El mexicano promedio no siente que haya alguien a quien pueda dirigirse en términos de demanda, de exigencia en cumplir las promesas. Toda esta publicidad acerca de la participación de la gente, que es tan importante, está apenas empezando. Tenemos unos cuantos Sicilias y líderes, pero no es suficiente. Y muchos mexicanos sienten que por qué me voy a molestar, si nada va a cambiar, si nadie me va a escuchar ni van a arreglar el problema que tengo. No hay responsabilidad, nadie que deba rendir cuentas y decirme que esto se va a arreglar o a resolver. Por esto mismo, falta una realidad compartida en México. Todo lo que sucede tiene diez teorías para explicarlo. El helicóptero que mató a Blake Mora, por ejemplo: no hay un solo mexicano que crea la versión oficial. Porque no tienen fe en que el gobierno les dirá la verdad, así que el gobierno me puede decir cualquier cosa. Constantemente tienes a la gente pensando estas teorías y escuchando rumores, de suerte que no hay nada en lo que se pueda estar de acuerdo y que se acepte como la verdad y la realidad.

Finalmente, el clasismo. Sigue siendo un país muy clasista, el país más clasista donde he vivido (he vivido en unos diez países), y creo que eso es un lastre pesado para el desarrollo. Si estás en la base, trabajas veinte horas al día y no avanzas. Los de arriba no están realmente interesados en ayudar a los de abajo.

 

Luis Prados: ¿A qué se debe el atraso de México? Estoy persuadido de que es porque las élites no han cedido poder, históricamente, nunca. Viene de algo muy antiguo, porque no se han creado, desde el Virreinato, instituciones políticas y económicas que fomentaran la libertad individual, la creatividad, la empresa y la seguridad jurídica. Es un problema de cesión de poder y un asunto institucional. Eso nos lleva, cinco siglos más tarde, a la situación actual de un país, exagerando, sin Estado y sin mercado, un mercado en manos de los monopolios y un Estado débil. Pero la situación es realmente difícil. Hubo alternancia pero no hubo transición. Han pasado doce años y uno de los handicaps, para volver al debate de anoche y a la campaña electoral, es que es muy difícil enumerar las cinco grandes reformas hechas por el PAN en estos doce años de gobierno. Te quedas con la página en blanco. Hay un refrán español: “Al amigo el favor y al enemigo la justicia”; aquí es: “Al amigo el favor y no hay justicia tampoco para el enemigo.”

Otra cuestión también que ocurre en otros países americanos es la conciencia creada a lo largo de mucho tiempo de que es un país rico. Cosa que no tengo tan claro, que México sea un país tan rico como el mexicano medio se cree.

 

Ricardo Cayuela Gally: Eso es importante.

 

Luis Prados:En el caso de Venezuela, es un drama que los venezolanos se crean que son riquísimos. No, no lo son. Tienen petróleo y eso ha sido más una maldición que una bendición.

 

Enrique Krauze: Toquemos el tema de la violencia. ¿Cuál es su concepto acerca de la situación actual y de las posibilidades de que esto empeore o mejore?

 

Tracy Wilkinson: Creo que la política establecida por el gobierno de perseguir a los grandes cárteles, de cortarles la cabeza para hacer muchos grupúsculos más fáciles de contener y de combatir, nos ha dado el peor de los dos mundos. Sí, se han amansado los cárteles. Ahora hay muchos pequeños por todos lados, pero al mismo tiempo siguen los dos grandes, muy activos, peleándose mutuamente, controlando partes del país, no tan disminuidos, que digamos. Eso explica la violencia que continúa hoy al mismo nivel que el año pasado, aunque se vea mucho menos en los periódicos (porque la elección la está eclipsando).

No sé qué pueda cambiar completamente el siguiente gobierno. AMLO dice que hay que recuperar la verdad. De acuerdo, pero después qué. ¿Quién va a proteger las ciudades si la policía no está a la altura? Todos los candidatos hablan de nuevos programas sociales que vayan a la raíz, pero no hemos visto que se implemente nada, ni dicen nada acerca de las acciones contra los cárteles. Hay mucha especulación acerca de si el PRI hará tratos con los narcos... Creo que es todavía más difícil de hacer ahora, porque hay muchos grupos y no todos los estados pertenecen al PRI, lo que dificulta la posibilidad de hacer un trato, si es lo que se pretende. No veo un buen pronóstico a menos que, finalmente, uno de los dos grandes cárteles venza. La razón por la que puede haber paz en este conflicto es si un cártel gana o si hay un trato entre los narcos. Quizá suceda en algún momento, pero no lo sé. Veo un panorama muy débil.

 

Luis Prados:Estoy de acuerdo con lo que acaba de decir Tracy. El tráfico de drogas no necesitaría tanta violencia si solo hubiera un operador. La violencia bajaría exponencialmente. Creo que a pesar de las barbaridades que leemos –en estas últimas semanas, 53 muertos, o tres mil en lo que va del año–, está bajando o lo estaba respecto a 2011. El gobierno federal parece tener una estrategia más clara, ha dejado de dar tantos palos de ciego como en años anteriores. Se metió el gobierno del presidente Calderón en una guerra frontal contra el narcotráfico sin ir acompañada de una reforma profundísima del sistema legal; fue manco a esa batalla: no se detiene a nadie, no se juzga a nadie, incluso no se sabe instruir un caso de manera profesional. Si cada quien puede hacer lo que le da la gana, es muy frustrante. No se puede ser muy optimista, creo que el ejército y la marina van a seguir muchísimo tiempo protegiendo las ciudades. El ritmo de generación de policías fiables es algo que me dejó sorprendido: en un país de 110 millones de habitantes hay 36,000 policías federales. Tarda muchísimos años. Y el ejército, con todas las implicaciones políticas que pueda tener a largo plazo, va a seguir en las calles. Si le preguntas a cualquier ciudadano de Veracruz o de Acapulco si quiere que se vaya el ejército o los marinos, te dirán que no, que sigan. Dentro de unos años veremos qué consecuencias tiene eso.

 

Tom Wainwright: Quiero agregar un par de cosas distintas a esto. Desde una perspectiva política, creo que fue un gran error de Calderón haber hecho públicamente de la seguridad su prioridad número uno. La razón es que, en cualquier país, es asunto de la oposición atacar el programa número uno del presidente. En materia de seguridad, debe haber consenso. Quizá todo fue un error, pero incluso entonces pudo haber sido una mejor idea consolidarse como el “presidente del empleo” y, por atrás, hacer las reformas de seguridad. Si lo hubiera hecho así, quizá habría encontrado consenso en cuestiones como las del mando único. Es sorprendente que después de cinco años sigamos sin tener un mando único. Y parte del problema, creo, es que lo convirtió en su prioridad número uno, cosa que la oposición siempre ataca. En ese sentido, alguien me dijo que es como querer hacer una omelette, romper todos los huevos y luego ponerse a buscar la sartén. Empieza la guerra y luego piensa en las reformas: es al revés.

Lo que vimos en Ciudad Juárez el año pasado muestra que las cosas pueden mejorar. Una cosa interesante es que la mejora puede ser muy, muy veloz. Las cosas han estado mal, pero el año pasado mejoró todo de una manera muy rápida en Juárez. La situación ahí es muy mala todavía, pero ha mejorado con celeridad. Juárez también muestra que no son las acciones del gobierno las que hacen que mejoren las cosas, sino algo que sucede entre los cárteles.

El problema general de la guerra contra las drogas es que es un mercado de mercancías. No es un tipo normal de crimen. No puedes establecer una guerra en contra de productos. Ya hablamos mucho de eso en The Economist, así que no quiero profundizar ahora, y creo que en este caso es más verdad que nunca antes. Y el presidente guatemalteco Otto Pérez Molina es un personaje nuevo en la región que está cambiando las cosas un poco. Quizá veamos en un futuro un discurso en favor de reformas más radicales.

Una última cosa. No sé si vieron que en El Salvador hubo una disminución increíble en la tasa de asesinatos en los últimos meses. Fue porque las dos bandas principales aceptaron un alto al fuego. La tasa de homicidios cayó un 70%, y sucedió de la noche a la mañana.

 

Enrique Krauze: ¿Puedes explicarnos por qué Juárez, que parecía ser un infierno, ha mejorado?

 

Tom Wainwright: No lo sé a ciencia cierta, pero se dice que es porque el cártel de Sinaloa, que durante mucho tiempo le hizo la guerra al cártel de Ciudad Juárez, ha vencido, o quizá porque llegaron a algún tipo de “acuerdo de franquicias”, por así decir. Parece que llegaron a algún tipo de acuerdo, pero a ciencia cierta no lo sé.

En Animal Político salió un buen artículo de Alejandro Hope. Hablando acerca de cómo pueden mejorar las cosas rápidamente –así como las cosas empeoran rápidamente–, dijo que el problema es que cuando las cosas van mal empeoran rápidamente porque, al subir la tasa de homicidios, la policía no puede ocuparse de los casos y aumenta la impunidad. Lo opuesto es presumiblemente cierto también: cuando los homicidios bajan, la policía puede trabajar mejor porque tienen menos cosas que hacer, y así también mejora rápidamente la situación. Pero este año... no sé. Mejoró en Juárez pero ha empeorado en otros lados.

 

Luis Prados: Estuve la semana pasada en Ciudad Juárez, y esa es la percepción, que el número de muertos está bajando. Pero, como dice Tom, cuando hablas con la gente y la prensa local, te dicen que no ha bajado por un éxito policial sino porque el cártel de Sinaloa ha derrotado al cártel de Juárez.

 

Ricardo Cayuela Gally: También tienen al famoso súper policía que bajó las cifras del crimen en Tijuana, Julián Leyzaola...

 

Luis Prados: La gente con la que yo hablé sí atribuye la reducción en el número de secuestros a acciones policiales.

 

Tracy Wilkinson:Aunque esté fuera de lugar, los tres hablamos acerca de la necesidad de reformar a la policía. Ahora mismo, en Los Ángeles, estamos celebrando el vigésimo aniversario de aquellas protestas que duraron tres días y destruyeron parte de la ciudad, y en estos análisis vemos lo que ha cambiado. Ha habido un gran cambio: la policía se transformó completamente: de ser una organización paramilitar racista que odiaba a la gente sobre la que tenía poder, pasó a diversificarse, preocuparse por la comunidad y ser una fuerza muy admirada hoy.

 

Enrique Krauze: ¿Fue con William J. Bratton?

 

Tracy Wilkinson: Lo fue en su momento, ya no es el jefe. Pero tardó veinte años en Los Ángeles. Donde tienes voluntad política, ciudadanos uniéndose para hacer que las cosas sucedan, tienes una fuerza policiaca, que es otro problema de acá. Y, si en Los Ángeles tardó veinte años, ya te podrás imaginar en México... Es una tarea de enormes proporciones.

 

Luis Prados: Hay una pregunta muy desagradable que hice en Juárez: ¿cuántos gobernadores o alcaldes han sido asesinados por el narco? Si eres alcalde o gobernador y realmente eres honesto... En Juárez no han matado a ninguno, señal de que o han estado coludidos con el narco o no han luchado contra él con decisión.

 

Ricardo Cayuela Gally: Si gana Peña Nieto, una lectura política es que no le pasaría lo mismo que al gobierno de Calderón, muy debilitado por no tener la mayoría en la Cámara de Diputados y no controlar los estados, pues tiene dos tercios de los gobernadores, y, si las encuestas se confirman, el primero de julio tendrían una mayoría suficiente para gobernar en la Cámara de legisladores. ¿Ven en ello una ventaja o el riesgo de que se restaure el viejo sistema no democrático?

 

Tom Wainwright:Aquí la gente habla mucho acerca de la importancia de tener la mayoría en el Congreso estos últimos años. Y lo entiendo. Pero vale la pena observar que en Brasil, ningún presidente ha tenido la mayoría en el Congreso. Los mexicanos se preguntan por qué los brasileños mueven las reformas, por qué Brasil crece y México no... Eso sugiere que no tiene que ver con tener la mayoría en el Congreso, y además en México, a veces, el presidente ha tenido la mayoría. Tener la mayoría en el Congreso puede ser una especie de trampa, pues lo hace parecer más importante de lo que en realidad es. En cuanto a un regreso del PRI, creo que aún debo reflexionar más.

 

Enrique Krauze: Cuando dices que no se necesita la mayoría, ¿qué es entonces lo que se necesita: voluntad política, consenso, buen debate, liderazgo, accountability [rendición de cuentas], como decía Tracy?

 

Tom Wainwright: Sí, se necesita todo eso. Ya dije que la reelección es muy importante. Una cosa interesante es que, según un artículo de investigación que leí recientemente, en Brasil es relativamente improbable que una persona vote por el mismo partido en las elecciones de presidente y diputado. En México, lo que se llama “voto de fidelidad” es mucho más alto. Y eso es interesante, porque significa que los diputados de la oposición tienen un gran incentivo para fregarse al presidente: si pueden impedir que el presidente salga bien, ellos mismos van a tener más votos. En Brasil está desconectado el voto por el presidente del voto por los diputados. Votan por un partido para presidente y por otro partido para diputado. Así que si el diputado apoya el plan del presidente, incluso si el presidente es de otro partido, eso no significa malas noticias para él personalmente. No sé por qué en México la gente tiene más voto de fidelidad, pero explica por qué los congresistas aquí tienen un gran incentivo para ponerle buscapiés al presidente y por qué es tan difícil pasar reformas.

 

Luis Prados: Hasta donde sé, y lo dicen abiertamente los políticos priistas, una de las cosas que tienen claras si llegan al poder será restablecer el presidencialismo y disciplinar a los gobernadores. Eso no tiene por qué ser necesariamente malo.

Aunque es muy difícil hacer una prognosis, creo que hay dos posibilidades. Una posibilidad es la tentación del modelo Putin: gobierno autoritario, limitación del pluralismo, el que se mueve no sale en la foto y centralismo. La otra posibilidad es una relegitimación del sistema por los mismos que lo inventaron, por el propio PRI: un aggiornamento de un sistema perfectamente ineficaz, como el que ha estado funcionando estos doce años. Los grandes ingenieros de ese sistema, que lo conocen a fondo, lo arreglan, lo modernizan y lo ponen en funcionamiento de nuevo. Habría que esperar que esos arreglos conllevaran que el sistema político mexicano fuese más democrático, a ver si son capaces de hacerlo. Creo que estamos frente a esas dos posibilidades.

 

Tracy Wilkinson:Sí, estaba yo también a punto de mencionar el modelo de Putin como una posibilidad. Es la pregunta del millón de dólares: qué tipo de PRI va a ser elegido, en caso de que lo sea. No sabemos. Están diciendo muchas cosas correctas, están hablando de democracia, incluso Manlio Fabio Beltrones suena como Thomas Jefferson estos días... lo cual es notable. El otro día le preguntaron a Peña Nieto por qué había que confiar en el PRI, si este es un nuevo PRI y, claro, respondió: “Aprendimos de nuestros errores, entendemos que el gobierno debe mejorar...” Creo que muchos mexicanos están muy nerviosos, Washington está muy nervioso, y la verdad es que no sabemos qué tipo de PRI va a ser elegido. Los dinosaurios siguen ahí... Así que no sé, ni creo que la democracia haya crecido suficientemente en México como para que haya un contrapeso que pueda actuar en caso de que el PRI empiece a portarse mal. Es muy preocupante. En Estados Unidos tienes los checks and balances y los ciudadanos pueden reclamar si el gobierno va mal. Además, veinticuatro millones de votantes tienen menos de treinta años, así que no recuerdan nada acerca del PRI. Ese es otro factor. Tenemos que esperar a ver qué pasa.

 

Enrique Krauze: ¿Qué pasa con Estados Unidos y estas elecciones en México? ¿Cómo pueden definir el tipo de prioridad que es México para Estados Unidos en este momento?

 

Tom Wainwright: Es una pregunta para Tracy...

 

Tracy Wilkinson:Tengo una perspectiva distorsionada porque en Los Ángeles México es extremadamente importante y cubrimos todo lo que sucede acá. Pero si vas a la Costa Este, verás que el interés por México disminuye. Con Bush y con Obama, los lazos entre México y Estados Unidos han crecido enormemente, los dos gobiernos han trabajado juntos en muchas cosas, que vemos y no vemos. Los norteamericanos están muy metidos en la guerra contra el narco; en el entrenamiento de la policía, por ejemplo, Estados Unidos ha invertido demasiado. Me atrevería a decir que lo que podría cambiar la relación no es tanto quién va a ser votado el primero de julio en México, sino quién será elegido en noviembre en Estados Unidos. Creo que con Obama se verá el mismo estilo de políticas, como el Plan Mérida y mucho dinero, y si gana Peña Nieto aun más todavía. Será lo mismo pero aumentado. ¿Con Romney? No sé... Creo que México saldría de la agenda de prioridades.

 

Luis Prados: Cuando hablaban de esa doble vertiente que puede presentar el PRI, y ahora que hablabas del Plan Mérida, solo el PRI puede romper tabúes, como eso que se ha dicho en estos ocho meses de campaña electoral sobre la entrada de la iniciativa privada en Pemex. ¿No podría ser una presidencia de Peña Nieto la que rompiese el tabú de la ayuda gringa en la lucha contra el narco? Se podría dar esa sorpresa...

 

Enrique Krauze: Sí. Un amigo corresponsal de The Economist hace muchos años me dijo una vez: “El día que México sea un país aburrido, tendrán democracia.” ¿Ustedes se aburren en México? Esa es mi última pregunta. ¿Qué es ser corresponsal en México?

 

Tom Wainwright:Antes de venir trabajaba en Gran Bretaña, y tenemos como siete páginas dedicadas a Gran Bretaña y dos o tres a toda Latinoamérica. Lo que tiene que pasar antes de que la historia sea publicada es muy distinto allá. Acá todo es muy exagerado, lo cual lo vuelve interesante para cubrir.

Y para volver brevemente al debate, resulta tan difícil llegar a la verdad en México... Hubo un momento extraordinario en el debate cuando Josefina dijo: “Lo importante es que no estés conectado al crimen organizado”, mirando a la cámara y prácticamente apuntando a Peña Nieto. Estaba prácticamente acusándolo de ser un criminal, fue extraordinario. Hay tantas acusaciones como esta que jamás se prueban. Y esa es la gran frustración de trabajar aquí, pero también es lo que lo vuelve tan interesante.

 

Tracy Wilkinson:En Los Ángeles somos una ciudad mexicana, pero tenemos una audiencia global, así que jamás hay un momento aburrido. Todos los días se puede escribir algo. Mi periódico se ha concentrado los últimos cuatro años en la guerra contra el narcotráfico y la violencia, pero ahora se está diversificando: elecciones, política, descubrimientos arqueológicos... Todo genera interés. Y también las historias que muestran el cambio o no que se está dando en la sociedad son siempre de gran interés. Siempre he dicho que si Los Angeles Times cierra todo, México será el último bastión. Así que para mí es una delicia, un trabajo precioso que nunca termina.

 

Luis Prados:Para mí también es una aventura profesional tratar de explicar un país inacabable, que te va a sorprender siempre. Complejísimo. Emocionalmente es una montaña rusa: pasas del cero al infinito constantemente a lo largo del día. Es como el clima de la ciudad de México: empieza buenísimo, luego llueve y después hace frío. Eso es muy estimulante, muy divertido, muy interesante intelectual y políticamente. Y, como decía Tom, en mi caso es el “idioma común el que nos separa”. Es una manera de hablar tortuosa y no sabes muy bien cuál es la veta buena de las cinco o seis que tu interlocutor te ha expresado. Hace falta el trabajo de enfocar bien, que es quizá lo más difícil, y no decir más tonterías de las necesarias. ~