McCartney en México | Letras Libres
artículo no publicado

McCartney en México

Pocos compositores de música popular han creado un cancionero con tal amplitud de registros rítmicos y con tal calidad, además de su repercusión en las listas de éxitos, como Paul McCartney. Acaso su referente más inmediato sea Irving Berlin. Lo cierto es que “Macca” se ha convertido en uno de los más prolíficos compositores cuyas incursiones se han extendido incluso a la música culta.

Esta variedad permite que McCartney sea uno de los pocos músicos que puede abordar su obra desde perspectivas distintas sin renunciar a ofrecer al mismo tiempo un catálogo de éxitos. En el caso de la literatura a menudo nos enfrentamos con lecturas personales de una obra que privilegian ciertas zonas. El caso hoy paradigmático es la Antología personal de Jorge Luis Borges. Un músico pop en cambio suele verse limitado a la longevidad de su trayectoria y al éxito de sus creaciones. El mundo pop es efímero y pocos, regularmente los considerados leyendas, pueden sumar más de diez éxitos o canciones reconocibles –en el ámbito rock, lo popular no llega siempre a los charts. Por ello intentar lecturas, a la manera de una retrospectiva plástica, es difícil. A menos que seas McCartney y puedas darte el lujo de encausar el caos en una dirección.

Desde 2002, McCartney ha encausado una nueva lectura de su obra. Durante décadas, especialmente a raíz de la desintegración de The Beatles, ha sufrido la acusación de facilismo, de melodiosidad irreflexiva. En pocas palabras, de superficialidad. Si el gusto popular se solivianta en los maniqueísmos que permiten la simplificación, a la profundidad e innovación de John Lennon se opondría la ligereza y el conservadurismo de McCartney. Lo cierto es que dicho maniqueísmo se revela tan inconsútil como cualquier otro al someterlo a escrutinio. Lennon no fue el innovador musical o lírico que se quiere presentar –dos de las mejores letras del repertorio beatle son obra de McCartney: “Eleanor Rigby” y “Rocky Racoon”– ni tampoco el rocker del grupo: la única canción beatle aceptada sin resquemores en el catálogo del hard rock, “Helter Skelter”, la crea McCartney.

Imposible conocer las razones por las cuales McCartney, a sus sesenta, ha decidido encausar su obra a través de la vía del rock. Lo cierto es que desde la conformación de esta nueva agrupación, con Rusty Anderson y Abe Laboriel como músicos centrales, su repertorio de concierto se ha construido en torno a la vertiente rockera. La lista de canciones de la gira Up and Coming se construye con base en esta premisa. Aunque con justeza podría decirse que en la última década el repertorio de McCartney ha privilegiado su veta más eléctrica y enérgica, mientras que su más abundante vena lírica apenas si es representada. Podría decirse incluso que el hecho de que sean “Helter Skelter” y “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” las canciones elegidas para concluir el concierto en vez de la esperada y previsible “Yesterday”, indica claramente la dirección de sus intereses.

Los setlist de esta gira, con las variaciones de los conciertos ofrecidos en el Foro Sol de la Ciudad de México el jueves 27 y el viernes 28 de mayo muestran un predominio de composiciones de “Macca” durante la época de The Beatles, incluyendo “A Day in The Life”, cuya autoría, a diferencia de otras canciones emblemáticas como “Let it be” u “Ob la di, ob la dá”, no es por completo suya.

El concierto se encuentra diseñado en principio por una alternancia entre composiciones de “Macca” en su etapa postbeatle y el rescate del acervo beatle. Al presentarse con un meddley de Wings y al privilegiar prontamente la vena rítmica, la banda de McCartney se asume como un exponente del brit pop, con momentos recordando a Oasis, especialmente en “Let’ Em In”, un grupo que entiende el rock más como énfasis rítmico y como reiteración de acordes que como un vehículo para el virtuosismo y la improvisación. El concierto del viernes 28, al que asistí, fue emotivo. Digamos que su interpretación es impecable, con el deterioro natural de la voz. Pocos músicos como The Beatles tuvieron un entrenamiento tan riguroso en el arte de entretener y eso “Macca” lo tiene bien aprendido desde sus días cantineros de Hamburgo. Se pasea, saluda, agradece, saca una bandera, saluda “a los chilangous” –y pocos recuerdan que Jagger, en el 95, al mirar a los asistentes VIP, exclamó “qué lindas frrrressas”– y se sacude al ritmo del coro “Paul, Paul, Paul”.

En un país que vive el trauma de nunca haber visto a The Beatles en vivo, lo más cercano es Paul McCartney. Por ello los momentos más conmovedores en un concierto por demás memorable –y excelente, más allá de los credos y filias personales: puedes no ser fan de The Beatles y admirar la calidad y la vitalidad demostradas– son cuando alude a su amigo George o a su amigo Johnn y les dedica la interpretación de “Something” –la cual ya había interpretado en su gira anterior, Driving in Mexico– y “Here Today”, canción que dedicó a la memoria de Lennon en el disco de 1982, Tug of War.

En un concierto de momentos memorables –la petición de que se enciendan los encendedores para acompasar la canción “Shine the Light, Mexico”, compuesta en recuerdo de su anterior visita, las dedicatorias a sus compañeros beatles o la interpretación de canciones anteriormente inéditas en concierto, como “A Day in the Life”–, lo más sorprendente es la vitalidad de un hombre de sesenta y siete años, a quien se le ve el oficio como entreteneur pero al mismo tiempo el asombro de un adolescente que sabe que el rock es ante todo energía y comunión. Para quienes nos resistimos a integrarnos a la masa en una época que exige el aislamiento y al mismo tiempo la unificación, resulta insólito ver a una multitud conmoverse mientras entona “Hey Jude”.

Dos horas cuarenta minutos, treinta y cinco canciones, dos encores y McCartney, a resguardo de la lluvia, concluye su última tríada cantando esa memorable canción, poco reconocida, “The End”, que, como todo fan beatle sabe, es el auténtico legado y epitafio del grupo: “Y al final, el amor que uno recibe/ es igual al que uno da”. Cuando se piensa en este dístico se comprende que todo el amor que Macca recibe está en proporción con el amor que nos ha brindado.

– José Homero