Marvin Minsky y el cerebro de la máquina | Letras Libres
artículo no publicado

Marvin Minsky y el cerebro de la máquina

Nuestro cerebro es muy limitado, pero pronto habrá una máquina que analice nuestra inteligencia y nos proponga el producto adecuado. En el futuro usted irá a una tienda y le ampliarán la memoria como quien lleva su PC al técnico. ¿Qué le parece? ¿Es ciencia ficción? Aparentemente, está a la vuelta de la esquina. Y la persona que lo cree firmemente y hace estos vaticinios es Marvin Minsky, premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento de este año en la categoría de Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Marvin Minsky aparece en el directorio de Google como uno de los seis científicos más relevantes en el campo de la inteligencia artificial de todos los tiempos. El gran Issac Asimov lo describió una vez como una de las dos personas (la otra era Carl Sagan) que podría admitir que eran más inteligentes que él. Y eso era muchísimo para el gran escritor y científico.

Nacido en Nueva York en 1927, Minsky se licenció en Matemáticas en la Universidad de Harvard en 1946 y se doctoró en la Universidad de Princeton en 1954. Es cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT(Massachusetts Institute of Technology), donde es catedrático de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación. También es titular de la Cátedra Toshiba de Arte y Ciencias de la Comunicación y ha recibido numerosos premios y distinciones. Entre sus libros más notables están La sociedad de la mente, Perceptrons o La máquina con emociones.

Marvin Minsky encajaría perfectamente en el ilustre tópico del “hombre renacentista”. Sus intereses abarcan desde la inteligencia artificial, la robótica, la óptica, las matemáticas y la tecnología espacial a la psicología. En el campo de la inteligencia robótica es uno de los investigadores más punteros. Diseñador y constructor de los primeros brazos mecánicos con sensores táctiles, también ha desarrollado escáneres visuales o simuladores de redes neuronales.

Es algo más que un ingeniero excepcional. Se le considera un filósofo y un artista (es un solvente músico), además de científico. Se define como una especie de “psicólogo teórico” que trata a las máquinas casi como si fueran seres humanos y trabaja para conseguir que discurran por sí mismas. Piensa que las máquinas podrán realizar cualquier cosa que hagan las personas, porque estas no son, en su opinión, otra cosa que máquinas. El razonamiento es el siguiente. Si logramos comprender el engranaje de un sistema nervioso, podremos construir ingenios de inteligencia artificial que simulen sus patrones emocionales y de razonamiento. El cerebro solo es un trozo de materia con propiedades de la materia y, por tanto, todo proceso mental se puede dividir en sus pasos elementales. Así sería posible, por ejemplo, recrear la mente humana con componentes derivados del silicio. Y a quien le acusa de ser un “reduccionista”, cosa que sucede a menudo, le replica que lo adecuado es, precisamente, serlo.

Inveterado polemista, es crítico al evaluar el estado actual de la inteligencia artificial: cree que, si no se ha logrado un ordenador que piense como un humano, es por la falta de recursos económicos e intereses personales dedicados a la inteligencia artificial. No considera imposible que el artilugio pudiera ser autoconsciente. Esta cuestión le enfrenta seriamente con otros científicos e intelectuales como el matemático Roger Penrose, a quien acusa de no tener “ni idea” de lo que es la consciencia.

A Marvin Minsky le gustaría ser inmortal. Con humor asegura que tiene “mucho trabajo que hacer” y que está “demasiado ocupado para morir”. En su opinión, “solo los que no tienen nada que hacer en la vida quieren morir”. Así que no es extraño que Ray Kurzweil, eminente futurista y especialista en Inteligencia Artificial, se haya referido a él como “su mentor”. Esta inquietud por las posibilidades humanas le llevó a interesarse por la ciencia ficción, en la que asegura que están los mejores pensadores sobre el futuro. Fue asesor de 2001: una odisea del espacio, la película que Stanley Kubrick realizó en 1968, y del libro de Arthur C. Clark que se editó posteriormente con el mismo título.

Considerar el cerebro una máquina cuyo funcionamiento podría ser estudiado y replicado en el ordenador abre el camino a conocer las funciones mentales superiores. Minsky ha trabajado sobre el aprendizaje de las máquinas, en sistemas que integran la robótica, el lenguaje, la percepción y la planificación, además de la representación del conocimiento basada en marcos (frames). Impulsa la idea de dotar a las máquinas de sentido común, es decir, del conocimiento que el ser humano adquiere mediante la experiencia. ~