Mario Pacheco, en el corazón del sueño | Letras Libres
artículo no publicado

Mario Pacheco, en el corazón del sueño

A finales de noviembre de 2010, a los sesenta años –definitivamente demasiado pronto–, fallecía en Madrid Mario Pacheco, fotógrafo, productor y director del sello discográfico Nuevos Medios pero, sobre todo, apasionado impulsor del “nuevo flamenco” desde los años ochenta y gran divulgador de las músicas del mundo, cuyo catálogo incluía no pocos discos mexicanos, como el último de Chavela Vargas (¡Por mi culpa!), la excelente recopilación de Guty Cárdenas o las modernas y vibrantes tendencias electrolatinas de Acid Cabaret o del Instituto Mexicano del Sonido.

Delgado, fibroso, no muy alto, de una suavidad inolvidable en el trato y en la voz, con una mirada azul intensa y una curiosidad musical sin límites, lo encontrabas diariamente en el despacho de la discográfica hasta poco antes del fatal desenlace, con el mismo entusiasmo del primer día y hablando siempre de los proyectos por venir. Era, rotundamente, un hombre de futuro y daba la sensación, durante la última temporada, de que el cáncer que padecía desde hacía años lo había dejado por imposible y había migrado hacia cuerpos y espíritus más dóciles. Volvamos sobre sus pasos perdidos.

Con poco más de veinte años escapó del asfixiante clima de la España franquista en los setenta y aterrizó en Londres, con su Rolleiflex al hombro, justo a tiempo para fotografiar a Jimi Hendrix en el concierto de la Isla de Wight, mientras intentaba sobrevivir limpiando oficinas y abrirse camino como reportero gráfico. De vuelta a una España que comenzaba a oxigenarse, fichó por Edigsa, la discográfica barcelonesa que promovía la “nova cançó” catalana de Joan Manuel Serrat, Lluís Llach, María del Mar Bonet, Raimon y tantos más. Con ellos hizo su primera y disparatada producción, el disco de Pau Riba Jo, la donya i el gripau, en el que, además, tocaba bongos y maracas. Luego seguiría la imprescindible banda sonora del documental Canciones para después de una guerra  (1976) de Basilio Martín Patiño. Por aquel entonces también organizó el Departamento internacional de Edigsa, licenciando sellos tan improbables como Sono Cairo, de forma que los discos de la inmensa cantante egipcia Oum Kalsoum aparecieron editados en España, para nuestra estupefacción y deleite, con notas en las contraportadas de Juan Goytisolo y Eduardo Haro Ibars. En paralelo continuó con la fotografía, bien para publicaciones como El Viejo Topo, bien para las cubiertas del segundo disco de los jovencísimos Lole y Manuel y para el monumental Homenaje a Antonio Chacón  (1977) de Enrique Morente y Pepe Habichuela.

El azar o los dioses han sido justos, retrospectivamente, con su pasión flamenca pues la cubierta del disco seminal del nuevo flamenco, La leyenda del tiempo  (1979) de Camarón de la Isla, es una fotografía suya, que muestra al cantaor de perfil a contraluz, con el cigarro en la boca bajo una neblina grisácea, planteamiento que rompía estéticamente, de forma frontal y definitiva, con el diseño rancio y ortodoxo de las portadas de discos de flamenco. Aunque en los créditos del disco, cosas de la época, no apareciera como autor.

Creó Nuevos Medios en 1982, junto a su pareja y compañera Cucha Salazar, ya desaparecida, y el hermano de esta, Paco Salazar. Lo demás es historia de la música popular española, cuyo comienzo, con el llamativo y misterioso logo diseñado por el pintor catalán Joan Miró, solo hacía presagiar buenos augurios. Su primer disco, el invendible Coplas retrógradas  del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, ya apuntaba lo que serían la señas de identidad del sello, decididamente ecléctico, abierto o directamente caótico, pues los únicos requisitos para editar o distribuir un disco eran siempre lacalidad y la originalidad de la propuesta.

En el segmento del nuevo flamenco impulsó las carreras de muchos jóvenes (que más tarde ficharían por las multinacionales) con discos esenciales como Blues de la frontera  (1987) de Pata Negra o el momento exactoen el que el flamenco se electrocutó con el rock; Songhai I  (1988) y Songhai II  (1991) de Ketama –con Toumani Diabaté a la kora– o el primer mestizaje del flamenco con África, que llegó mucho antes de Ry Cooder y sus numerosos crossover; El que no correvuela  (1991) de Ray Heredia o el cruce del flamenco por el pop; Veloz hacia su sino  (1993) de Jorge Pardo o el denso trenzado de jazz y flamenco; Negra, si tú supieras  (1992) de Enrique Morente o el encuentro flamenco con Nicolás Guillén y el son cubano; Yerbagüena  (2001) del guitarrista Pepe Habichuela con la Bollywood String Band o el retorno del flamenco hacia Oriente... y muchos, muchos más: Juego de niños  (1986) del guitarrista Rafael Riqueni; Túmbanos si puedes de La Barbería del Sur (1995), y otros tantos discos soberbios de Diego Carrasco, La Macanita, Kiko Veneno o Martirio. “La Motown del flamenco”, como él mismo la autodefinía, continuó fabricando arte jondo hasta el último suspiro: José el Francés, Son de la Frontera, Miguel Poveda (Viento del este), Mayte Martín (Al cantar a Manuel) y, en su último año, 2010, el cuarteto femenino Las Migas y su espléndido disco de debut, Reinas del Matute.

Pero es que también editó en los ochenta discos de grupos de la movida madrileña,como La Mode, Golpes Bajos o Kiki d’Akí, así como de jazz, comenzando por el legendario Tete en el San Juan  del pianista Tete Montoliu o los que impulsaron las carreras de Chano Domínguez, Carles Benavent, Rubem Dantas, Tino Di Geraldo y esa corriente que ha entreverado de manera definitiva y fructífera el flamenco con el jazz. Finalmente su catálogo de músicas del mundo intentaba abarcar todo el espacio sónico que existe desde Chabuca Granda y Bola de Nieve hasta Ali Farka Touré. Además de la producción discográfica, su compañía luchó, desde el primer momento, por la distribución de los más destacados sellos extranjeros, lo que contribuyó a que fluyera a España de forma continua un caudal torrencial de música de calidad que elevó el nivel cultural sonoro de la población: lo mejor del mejor jazz (ECM, Dreyfuss, Pablo, Fantasy) y la música latina (Discos Fuentes yFania), el rock de The Smiths, Joy Division y New Order (Rough Trade y otras), el soul de la discográfica Stax, etc. Tenía tal intuición musical que Nuevos Medios fue, también, la primera discográfica del país que editó un disco de hip hop, el prehistórico recopilatorio titulado Lo llaman breakdance. Con su fallecimiento ha desaparecido una figura absolutamente clave en el devenir de la música en España, y que asumía su trabajo –como fotógrafo que era– de forma silenciosa y anónima: él se quedaba siempre al margen, fuera del enorme campo de visión musical que nos mostró.

Como se lamentaba Diego Manrique, en una de sus colaboraciones para El País, justo en el momento en que han declarado el flamenco patrimonio de la humanidad, sorprende que ni las autoridades ni las instituciones se hayan hecho eco de la desaparición de Mario Pacheco, y que no les preocupe, ni remotamente, el porvenir de la debilitadísima producción discográfica española, en una coyuntura en la que las compañías independientes están hundidas hasta los cabellos luchando con los nuevos artistas emergentes contra el universo de las descargas de internet, mientras que las multinacionales esperan, flotando como veleros sobre el inmenso acervo de los derechos editoriales que detentan, a que acabe toda esta antigualla del disco objeto, para venderte uno virtual (sin coste alguno para ellos: todo margen y ningún riesgo) por el mismo precio. Y a ser posible sin producción ni derroches de imaginación: las novedades de la temporada ofrecen otro homenaje más a The Beatles con motivo de no sé qué aniversario, la edición remasterizada de unas cintas halladas enlos Estudios Electric Ladyland, en las que se escucha con toda nitidez como tose Jimi Hendrix durante los ensayos, o las tomas de ultratumba de Michael Jackson y Amy Winehouse.

Desgraciadamente Mario ya no va a poder seguir abriendo semillas desde el corazón del sueño, como cantaba Camarón en “La leyenda del tiempo”. La vida sigue girando y el siguiente corte del LP, “Romance del amargo”, parece premonitorio del futuro que le aguarda a la creación musical del siglo XXI, con las multinacionales centradas en disputarse los derechos y canales de comercialización de canciones vaporosas que los oyentes bajarán directamente desde la nube de internet a los politonos de sus teléfonos móviles. ~