Luis Royo, ilustrador | Letras Libres
artículo no publicado

Luis Royo, ilustrador

Foto: Milagros Checarelli

“Más allá del éxito, la pura realidad es la vuelta a tu tablero, tus dudas y tu soledad”.

Luis Royo es ilustrador, cultor destacadísimo de esa disciplina a caballo entre el dibujo y la pintura. Su último libro es Dead Moon, del cual, además, es autor de la historia. Pero antes de ese libro hay muchos años de trabajo duro y dedicación completa a una búsqueda de la belleza ideal, una búsqueda que lo obsesiona. Autor de libros de series de ilustraciones de culto como la historia Malefic o los trabajos eróticos de Prohibited, Royo comenzó su carrera explotando todas las posibilidades de trabajo que podía lograr en el más prolífico de los mercados de la ilustración, el norteamericano. Pero la llegada de Internet ha posibilitado que la belleza de sus creaciones se haya difundido como nunca antes.

¿A nivel personal, cómo estás viviendo este éxito?

Fuera de las ferias y de todo esto, que son como flashes que van muy bien porque ves el público que compra lo tuyo y todo eso, y siempre tu ego se alimenta, a nivel personal la pura realidad es la vuelta a tu tablero, a tu caballete, a trabajar, y allí sigues en tu soledad, en tus dudas, igual que el primer día que empezaste en la profesión. Creo que no sería bueno que cambiara eso, porque el día en que eso se convierta en algo más monótono o más fácil, me parece que va a tener menos sentido el esclavizarte. Porque en el fondo yo creo que todas estas vocaciones son un poco enfermizas. Al menos en mi caso, soy un poco obsesivo y un poco enfermizo por esa necesidad de encontrar lo que nunca encuentras realmente. Nunca te quedas satisfecho con el producto cuando está acabado, siempre querrías haber llegado un poco más lejos y eso te da ese resto para hacer el siguiente. En ese juego está un poco la vida, y yo creo que está bien que sea así. Es la sal de la vida de un ilustrador.

¿Nunca te ha tentado dedicarte al cómic?

No, yo vivo utilizando el óleo, utilizando técnicas mixtas, y no me siento tan cercano al mundo del cómic. Aunque Dead Moon sí es un poco una fusión, porque cuenta una historia cerrada. Podría ser casi una fusión entre el mundo del cómic y el mundo de la ilustración.

¿Te consideras un privilegiado por la carrera que llevas?

La verdad es que no me puedo quejar, he sido de los afortunados. Se me conoció más a partir de mi segundo libro de ilustraciones, Malefic, en muchos países. Y cuando me apeteció probar hacer una colección de libros un poco erótica también me fue bien. Con Prohibited busqué la provocación, ya que vengo del mercado norteamericano y me gusta darles ese puntillo, y también fue un éxito esa colección. Y con Dead Moon estoy contento porque es una experiencia diferente que también ha tenido una buena acogida.

¿Por qué tanta presencia del erotismo en el mundo del cómic y la ilustración?

En mis ilustraciones busco provocar un poco. La gente habla de erotismo, de pornografía, y no está muy claro dónde está la frontera. Así que en mi serie Prohibited quise utilizar elementos de la pornografía de forma plástica, o plasmarlos de una manera que plásticamente se convirtiera en erotismo. No hay que tener miedo de que lo que representas tenga la osadía de una imagen casi pornográfica.

¿Porque esta fascinación por lo oriental en Dead Moon?

Más que nada porque yo quería hacer una historia que mezclara un poco diferentes razas. La historia de Dead Moon partió de una casualidad. Estaba viendo un documental donde contaban que en Asia central se descubrieron unas momias hace poco, y analizando su ADN, se ve que es una fusión de razas. En esos tiempos de la prehistoria había por lo visto un punto, casi en el centro del mundo, donde se mezclaban diferentes culturas, supongo que por comercio. Entonces me hizo gracia hacer una historia que fuera con un toque oriental, visto desde Occidente. Por ejemplo, el protagonista tiene unas mandíbulas más bien de guerrero nórdico, pero a la vez con una mirada oriental. Entonces se trataba de esa fusión, no era que quisiera hacer una historia totalmente oriental.

¿Mezclas razas y estilos porque crees que las bellezas más perfectas son las mestizas?

Era un poco ese juego. Cuando hago libros de ilustración que cuentan una historia cerrada, busco mucho lo que es la belleza ideal, esa belleza imposible. Unos rasgos que de alguna manera son un poco una trampa: estás viendo un realismo muy cuidado, muy preciosista, pero si miras las proporciones, a lo mejor los ojos están un poco más separados de lo normal, la medida de la cintura al hombro quizás es más corta de lo que realmente tiene el cuerpo humano, las piernas en proporción son más largas. Esa imagen se ve realista, pero es un trampantojo: una trampa que le haces al ojo para buscar una belleza casi imposible. Aquí quería encontrar una anatomía de fusión de razas que fuera también un poco ideal, no atenerme a ser muy concreto con una raza. Yo siempre me he movido en el mundo de fantasía, siempre me muevo en mundos ideales o trágicos; prefiero soñar antes que apegarme a la realidad. La ilustración de temas cotidianos no me interesa, no me ha preocupado nunca.

¿Crees que las nuevas tecnologías han ayudado para que la juventud se acerque al mundo de la ilustración?

El mundo de la ilustración se ha revolucionado mucho a raíz de Internet. Todo ese mundo existía, pero se ha hecho mucho más popular a raíz de Internet, porque las imágenes de la ilustración han viajado mucho más fácilmente. La clave por la que posiblemente la ilustración se ha difundido tanto en Internet es que es una imagen que siempre está compitiendo. Normalmente va a parar a portadas de revistas, de libros, de un CD, entonces están en competición: en una librería, en una tienda de discos. El ilustrador quiere que su imagen llame la atención, porque va a estar luchando con muchas imágenes a su alrededor, mientras que la pintura va a estar en una galería, cerrada, con distancias entre cuadro y cuadro, espacios en blanco donde puedas descansar y saborear esa obra. Para el cómic, también tienes que estar en un lugar más íntimo, lo abres y lo saboreas también a tu aire. En cambio, a la ilustración la puedes estar viendo mientras estás ojeando en una librería. Tiene que tener un flash que llame al espectador muy rápido. Y eso es algo que el ilustrador tiene, aunque sea instintivamente. La ilustración pide acaparar la atención rápidamente y por eso yo creo que se ha adaptado tanto al soporte del póster, o al soporte de Internet, porque es una imagen que te está dando datos muy rápidamente. Internet es un medio muy rápido, y eso ha enganchado mucho. Aquello de que la ilustración era una imagen al servicio de un texto ha perdido sentido desde hace ya bastantes años. Se ha convertido en una cosa que por sí sola tiene puerta y ha interesado a la juventud, creo que porque tiene esa impronta de mensaje contundente y rápido.

¿Lo tienen un poco más difícil los ilustradores que los dibujantes y que los pintores en ese sentido, por no encajar en un nicho?

No creo, es un submundo que come un poco de diferentes mundos, tiene todo un mercado que crece muy rápidamente. Está un poco a camino: ni es cómic, ni es pintura, y tiene un poco de ambos sin ser ninguna. Está metida en el mundo del cine, la necesitan para las primeras ideas, incluso para fondos; se recurre a ilustraciones para todas las películas de fantasía. Entonces está creciendo mucho, abriéndose campos. Es un buen momento para la ilustración, de hecho también hay muchos jóvenes intentando dedicarse a esto. Cuando yo empecé, había mucha más gente que intentaba dedicarse al mundo del cómic o de la pintura. Sin embargo, hoy te encuentras muchos jóvenes que quieren ser ilustradores.

– Feliciano Tisera