Matisyahu no esperaba a la Inquisición | Letras Libres
artículo no publicado

Matisyahu no esperaba a la Inquisición

Cuesta creer que el veto a un cantante de reggae ayude a mejorar la vida de los palestinos o produzca avances hacia la solución de los dos Estados.

Rectificar está bien. Es una buena noticia que el festival Rototom Sunsplash haya invitado de nuevo al cantante judío estadounidense Matisyahu. La organización pretende arreglar un comportamiento que, con bastante buena voluntad, se podría calificar de extraordinariamente torpe. El festival ha reconocido “su equivocación, fruto del boicot y de la campaña de presiones, amenazas y coacciones promovidas por BDS País Valencià (Boicot, Desinversiones y Sanciones)". Tras invitar al cantante, y ante la campaña que denunciaba que fuera un “amante de Israel”, los organizadores pidieron al músico “una declaración firmada o un vídeo” donde expresara de manera “muy clara” que los palestinos tienen derecho a un Estado y que estaba a favor de la paz entre judíos y palestinos.

Si hubiera sido un artista israelí, se le habría exigido lo que no se exige a los artistas de ningún otro lugar: que fuera representante de su país y de sus políticas, y que además se distanciara de ellas adoptando la línea que el festival consideraba correcta. El doble rasero con Israel es tan frecuente que lo escandaloso de esa posibilidad casi pasa inadvertido. Pero, como Matisyahu no es israelí, en este caso era difícil desvincular el antisionismo del antisemitismo. Para poder cantar, se le exigían unas declaraciones políticas concretas porque es judío: la raza y la religión introducían un elemento de sospecha ideológica. El cantante se negó a emitir la declaración y la actuación fue cancelada.

La Constitución Española prohíbe la discriminación por “nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Numerosos medios, intelectuales, grupos judíos y representantes del gobierno español y de la Comunidad Valenciana rechazaron ese acto de discriminación, pero algunas fuerzas políticas han manifestado su comprensión. Así, el portavoz de Compromís per Castelló, Ignasi García, declaró que el festival “Es un espacio de reflexión, transformación, paz y solidaridad, en el que hay que ser tolerante, pero al mismo tiempo decidido con la defensa de los derechos humanos y de los pueblos y poner las líneas rojas que no podemos traspasar”. (Por si a alguien le distrae el lenguaje, García justificaba con esas palabras la exclusión del cantante.) La eurodiputada de Izquierda Unida Marina Albiol, contaba el diario El Mundo, negó que el veto fuera un acto de discriminación “porque en ningún momento se ha hecho porque sea judío”, sino porque “ha hecho declaraciones contra el pueblo palestino” y porque “promueve el sionismo, que es racista”. Un representante de Podemos dijo que veía coherente la actuación del festival. Habrá que ver si ellos también reconocen su error.

Varios artistas anunciaron que no actuarían si Matisyahu estaba en el cartel. Baroni One Time, un artista venezolano que participaba en el ciclo La República Bolivariana Presente en el Rototom Sunsplash, apoyaba el veto porque era una decisión tomada por “el pueblo soberano”. Después de la cancelación, el periodista Íñigo Sáenz de Ugarte publicó un post donde dice que el artista no es tan apolítico como dice. En una entrevista criticó la cobertura mediática del asalto israelí flotilla de Gaza de 2010 y en otra dijo:

Por lo que yo sé, nunca ha existido un país llamado Palestina. Existió la ocupación británica, pero nunca hubo un Gobierno (palestino). Palestina fue una creación que se originó dentro de Israel, cuando Israel ya había aparecido. Eso es lo que yo creo, pero una vez más no voy a decir que yo tenga las respuestas, o la verdad, o el conocimiento correcto. Soy un cantante.

De eso Sáenz de Ugarte deduce que Matisyahu “cree que los palestinos son posteriores a la creación de Israel”. Sin embargo, decir que no existía un país llamado Palestina no equivale a decir que no hubiera gente viviendo en ese territorio. Ha tocado en actos políticos, pero no estoy seguro de que eso te convierta en un artista político. En todo caso, no parece claro que la simpatía hacia Israel sea motivo para excluir a un artista de un festival que recibe dinero público y donde, por ejemplo, actúan cantantes que alientan la homofobia en sus canciones. La demonización de Israel y la presentación del “sionismo” como un término impreciso pero sin duda maléfico no parece encajar del todo con una defensa de la solución de los dos Estados.

Por ser coherentes, quizá habría que exigir a todos los artistas que tuvieran las opiniones políticas adecuadas. Además de que no sé si es un deber de los artistas tener opiniones correctas, quizá llevara un par de tardes ponernos de acuerdo sobre cuáles son. No sé si es exactamente eso lo que buscamos en un cantante, un cineasta o un escritor. Pero, como quizá yo querría vetar a unos por razones ideológicas y los demás querrían excluir a otros, lo mejor sería vetar lo menos posible.

Cuesta creer que el veto a un cantante de reggae ayude a mejorar la vida de los palestinos o produzca avances hacia la solución de los dos Estados. Los promotores de la campaña y quienes la han apoyado se han comportado como personas convencidas de su propia bondad, dedicadas a mejorar su conciencia a través del apoyo a una causa progresista. Su maximalismo muestra una incomprensión política y corta los cauces de comunicación con posibles interlocutores. La autoindulgencia quizá les oculte hacia dónde puede llevarles: a la persecución y la discriminación, al antisemitismo y la intolerancia.

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