Lucía idealista | Letras Libres
artículo no publicado

Lucía idealista

La señorita Lucía Morett narró a la prensa y a los investigadores ecuatorianos hallarse en el campamento de las FARC porque analizaba científicamente la forma en que la cultura popular se expresa en un campamento guerrillero dedicado a la liberación de los pueblos de América (y en sus ratos libres al secuestro, al asesinato, al narco, a la esclavitud, al ajusticiamiento de homosexuales y otros pasatiempos culturales).

Más tarde compuso un poco el asunto y dijo que su visita había tenido el conmovedor objetivo de conocer “las propuestas de paz” de las FARC. Esto lo dijo en una carta al Frente Amplio Progresista del señor López Obrador, y al pueblo de México, que leyó en el zócalo la señora senadora Rosario Ibarra. Sí, la canonización de la señorita Morett ha sido veloz.

Algunos editorialistas la proclamaron «un ejemplo» de universitaria; se le llamó «importante intelectual»; hubo marchas por doquier, discursos en la UNAM, misa con el obispo Samuel Ruiz y cartas del tono siguiente : "Lucía es una joven comprometida con sus ideales y tiene un gran sentido de responsabilidad social"..."Tal parece que hoy en día es un delito pensar diferente y tener una formación profesional que no esté al servicio del gobierno o de grupos en el poder" ..."Indigna la manera sesgada y calumniosa como en ciertos medios de comunicación han tratado el caso de Lucía"..."Me parece una injusticia y un exceso el calificativo que algunos medios le han dado de ¡guerrillera! (sic) e incluso la quieren vincular con el narco y con Hugo Chávez".*

Todas estas cartas y misas y marchas y palabras radicaban en el entendido de que la señorita Morett decía la verdad y no tenía absolutamente nada que ver con las FARC, más allá de su ingente curiosidad académica y su voraz curiosidad intelectual.

Y entonces, la semana pasada apareció otro video filmado en Ecuador en el que la señorita Morett cambia nuevamente ya no su parlamento, sino su papel : en él declara con encomiable sinceridad que «estábamos ahí para conocer nuestros ideales y el por qué luchar». En tanto que las FARC tienen como profesión liberar pueblos (y, de pasada, al secuestro, el asesinato, el narco, la esclavitud, el ajusticiamiento de homosexuales y otros pasatiempos culturales) habrá que respetar la inteligencia de la señorita Morett y suponer que ya compartía esos «ideales» y tenía la voluntad de «luchar» por ellos desde antes de salir de México.

¡La trémula Lucía! Ha dejado a sus defensores y apologistas –autoridades civiles, religiosas, académicas y políticas, así como a no pocos periodistas asombrosamente crédulos— en situación comprometedora. No importa. La nueva versión no ha tenido, ni tendrá, más respuesta que el ruidoso silencio.

No así en Ecuador, país que durante el conflicto fue puesto como ejemplo de dignidad latinoamericana que protege y cuida a señoritas idealistas, a diferencia de los países indignos : Colombia (que las mata) y México (que no las defiende). Durante las semanas que duró la convalecencia de Morett en un hospital militar ecuatoriano, la América bolivariana celebró el humanitarismo de ese país y la señorita Morett, toda pucheros, celebró lo bueno que era el Ecuador con ella.

Sin embargo, también la semana pasada, la fiscalía ecuatoriana dictó una orden de aprehensión contra Morett, acusándola de «participación y promoción en organizaciones de guerrilla».** Esa orden de aprehensión implica una solicitud de extradición al gobierno de Nicaragua, donde oportunamente fue enviada a pedir asilo y donde, no menos oportunamente, se le concedió, con todo y abrazo ante la prensa del señor Ortega. La orden de aprehensión no habrá de prosperar. Curiosamente –pues el gobierno que la acusa es el ecuatoriano–, el señor Ortega acaba de declarar que «si algo le pasara» a Morett, responsabilizará al gobierno… de Colombia. (Lo que es no sólo curioso, sino absurdo: a Colombia le conviene que Lucía se siga sincerando, no así a Venezuela...)

En México, en cambio, nadie, ni las personas ni las instituciones ni las organizaciones ni los periodistas que consideraron a Morett como una pobre víctima inocente y la ascendieron a los altares han dicho nada. Ni dirán. Y menos aún los ideólogos que desde hace cuarenta años se especializan en reclutar jovencitas idealistas para enviarlas al matadero…

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*Cartas citadas por el Sr. Julio Hernández López aquí.

** Ver: http://www.milenio.com/index.php/2008/05/14/238654/