Madero bajo el chicle | Letras Libres
artículo no publicado

Madero bajo el chicle

Al iniciar 2009, Marcelo Ebrard lanzó un “Programa de Cultura Ciudadana para la Capital” que tenía como objetivo identificar las diez conductas ciudadanas que más afectan la convivencia social, para lo que pidió la colaboración de la ciudadanía.

Acaté la orden y publiqué mi lista aquí en el blog. En resumen, las malas conductas que propuse fueron 1) Lanzar pares de zapatos a los cables urbanos, 2) Los señores que se levantan la camiseta y se soban la panza mientras bostezan, 3) Pintar vacas, cerdos y pollitos en las puertas de las carnicerías, 4) Tirar al suelo la basura sin separar la orgánica de la inorgánica, 5) Poner botellas en las varillas de construcción que se salen de los techos, 6) Obedecer la luz roja de los semáforos, 7) Afear los canales de aguas negras arrojando a ellos cadáveres de perros, gatos y hamsters, 8) Quemar llantas en la vía pública en vez de hacerlo en la seguridad del hogar, 9) Permitir a los peatones cruzar las calles sin zapatos antiderrapantes lo que pone en peligro a los microbuses y, 10) Golpear damas sin ponerse guantes de box.

Bueno, pues la semana pasada por fin se hizo pública la lista de las 10 malas conductas oficiales: tirar basura, echar el chicle al suelo, grafitear el mobiliario urbano, no recoger de la vía pública “las heces caninas de las mascotas” (sic), no usar cinturón de seguridad, conducir borracho/a, no respetar al peatón, desperdiciar agua, maltratar sexualmente a las damas en el transporte y en la vía pública (al parecer hacerlo en privado seguirá tolerándose) y desdeñar los espacios para personas con discapacidad.

Bueno, pues más o menos le atiné a dos de ellas (tirar basura y golpear damas). Una efectividad del 20%; nada mal si se considera que no sé nada de urbanismo y hacer mi lista me tomó cinco minutos, mientras que al GDF, al Consejo Ciudadano de Seguridad Pública (CCSP) y a la compañía asesora Corpovisionarios de Colombia les tomó casi dos años. Más aún si se considera que no cobré nada, mientras que los Corpovisionarios cobraron 20 mil dólares por cada mala conducta detectada (el corpovisionario jefe es un señor Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá).

Luego luego el GDF puso manos a la obra. Ebrard se desencorbató, barrió dos minutos la calle de Regina y juntó 150 gramos de las 124 toneladas de basura que el pueblo echa a la calle cada día. Al día siguiente el CCSP echó a andar el programa “El chicle al bote”, que consiste en “poner en marcha accones de interacción y reconocimiento a la gente que tire la goma de mascar en su lugar en la calle de Madero” (así dice su página web). Según el CCSP, esa calle presentó un promedio de 22 chicles por metro cuadrado. Algunos chicles fueron levantados frente al notario público número 5 y trasladados al Laboratorio de Análisis de Riesgos de la Secretaría de Salud (todo esto es en serio) donde se encontró que cada chicle pegado al suelo contiene un promedio de 50 mil bacterias, virus y hongos. Si se considera que una cuadra de la peatonal calle Madero tiene (digamos) 500 metros cuadrados y, por tanto, 11 mil chicles, hay 550 millones de bacterias, virus y hongos por cuadra. Y además despegar cada chicle del suelo le cuesta al gobierno 75 centavos (sin contar el pago al personal especializado quitachicles), por lo que desenchiclar esa cuadra costó 8 mil 250 pesos.

El GDF inventó a unos “reguladores ciudadanos” que incitan a la gente por medio de “actividad lúdica” a depositar el cadáver de su chicle en un bote. A quien así lo hace se le entrega un botón que dice “Yo sí tiro el chicle al bote”. El objetivo de la acción “es que no se llene de nuevo Madero de chicle”. (Pobre Madero, primero lleno de balas y ahora lleno de chicle.)

Qué ciudad rara la nuestra.

(Publicado previamente en El Universal)